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Tri Tip Español Ardiente

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Tri Tip Español Ardiente

El sol se ponía en el horizonte de mi colonia en Guadalajara, tiñendo el cielo de naranjas y rojos que me recordaban el fuego que llevaba dentro. Yo, Juan, un tipo común de treinta años, mecánico de día y asador de corazón, había invitado a Sofia a mi casa por primera vez. Neta, wey, estaba nervioso como pendejo. Sofia era esa morra que me volvía loco: curvas que no acababan, ojos cafés profundos y una risa que sonaba a tequila con limón. La había conocido en el mercado, comprando chiles, y desde entonces soñaba con oler su piel mezclada con el humo del carbón.

En el patio trasero, el asador ya humeaba. Había preparado mi especialidad: tri tip español. Esa carne jugosa de la punta del lomo, marinada al estilo que aprendí de un cuate español que vivió en México. Aceite de oliva, ajo machacado, pimentón ahumado, romero fresco y un toque de vino tinto. La froté con las manos, imaginando que era su cuerpo, suave y firme. El olor se elevaba picante, terroso, haciendo que mi boca se hiciera agua y mi verga se despertara un poco.

¿Y si hoy pasa algo? ¿Y si la pruebo a ella como esta carne?
Sacudí la cabeza, riéndome solo. Pon la música, carnal: un buen corrido tumbado en la bocina bluetooth, volumen bajo para no espantar a los vecinos.

El timbre sonó y mi pulso se aceleró. Abrí la puerta y ahí estaba ella, con un vestido rojo ajustado que marcaba sus chichis perfectos y sus caderas anchas. Olía a jazmín y vainilla, un perfume que me pegó directo en las bolas. "¡Hola, guapo!", dijo con esa voz ronca que me ponía a mil. La abracé, sintiendo su calor contra mi pecho, sus tetas suaves presionando. "Pasa, nena, el tri tip español ya está casi listo."

Nos sentamos en la mesa de plástico bajo el toldo, con chelas frías sudando en los vasos. Le conté cómo preparé la carne: "Le metí un marinado de la chingada, Sofia. Picante como tú." Ella se rio, ladeando la cabeza, y su pelo negro cayó como cascada. El humo del asador nos envolvía, siseando cuando volteé el tri tip. El sonido era hipnótico: chisss, chisss, como besos húmedos. Ella se acercó, rozando mi brazo con el suyo. "¿Huele delicioso, Juan. Me dan ganas de morderlo ya."

La cena fue puro fuego lento. Corté la carne en rebanadas rosadas, jugosas, goteando jugos que brillaban bajo la luz de las guirnaldas. Le di un bocado: el sabor explotó en mi lengua, ahumado, especiado, con esa ternura que se deshace. Ella gimió al probarlo. "¡Ay, wey! Está de muerte civil." Sus labios brillaban con la salsa, y no pude evitar mirarlos, imaginándolos en mi pito. Hablamos de todo: su trabajo en la boutique, mis locuras en el taller, risas que se volvían miradas largas. Su pie rozó mi pierna bajo la mesa, accidental al principio, luego no tanto. Mi corazón latía fuerte, el sudor me corría por la espalda.

Tranquilo, pendejo, no la espantes. Deja que fluya.

La tensión crecía como la carne en el fuego. Terminamos de comer y pusimos salsa: un regional de banda que nos hizo bailar pegados. Sus caderas contra las mías, sintiendo su culo redondo frotándose. Olía a ella ahora más que a la carne: sudor dulce, excitación salada. La giré, la pegué a mí, y nuestros labios se encontraron. Fue un beso hambriento, lenguas danzando como el marinado en la carne. Sus manos en mi nuca, las mías en su cintura, bajando a apretar esas nalgas firmes. "Juanito, me encanta tu tri tip español", murmuró contra mi boca, juguetona. La cargué hasta la sala, riendo, tropezando con la mesa.

En el sofá, las cosas escalaron. Le quité el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que aparecía: hombros bronceados, el valle entre sus chichis. Ella jadeaba, arqueándose. "Qué rico, cabrón, no pares." Olía a su excitación, ese aroma almizclado que me volvía loco. Le bajé los calzones negros, húmedos ya, y lamí su concha despacio. Sabía a miel salada, caliente, palpitante. Sus gemidos llenaban la habitación: "¡Sí, así, pinche rico!" Mis dedos entraban y salían, curvados, tocando ese punto que la hacía temblar. Ella me jaló el pelo, montándome la cara, restregándose con furia.

Pero quería más. Me paré, me quité la ropa. Mi verga saltó dura, venosa, goteando precum. Ella la miró con hambre: " Qué chingona, güey. Ven." Se arrodilló, lamiéndola desde la base hasta la punta, succionando como si fuera el jugo del tri tip. El sonido era obsceno: slurp, slurp, su saliva chorreando. Gemí fuerte, mis bolas tensas. La subí al sofá, abrí sus piernas anchas. Rozamos primero, mi pito cabezón contra su clítoris hinchado, lubricándonos. "Métemela ya, Juan, no aguanto." Empujé despacio, sintiendo su calor apretado envolviéndome centímetro a centímetro. Era como meterse en un horno vivo, resbaloso, palpitante.

Empecé a bombear, lento al principio, sintiendo cada vena suya contra la mía. El sudor nos unía, piel contra piel chapoteando. Sus uñas en mi espalda, arañando delicioso. Aceleré, el sofá crujiendo, nuestros jadeos mezclados con el eco de la música lejana. "¡Más duro, pendejo! ¡Cógeme como a tu carne!" obedecí, dándole verga profunda, chocando bolas contra su culo. El olor a sexo crudo, a carne asada residual, nos embriagaba. Sus tetas rebotaban hipnóticas, las chupé, mordí pezones duros como piedras. Ella se corrió primero, gritando, su concha contrayéndose como un puño, ordeñándome. "¡Me vengo, cabrón! ¡Sííí!" Ese apretón me mandó al borde.

No paré. La volteé a cuatro patas, admirando su culo perfecto, abierto para mí. Escupí en su ano juguetón, pero me metí de nuevo en la panocha, embistiendo salvaje. Mis manos en sus caderas, jalándola contra mí. El sonido era puro porno: plaf, plaf, plaf. Sudor goteando, su pelo pegado a la espalda. "¡Dame leche, Juan! Lléname!" Exploto dentro, chorros calientes llenándola, mi cuerpo temblando, visión borrosa. Colapsamos, riendo exhaustos, mi verga aún dentro, palpitando.

En el afterglow, la abracé bajo la sábana. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El olor a tri tip español aún flotaba, mezclado con nosotros. "Eso fue épico, amor", susurró. Yo sonreí, besando su frente.

Neta, esta noche el tri tip fue solo el principio. Con ella, todo arde.
Afuera, la noche tapatía nos envolvía, prometiendo más fuegos.

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