Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trio HMH Dibujo de Deseos Trio HMH Dibujo de Deseos

Trio HMH Dibujo de Deseos

6889 palabras

Trio HMH Dibujo de Deseos

El aroma a café de olla recién hecho flotaba en el aire de mi taller en la Condesa, mientras el sol de media tarde teñía de dorado los lienzos a medio terminar. Yo, Mariana, con mis manos manchadas de carbón y óleo, revisaba mi teléfono cuando el mensaje de Héctor llegó como un relámpago. "Neta Mari, ven a la casa ya. Hugo y yo queremos que hagas el Trio HMH Dibujo, pero esta vez en carne y hueso, sin poses falsas. Va a estar cañón". Mi corazón dio un brinco. Héctor y Hugo, mis dos amigos de la uni, esos cabrones altos, morenos y con sonrisas que derretían cualquier resistencia. Habíamos hablado mil veces de ese dibujo erótico que vi en una expo underground, un trio HMH donde las líneas se enredaban en cuerpos sudorosos, pero nunca pensé que lo llevaríamos a la realidad.

Me mordí el labio, sintiendo un cosquilleo traicionero entre las piernas. ¿Y si sí? Son adultos, guapos, y la química entre nosotros siempre ha sido como chispas en pólvora. Agarré mi cuaderno de bocetos, unas plumas y carbón, y salí al bullicio de la calle. El taxi me dejó en su depa en Polanco, un penthouse con vistas al skyline que olía a riqueza y libertad. Héctor abrió la puerta, descalzo, con una playera ajustada que marcaba sus pectorales y unos bóxers que no dejaban mucho a la imaginación.

¡Pinche Mari, qué buena onda que viniste! Hugo está en la terraza preparando unos tequilas con limón, pa calentar motores.
Su voz grave me erizó la piel, y el roce casual de su mano en mi cintura al pasar me dejó el pulso acelerado.

Hugo nos esperaba con vasos en mano, su cabello revuelto y esa mirada pícara que prometía travesuras. ¡La artista del trio HMH Dibujo por fin aquí! Vamos a posar como dioses griegos, pero con más fuego mexicano. Reímos, brindamos, y el tequila quemó dulce mi garganta, soltando nudos invisibles. Nos acomodamos en la sala amplia, con cojines de piel y luz suave de lámparas. Son perfectos, neta. Héctor con su mandíbula cuadrada y tatuajes que serpentean por sus brazos, Hugo más delgado pero con esa verga que se adivinaba gruesa bajo el short. Les pedí que se quitaran las playeras. La tela se deslizó, revelando torsos bronceados, pezones oscuros endureciéndose al aire fresco. Mi lápiz voló sobre el papel, capturando la curva de sus hombros, el hueco de sus ombligos.

La tensión crecía como humedad en el aire. Ponte de rodillas, Hugo, y Héctor, abrázalo por atrás, les indiqué, mi voz ronca. Obedecieron, sus cuerpos encajando en una pose que gritaba deseo. Sentí mi panocha humedecerse, el calor subiendo por mis muslos. Héctor giró la cabeza:

Mari, ¿y tú? El trio HMH Dibujo necesita a su reina.
Su aliento olía a tequila y menta, y antes de pensarlo, me quité la blusa, dejando mis tetas libres, pezones duros como piedras. Qué rico se siente esto, ser vista así, deseada. Me uní a ellos en el suelo, mi piel contra la suya, cálida y salada al tacto.

El dibujo quedó olvidado cuando las manos de Héctor subieron por mi espalda, trazando la misma curva que yo había bosquejado. Estás mojada, ¿verdad, Mari? Te vemos en los ojos, murmuró Hugo, su boca rozando mi cuello, enviando ondas de placer que me hicieron jadear. Asentí, empoderada, tomando el control. Estos weyes son míos ahora. Los besé a ambos, alternando lenguas calientes, sabor a sal y deseo. Héctor chupó mi teta derecha, succionando con fuerza que me arqueó la espalda, mientras Hugo lamía la izquierda, dientes rozando lo justo para doler rico. Gemí, el sonido rebotando en las paredes, mis manos bajando a sus shorts, liberando sus vergas. La de Héctor, gruesa y venosa, palpitaba en mi palma; la de Hugo, larga y curva, se endurecía con cada caricia.

Nos movimos al ritmo de un baile ancestral, cuerpos enredados como las líneas del trio HMH Dibujo. Me recostaron en los cojines, Héctor abriéndome las piernas con gentileza feroz.

Qué rica estás, Mari, tu panocha brilla
, dijo, inhalando mi aroma almizclado antes de hundir la lengua. El primer lametón fue eléctrico, chupando mi clítoris hinchado, saboreando mis jugos dulces y salados. Grité, uñas clavándose en su cabeza, mientras Hugo me besaba la boca, tragando mis moans. No puedo más, los necesito adentro, a los dos. Rotamos: yo a cuatro patas, Hugo penetrándome lento desde atrás, su verga estirándome deliciosamente, llenándome hasta el fondo. Cada embestida hacía slap-slap contra mi culo, sonidos húmedos que se mezclaban con nuestros jadeos.

Héctor se arrodilló frente a mí, ofreciendo su verga a mi boca. La tragué ansiosa, sintiendo su grosor pulsar en mi garganta, el gusto salado de su pre-semen. Chúpamela rica, pinche diosa, gruñó, y lo hice, babeando, mientras Hugo me taladraba más fuerte, sus bolas golpeando mi clítoris. El sudor nos unía, piel resbaladiza, olores intensos de sexo y colonia masculina invadiendo todo. Cambiamos: Héctor debajo de mí, yo cabalgándolo, su verga hundiéndose profunda, rozando mi punto G con cada rebote. Hugo detrás, lubricado con mi propia humedad, presionando mi ano con cuidado.

¿Quieres, Mari? Dinos sí
. Sí, cabrones, fóllanme los dos, háganme suya. Entró despacio, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis pleno. Llenos, estirados al límite, nos mecíamos en unísono, pulsos latiendo al compás, mis paredes contrayéndose alrededor de ellos.

La intensidad subió como volcán, mis tetas rebotando, pezones rozando el pecho velludo de Héctor. Gemidos se volvieron gritos: ¡Más! ¡No paren!. Hugo mordió mi hombro, Héctor pellizcó mis nalgas, y el orgasmo me golpeó como ola, contracciones violentas ordeñando sus vergas, jugos chorreando por mis muslos. Ellos siguieron, gruñendo, hasta que Héctor explotó dentro, chorros calientes inundándome, y Hugo se retiró para pintar mi espalda con su leche espesa, olor almizclado marcándome. Colapsamos en un montón jadeante, pieles pegajosas, risas entrecortadas.

En el afterglow, con el sol poniéndose en rojos y naranjas, nos acurrucamos. Héctor trazó círculos en mi vientre: El mejor trio HMH Dibujo de la historia, Mari. Neta, eres fuego puro. Hugo besó mi frente, su mano aún en mi muslo. Siento cada músculo relajado, el corazón calmándose, pero con un vacío dulce que pide más. Limpiamos el desmadre riendo, compartiendo cigarros y anécdotas. Ese dibujo quedó inconcluso en el piso, pero la imagen real, grabada en mi piel y memoria, valía más que cualquier obra maestra. Salí de ahí con piernas temblorosas, el eco de sus toques latiendo en mí, sabiendo que el trio HMH Dibujo era solo el principio de muchas noches así, empoderadas y libres.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.