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Cholos Try Mi Tentación Nocturna

7199 palabras

Cholos Try Mi Tentación Nocturna

La noche en la playa de Cancún estaba caliente como el infierno, con el sonido de las olas rompiendo suave contra la arena y el ritmo de la cumbia rebeldía retumbando desde los bocinas de los lowriders relucientes. Tú, con tu vestido rojo ceñido que marcaba cada curva de tu cuerpo moreno, caminabas entre la multitud de la fiesta privada. El aire olía a sal marina mezclada con el humo dulce de las parrilladas y el perfume picante de los cuerpos sudados bailando. Habías venido con tus amigas, pero ahora estabas sola, sintiendo esa cosquilla familiar en el estómago, esa hambre que no se sacia con tragos de tequila.

De repente, los viste. Tres cholos guapísimos, con camisas blancas abiertas mostrando tatuajes que serpenteaban por sus pechos firmes, pantalones caídos ajustados a sus traseros redondos y cadenas de oro brillando bajo las luces de neón. El líder, un vato alto con cabello rapado a los lados y ojos negros como la medianoche, te miró fijamente. Se llamaba Javier, lo supiste después, pero en ese momento solo era deseo puro. Sus carnales, Memo y Chuy, flanqueaban a su lado, riendo con esa confianza chola que te hacía mojar las panties sin que lo notaran.

"Mira nomás a esa jefa, carnales. Los cholos try con ella esta noche, ¿eh?"

La voz de Javier cortó el aire como un cuchillo caliente, en ese spanglish callejero que te erizaba la piel. Tú fingiste no oír, pero tu pulso se aceleró, latiendo en tus venas como tambores. Caminaste más cerca, contoneando las caderas, sabiendo que sus ojos te devoraban. El olor de su colonia barata pero masculina te llegó primero: madera ahumada y algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia.

Acto uno: la chispa. Javier se acercó, su mano grande rozando tu brazo desnudo. El toque fue eléctrico, piel contra piel, cálida y áspera por el trabajo en el gym que se notaba en sus bíceps. "¿Qué onda, hermosa? ¿Bailamos o qué?" Su aliento olía a cerveza fría y chicle de menta. Tú sonreíste, mordiéndote el labio inferior, sintiendo el calor subir por tu cuello.

"¿Y tus amigos? ¿No try solos?" respondiste juguetona, usando su propio spanglish para provocarlos. Rerieron, un sonido grave y ronco que vibró en tu pecho. Memo, el más delgado con una sonrisa pícara, te tomó de la mano y te jaló al centro de la pista improvisada. El bajo de la música te golpeaba las costillas, y sus cuerpos te rodearon en un baile lento, pegados, frotándose sutilmente. Sentías sus erecciones creciendo contra tus muslos, duras como rocas bajo la tela, pero todo era un juego, un try mutuo de seducción.

Te llevaron a un rincón apartado, cerca de las dunas donde las luces no llegaban del todo. El viento traía el aroma salado del mar y el sudor fresco de ellos. Chuy, con su barba incipiente, te besó el cuello primero, suave, probando tu reacción. Tú gemiste bajito, arqueando la espalda, invitándolos. "¿Quieren ver lo que pasa si los dejo try más?" susurraste, tu voz ronca de anticipación.

Acto dos: la escalada. Tus manos exploraron sus cuerpos mientras ellos desataban el lazo de tu vestido. Javier lo bajó despacio, revelando tus senos llenos, pezones duros como piedritas bajo la brisa nocturna. "Pinche tetas perfectas, nena", gruñó Memo, lamiendo uno con su lengua caliente y húmeda. El sabor salado de tu piel lo enloqueció; saboreaba como si fueras un mango maduro. Tú sentiste el roce áspero de su barba contra tu carne sensible, enviando chispas directo a tu clítoris palpitante.

Chuy se arrodilló, sus dedos fuertes separando tus piernas. El olor de tu excitación flotaba en el aire, almizclado y dulce, mezclándose con el de sus pollas liberadas. Olían a hombre puro: sudor limpio, jabón y esa esencia primal que te hacía salivar. "Los cholos try tu panocha, ¿verdad, reina?" preguntó Chuy, su aliento caliente en tu monte de Venus antes de hundir la cara. Su lengua era mágica, lamiendo lento al principio, círculos alrededor de tu clítoris hinchado, luego chupando con fuerza. Tú gritaste, agarrando su cabello, tus jugos cubriéndole la barbilla reluciente.

Internamente, tu mente giraba:

Esto es loco, pero chingado, se siente tan bien. Son rudos pero tiernos, me hacen sentir como una diosa. No pares, coño, no pares.
Javier te besó entonces, su boca invadiendo la tuya con lengua experta, saboreando a tequila y a ti misma en sus labios. Sus manos amasaban tus nalgas, dedos hundiéndose en la carne suave, mientras Memo chupaba tu otro pezón, mordisqueando lo justo para doler placenteramente.

La tensión crecía como una ola gigante. Te pusieron de rodillas en la arena tibia, suave bajo tus palmas. Sus vergas saltaron libres: Javier's gruesa y venosa, curvada hacia arriba; Memo's larga y recta; Chuy's gorda con cabeza roja brillante. El olor almizclado te golpeó, te lamerte los labios. Las probaste una por una, saboreando la sal de sus pre-semenes, la textura aterciopelada sobre tu lengua. Javier gemía, "Así, mami, chúpamela como profesional", sus caderas moviéndose lento, follándote la boca con cuidado. El sonido era obsceno: slurps húmedos, jadeos roncos, el mar de fondo como banda sonora.

Te levantaron, Javier te penetró primero desde atrás, su verga abriéndote centímetro a centímetro. Sentiste cada vena rozando tus paredes internas, llenándote hasta el fondo. "¡Ay, cabrón, qué grande!" gritaste, pero empujaste hacia él, queriendo más. Memo se metió en tu boca, Chuy te masturbaba el clítoris. El ritmo se sincronizó: embestidas profundas, succiones, dedos mágicos. Tu cuerpo ardía, sudor resbalando entre senos, pulso latiendo en oídos. Olías su sudor mezclado con tu crema, escuchabas piel chocando, sentías orgasmos construyéndose como tormentas.

El clímax te golpeó primero: olas de placer convulsionando tu útero, jugos chorreando por tus muslos. Javier gruñó, llenándote con chorros calientes, su semen espeso goteando. Memo eyaculó en tu boca, sabor amargo-dulce que tragaste ansiosa. Chuy terminó en tus tetas, pintándolas blanco cremoso. Todos jadeaban, cuerpos temblando en aftershocks.

Acto tres: el resplandor. Se tumbaron en la arena, tú en medio, cabezas en tu pecho. Javier te acariciaba el cabello, besando tu frente. "Eres la mejor, jefa. Los cholos try y ganamos el premio gordo", murmuró con voz suave. Memo limpió tu piel con su lengua, tierno ahora. Chuy te abrazó por la cintura, su calor reconfortante.

El mar susurraba paz, estrellas testigos de tu éxtasis. Internamente, reflexionabas:

Nunca imaginé que unos cholos try me llevarían al cielo. Me siento poderosa, deseada, completa. Quiero más noches así.
Te vestiste despacio, sus manos ayudando, promesas de volver a try flotando en besos de despedida. Caminaste de regreso a la fiesta, piernas flojas pero alma llena, el sabor de ellos aún en tu lengua, su aroma en tu piel. La noche no había terminado, pero tú sí, satisfecha hasta el amanecer.

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