Travis Scott Stop Trying to Be God en Mi Piel
La noche en Polanco estaba viva, con las luces neón parpadeando como promesas rotas. Entré al club con mis amigas, el bajo de Astroworld retumbando en mis huesos. Travis Scott sonaba por todos lados, su voz grave y distorsionada llenando el aire cargado de sudor y perfume caro. Me pedí un tequila reposado, el cristal frío contra mis labios, y ahí lo vi. Alto, moreno, con esa mirada de wey que se cree el mero mero. Bailaba solo, pero con una confianza que hacía que todas volteáramos.
Me acerqué a la barra, fingiendo pedir otro trago. Él se giró, sonrió con dientes blancos perfectos. Órale, nena, dijo, ¿vienes a conquistar o qué? Su voz era ronca, como el humo de un cigarro mentolado. Nos pusimos a platicar, riendo de tonterías. Se llamaba Alex, DJ de fines, fanático de Travis. El carnal hace música que te eleva, como si fueras dios, me soltó, acercándose tanto que sentí el calor de su pecho contra mi brazo. El deseo empezó a picarme la piel, un cosquilleo que bajaba por mi espalda.
¿Y si este pendejo cree que puede jugar a ser dios conmigo?pensé, mientras su mano rozaba mi cintura al ritmo de STOP TRYING TO BE GOD. La canción explotó en los bocinas, las letras flotando: travis scott stop trying to be god. Le guiñé el ojo. ¿Oíste eso? Travis te está regañando, carnal. Se rio, pero sus ojos se oscurecieron, hambrientos. La tensión creció como la espuma de una chela recién abierta. Bailamos pegados, su erección presionando contra mis caderas, el aroma de su colonia mezclándose con mi sudor. Vámonos de aquí, murmuró en mi oído, su aliento caliente oliendo a ron y menta.
Salimos al valet, su coche un BMW negro reluciente. En el camino a su depa en Lomas, su mano subió por mi muslo, dedos ásperos explorando bajo mi falda corta. Estás mojada ya, ¿verdad, preciosa? Yo gemí bajito, el tráfico de Reforma pasando como un borrón. Llegamos, subimos en el elevador, besándonos como animales. Sus labios sabían salados, urgentes, lengua invadiendo mi boca mientras sus manos amasaban mis nalgas.
Adentro, luces tenues, el Spotify ya conectado con Travis de fondo. Me quitó el top con prisa, exponiendo mis tetas al aire fresco. Eres una diosa tú, gruñó, chupando un pezón hasta ponérmelo duro como piedra. Yo arqueé la espalda, el placer electrico bajando directo a mi entrepierna.
Quiere ser dios, pero yo soy la que manda aquí, me dije, empujándolo al sofá. Me senté a horcajadas, frotándome contra su verga tiesa a través del pantalón. El roce era delicioso, tela áspera contra mi clítoris hinchado.
Le bajé el zipper, liberando su miembro grueso, venoso, palpitante. Olía a hombre puro, a deseo crudo. Lo tomé en mi mano, piel suave sobre acero, y lo lamí desde la base hasta la punta, saboreando la gota salada de precum. ¡Carajo, nena! jadeó él, dedos enredados en mi pelo. Pero no lo dejé terminar. Me levanté, me quité la tanga empapada, y me hundí en él de un jalón. Estábamos llenos el uno del otro, mi coño apretándolo como guante caliente y húmedo. Empecé a cabalgar, lento al principio, sintiendo cada centímetro estirándome, rozando ese punto que me volvía loca.
La música subía, travis scott stop trying to be god resonando otra vez, como un mantra sucio. ¡Deja de intentar ser dios, Alex! le grité entre gemidos, riendo mientras aceleraba. Él se incorporó, manos en mis caderas, embistiéndome desde abajo con fuerza brutal. El slap de piel contra piel, mis jugos chorreando por sus bolas, el olor almizclado de sexo llenando la habitación. Sudábamos como puercos, cuerpos resbalosos uniéndose en frenesí. Sus dedos encontraron mi clítoris, frotándolo en círculos rápidos, y yo exploté primero, un orgasmo que me sacudió entera, paredes convulsionando alrededor de su verga, gritando su nombre mezclado con tacos.
¡No pares, cabrón! ¡Más! exigí, y él obedeció, volteándome de perrito en el sofá. Entró de nuevo, profundo, golpeando mi culo con cada thrust. El placer era cegador, mis tetas balanceándose, pezones rozando la tela rugosa.
Esto es el cielo, wey, puro éxtasis mexicano, pensé mientras otro clímax se armaba. Él gruñó, Me vengo, amor, y lo sentí hincharse, caliente semen llenándome hasta rebosar, goteando por mis muslos.
Colapsamos juntos, jadeando, cuerpos pegajosos y temblorosos. Travis seguía sonando bajito, la letra ahora un eco suave. Lo abracé, su corazón latiendo contra el mío como tambores astroworld. Eres increíble, murmuró, besando mi frente. Yo sonreí, trazando círculos en su pecho húmedo. Tú tampoco estás tan pendejo, bromeé. Nos quedamos así, envueltos en sábanas revueltas, el aroma de nuestro amor flotando como niebla dulce.
Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, nos besamos lento, explorándonos con ternura. No hubo promesas locas, solo esa conexión carnal que deja huella. Salí con las piernas flojas, el recuerdo de su tacto quemándome la piel.
Travis Scott stop trying to be god, pensé caminando por la avenida, pero en esa noche, juntos lo fuimos.