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La Triada de Fallot en mi Cama

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La Triada de Fallot en mi Cama

El sol de Puerto Vallarta caía como una caricia ardiente sobre mi piel mientras caminaba por la playa del hotel. Olía a sal marina mezclada con el aroma dulce de las cocoteras y el humo lejano de algún asador. Yo, Alejandro, había llegado solo para desconectar del pinche estrés de la Ciudad de México, pero neta, no esperaba que esa noche cambiara todo. La arena tibia se pegaba a mis pies descalzos, y el sonido de las olas rompiendo era como un ritmo hipnótico que me invitaba a soltarme.

Entré al bar del resort, un lugar chido con luces tenues y música salsa suave. Pedí un ron con coco, fresco y dulce en la lengua, cuando las vi. Tres morras impresionantes sentadas en la barra, riendo con esa complicidad que solo tienen las amigas de toda la vida. Una rubia con curvas de infarto, piel bronceada y un vestido rojo que apenas contenía sus chichis; la otra, morena con ojos verdes que te taladraban, leggings ajustados marcando su culo perfecto; y la tercera, de cabello negro azabache, labios carnosos y un top que dejaba ver su ombligo piercing. ¿Quiénes eran estas diosas?

Me acerqué, sintiendo el pulso acelerarse como si corriera una maratón. "Órale, ¿fiesta privada o puedo unirme?", les dije con mi mejor sonrisa de galán. La rubia, que se presentó como Carla, soltó una carcajada. "¡Simón, carnal! Somos la Triada de Fallot. Yo Carla, ella Sofía y esa bomba es Lupita. ¿Y tú, guapo?" El nombre me sonó exótico, como algo sacado de una novela erótica. "Alejandro, pero llámenme Alex. ¿Triada de Fallot? Suena a secreto prohibido". Sofía se acercó, su perfume a vainilla y jazmín invadiendo mis sentidos. "Es nuestro apodo, wey. Tres inseparables que hacemos fallar los corazones. ¿Te animas a comprobarlo?" Su aliento cálido rozó mi oreja, y sentí un cosquilleo directo a la verga.

Charlamos un rato, coqueteando sin parar. Lupita me tocó el brazo, sus uñas pintadas de rojo arañando suavemente mi piel, enviando chispas por mi espina. "Neta, Alex, tienes cara de pendejo bueno. Nos caes bien", dijo riendo. Pidieron shots de tequila, el líquido quemando la garganta con sabor ahumado y limón fresco. Bailamos en la pista, sus cuerpos pegados al mío. Carla delante, moviendo las caderas contra mi pelvis; Sofía atrás, sus tetas presionando mi espalda; Lupita a un lado, lamiendo el sudor de mi cuello. El calor de sus pieles, el ritmo de la música, el olor a sudor mezclado con sus esencias... mi verga ya estaba dura como piedra, palpitando con cada roce.

"¿Qué chingados estoy haciendo? Tres morras así, queriéndome a mí. Esto es un sueño, pero se siente tan real. No seas pendejo, Alex, aprovéchalo".

La tensión crecía como una tormenta. Sus manos exploraban: Carla deslizando la suya por mi pecho, sintiendo mis músculos tensos; Sofía mordisqueando mi lóbulo, su lengua húmeda y caliente; Lupita apretando mi culo con fuerza juguetona. "Vamos a tu suite, Alex. Queremos triada completa", susurró Carla, sus ojos brillando de deseo. Asentí, el corazón latiéndome en la garganta. Subimos en el elevador, solos, y ya no aguantamos. Lupita me besó primero, sus labios suaves y jugosos, sabor a tequila y miel. Sofía se unió, lenguas danzando en mi boca, tres bocas entrelazadas, saliva compartida, gemidos ahogados.

En la habitación, la vista al mar oscuro con luces de barcos lejanos. Cerré la puerta y ellas me rodearon como lobas. "Desnúdate, guapo", ordenó Sofía, quitándose el top. Sus chichis saltaron libres, pezones rosados endurecidos, oliendo a crema solar y excitación. Carla se bajó el vestido, revelando un tanga rojo empapado; Lupita quedó en nada, su panocha depilada reluciente de jugos. Yo me quité la camisa, pantalón, boxer... mi verga erguida, venosa, goteando pre-semen. "¡Qué pinga tan chingona!", exclamó Lupita, arrodillándose.

El medio acto se encendió. Lupita lamió mi glande, lengua girando lenta, sabor salado en su boca. "Mmm, rica", murmuró. Carla y Sofía se besaban entre sí, dedos en las conchas mutuas, sonidos chapoteantes y jadeos. Las puse en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio. Empecé por Carla: besé su cuello, bajando a sus tetas, chupando pezones duros como caramelos. Ella arqueó la espalda, "¡Ay, wey, qué rico!". Mis dedos en su clítoris hinchado, resbaloso, círculos lentos acelerando. Sofía se sentó en mi cara, su concha mojada cubriéndome la boca, sabor almendrado y salado. Lamí voraz, lengua hundiéndose, ella cabalgando mis labios, "¡Sigue, cabrón, no pares!". Lupita mamaba mi verga profunda, garganta apretando, bolas en su mano suave.

Cambié posiciones, tensión subiendo como fiebre. Metí dos dedos en Sofía mientras lamía Lupita, que gritaba "¡Me vengo, pendejo!". Su squirt salpicó mi pecho, cálido y pegajoso. Carla montó mi cara ahora, su culo redondo sofocándome deliciosamente. "La Triada de Fallot te va a volver loco", jadeó. Sentí mi orgasmo cerca, pero aguanté. Las puse de rodillas, verga pasando de una boca a otra, salivas goteando, ojos lujuriosos mirándome.

"Sus cuerpos, sudados y brillantes, se movían en sincronía perfecta. Olía a sexo puro: almizcle, sudor, jugos. Mi piel ardía donde me tocaban, pulsos desbocados, cada roce un rayo de placer".

El clímax se acercaba. "Fóllanos, Alex", suplicó Carla. La puse a cuatro, penetrándola despacio. Su concha apretada, caliente, paredes succionando mi verga. "¡Más fuerte, carnal!". Embistí, piel contra piel chapoteando, sus tetas balanceándose. Sofía debajo, lamiendo mis bolas y su clítoris. Lupita besándome, dedos en mi culo masajeando próstata. Rotamos: Sofía en misionero, piernas en hombros, profundo hasta el fondo, ella clavando uñas en mi espalda. "¡Te amo esta noche!", gritó. Lupita desde atrás, frotando su concha en mi culo. Carla masturbándose viendo, gemidos coral.

No aguanté más. "Me vengo", rugí. Sacaron mi verga, tres lenguas lamiendo, manos pajero. Explosé en chorros calientes: semen en caras, tetas, bocas abiertas. Ellas se corrieron conmigo, cuerpos temblando, gritos ahogados en besos. Colapsamos en la cama, sudorosos, pegajosos, respiraciones entrecortadas. El mar rugía afuera, testigo de nuestra locura.

En el afterglow, Carla acurrucada en mi pecho, su piel fresca ahora, oliendo a sexo satisfecho. "La Triada de Fallot te elige bien, Alex". Sofía besó mi hombro, Lupita mi muslo. "Vuelve mañana, ¿va?". Reí bajito, exhausto pero pleno. Neta, qué noche. Sus cuerpos entrelazados al mío, calor compartido, promesas de más. Cerré los ojos, el sabor de ellas aún en mi lengua, sabiendo que esto era solo el principio de algo inolvidable.

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