Relatos Salvajes
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Inténtalo en Francés

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Inténtalo en Francés

El sol de Puerto Vallarta te pega en la cara como un beso ardiente mientras caminas por la playa, el arena caliente chingándote las plantas de los pies. Órale, qué chido está el mar hoy, olas rompiendo con ese crash que te eriza la piel. Llevas un bikini rojo que te hace sentir como diosa, y el viento salado te revuelve el pelo. Entras a la palapa del bar, pides un michelada bien fría, el limón picándote la lengua y la sal crujiendo entre los dientes.

Ahí lo ves, sentado en la barra, un francés guapo con ojos verdes como el jade de Taxco. Pelo revuelto, camisa blanca abierta mostrando un pecho bronceado, y una sonrisa que te calienta el estómago. Pierre, se llama. Te invita una chela, y platican en un spanglish chistoso. Él, con ese acento sexy que hace que cada palabra suene como caricia.

¿Qué wey tan rico?, piensas. Me lo quiero comer entero.

La plática fluye como el tequila: él cuenta de París, tú de las fiestas en Guadalajara. De repente, te dice: "Déjame enseñarte algo en francés". Se acerca, su aliento huele a menta y mar, y susurra "Je t'aime". Tú ríes, pero sientes un cosquilleo entre las piernas. "¿Qué significa?", preguntas coqueta. "Te quiero", responde, y su mano roza la tuya, piel contra piel, cálida y firme.

El deseo crece lento, como la marea. Bailan al ritmo de un mariachi lejano, sus caderas pegadas a las tuyas, el sudor mezclándose. Sientes su verga endureciéndose contra tu panza, y tú te mojas, el bikini empapado. "Vamos a mi hotel", murmura en tu oído, mordisqueándote el lóbulo. Dices que sí con la mirada, el corazón latiéndote como tambor.


El elevador del hotel es un mundo aparte, espejos reflejando vuestros cuerpos entrelazados. Sus labios devoran los tuyos, lengua explorando tu boca con sabor a sal y cerveza. Manos por todos lados: las tuyas en su culo firme, las suyas amasando tus chichis por encima del bikini. El ding del piso te saca del trance, pero ya estás perdida.

En la habitación, vista al Pacífico, cierras la puerta y él te quita el bikini de un jalón. Quedas desnuda, vulnerable pero empoderada, tetas al aire, pezones duros como piedras. Él se desnuda también, su verga saltando libre, gruesa y venosa, apuntándote como arma. Chin güey, qué pedazo de pito, piensas, lamiéndote los labios.

Te tumba en la cama king size, sábanas frescas oliendo a lavanda del hotel. Empieza besando tu cuello, lengua trazando caminos de fuego. Bajas por tu cuerpo: pechos succionados, slurp húmedo resonando, dientes rozando pezones hasta que gimes. "Más", pides, arqueando la espalda. Sus manos abren tus muslos, dedos rozando tu clítoris hinchado, jugos chorreando.

Entonces, con la boca a centímetros de tu panocha, levanta la vista: "Try in French". Tú parpadeas, jadeante. "¿Qué?". "Di 'baise-moi'", dice pícaro, "significa fóllame". Intentas, voz ronca: "Bais... bais-moi". Él ríe, vibrando contra tu piel. "Bien, ahora 'plus fort', más fuerte". Lo repites mientras su lengua lame tu raja, saboreando tu miel salada y dulce. El placer sube como ola, cosquilleo en el vientre, muslos temblando.

Esto es una chingadera, pero qué rico. Su lengua es mágica, francés o no.

Te corroes el primer orgasmo, gritando "Oui oui!" que él te enseñó en la playa. Cuerpo convulsionando, uñas clavadas en su espalda, olor a sexo llenando el cuarto: sudor, excitación, mar entrando por la ventana.

Pero no para. Te voltea boca abajo, nalga en alto, y entra de perrito. Su verga te llena, estirándote delicioso, fricción ardiente. Empieza a bombear lento, cada embestida un plaf de carne contra carne. "Try in French otra vez", jadea. Tú, con la cara en la almohada, balbuceas "Baise-moi plus fort". Él acelera, huevos golpeando tu clítoris, manos en tus caderas marcando moretones de pasión.

El ritmo se vuelve frenético. Sientes cada vena de su pito rozando tus paredes, G-spot explotando. Gimes en spanglés: "¡Órale, pendejo, no pares! Plus fort!". Sudor gotea de su pecho a tu espalda, resbaloso y caliente. El cuarto huele a puro vicio: almizcle de axilas, jugos vaginales, su precum mezclándose.

Cambian posiciones, tú encima ahora, cabalgándolo como jinete en rodeo. Sus manos en tus tetas rebotando, pellizcando pezones. Miras sus ojos verdes, perdidos en éxtasis. "Dime que me quieres", pide. "Je t'aime", dices perfecto, y él gruñe, empujando desde abajo. Tus caderas giran, moliendo su verga profunda, clítoris frotando su pubis peludo.

La tensión crece, espiral infinita. Internamente luchas: No quiero que acabe, pero ya no aguanto. Él siente tus contracciones, "Viens, bébé", y explota dentro, chorros calientes bañando tu útero. Tú sigues, segundo orgasmo partiéndote en dos, grito ahogado en su boca.


Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas. Su semen chorrea de ti, pegajoso en muslos. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. El sol se pone, tiñendo la habitación de naranja, olas susurrando fuera. "Fue increíble", murmura, acariciando tu pelo. Tú sonríes, dedo trazando su pecho: "Try in French fue lo mejor, wey".

Se duchan juntos, agua caliente lavando pecados, jabón espumoso en curvas y músculos. Ríen recordando tus tropiezos lingüísticos. Sales del hotel al atardecer, playa vacía, manos entrelazadas. No sabes si es amor o solo pasión, pero sientes plenitud, empoderada, mujer en todo su esplendor.

En la barra de nuevo, otra michelada. "Mañana más francés?", pregunta pícaro. Tú guiñas: "Claro, pero ahora practico en la cama". El deseo late aún, promesa de noches salvajes. Puerto Vallarta nunca fue tan caliente.

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