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Trío Anal con la Culona Ardiente

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Trío Anal con la Culona Ardiente

Imagina que estás en una fiesta chida en Polanco, con luces neón parpadeando y el ritmo de cumbia rebajada retumbando en tus oídos. El aire huele a tequila reposado y perfume caro, mezclado con el sudor ligero de cuerpos bailando pegaditos. Ahí la ves: la culona que te ha vuelto loco toda la noche. Se llama Karla, una morra de curvas explosivas, con unas nalgas que se mueven como olas en la playa de Cancún. Lleva un vestido rojo ceñido que apenas contiene ese trasero divino, y cada paso que da hace que tus ojos se claven en ella.

Órale, wey, esta noche va a ser épica, piensas mientras tomas un trago de tu cuba libre, el hielo crujiendo entre tus dientes. Karla te guiña un ojo desde la pista, y sientes un cosquilleo en el estómago, como si el deseo ya te estuviera quemando por dentro. A tu lado está Marco, tu carnal de toda la vida, un tipo alto y atlético con sonrisa pícara. Han platicado antes de esto: un anal culona trío que los tres han fantaseado en voz baja, riéndose como pendejos.

¿Y si lo hacemos realidad? Suena a locura, pero neta, con esas nalgas... no hay vuelta atrás.

La noche avanza, y Karla se acerca contoneándose, su piel morena brillando bajo las luces. Te roza el brazo con sus tetas firmes, y el calor de su cuerpo te eriza la piel. "¿Bailamos, guapo?" te susurra al oído, su aliento cálido oliendo a menta y deseo. Marco se une, y pronto están los tres pegados, tus manos en la cintura de ella, las de él en sus caderas. Sientes el roce de sus nalgas contra tu verga endureciéndose, y el pulso se te acelera como tambor en fiesta de pueblo.

El beso empieza inocente: tus labios contra los de Karla, suaves y jugosos como mango maduro. Marco observa, su respiración pesada, hasta que ella gira y lo besa a él, metiendo la lengua con hambre. Tus manos bajan a esas nalgas gloriosas, amasándolas, sintiendo su carne tibia y elástica bajo los dedos. Qué chingón, piensas, el olor de su perfume floral invadiendo tus fosas nasales mientras el mundo se reduce a ese triángulo de cuerpos.

Salen de la fiesta sin decir nada, solo miradas cargadas de promesas. En el Uber rumbo al hotel en Reforma, Karla se sienta en medio, una mano en tu muslo, la otra en el de Marco. Sientes su uña arañando suavemente, enviando chispas directas a tu entrepierna. El conductor ni se entera, pero tú oyes los jadeos ahogados cuando ella aprieta vuestras vergas por encima del pantalón. "No aguantan más, ¿verdad, cabrones?" dice con risa ronca, su voz mexicana pura, como miel de maguey.

En la suite del hotel, con vista a la ciudad iluminada, el aire acondicionado zumba bajito. Karla se quita el vestido de un tirón, revelando lencería negra que abraza sus curvas como segunda piel. Sus nalgas se ven aún más grandes, redondas, invitadoras. Te desabrochas la camisa, el corazón latiéndote en los oídos, mientras Marco la besa en el cuello, sus manos explorando.

La llevas a la cama king size, las sábanas frescas rozando tu espalda desnuda. Karla se arrodilla entre los dos, sus ojos brillando de lujuria. Esto es el paraíso, piensas, viendo cómo saca tu verga, dura como piedra, y la lame desde la base hasta la punta, su lengua caliente y húmeda dejando un rastro de saliva que brilla. Marco gime cuando ella hace lo mismo con él, alternando, chupando con maestría, el sonido de succión húmeda llenando la habitación. El sabor salado de su piel en tu boca cuando la besas, mezclado con el suyo propio.

La tensión sube como fiebre. La pones boca abajo, esas nalgas alzadas como ofrenda. Marco se posiciona adelante, y ella lo mama con ganas, sus labios estirados alrededor de su verga gruesa. Tus dedos recorren su raja, lubricándola con su propio néctar que chorrea entre sus piernas. "Dame anal, mi amor", suplica Karla, meneando el culo, el aroma almizclado de su arousal golpeándote como ola. Untas lubricante, fresco y resbaloso, y presionas la punta contra su ano apretado.

Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo el calor abrasador de sus paredes envolviéndote, como terciopelo vivo. Ella gime contra la verga de Marco, vibraciones que lo hacen jadear. Qué rico se siente esta culona, piensas, el sudor perlando tu frente, goteando en su espalda. Empiezas a bombear, suave al principio, el slap-slap de carne contra carne resonando, mezclado con sus "¡Ay, sí, cabrón, más fuerte!". Marco la folla la boca, sus bolas golpeando su barbilla, el cuarto oliendo a sexo puro, a sudor y lubricante.

El ritmo se acelera. Cambian posiciones: Karla encima de ti, su ano tragándote entero mientras cabalga, nalgas rebotando contra tus muslos con fuerza hipnótica. Marco se para detrás, frotando su verga contra su panocha empapada antes de meterla, doble penetración que la hace gritar de placer. Sientes su ano contrayéndose alrededor de ti con cada embestida de él, el calor compartido, sus jugos chorreando por tus bolas. "¡Son unos animales, weyes!" grita ella, uñas clavándose en tu pecho, dejando marcas rojas que arden delicioso.

Neta, nunca había sentido algo tan intenso. Su culo me aprieta como si no quisiera soltarme, y oírla gemir así... voy a explotar.

La voltean, ahora Marco en su ano, estirándola con su tamaño, mientras tú la penetras vaginalmente. Sus tetas bambolean, pezones duros como balas que chupas, saboreando su sal. El friction entre vuestras vergas separadas solo por una delgada pared la vuelve loca, sus ojos en blanco, cuerpo temblando. El anal culona trío soñado, pasa por tu mente mientras el clímax se acerca, bolas apretadas, pulso martilleando.

Explosiona primero Karla, un grito gutural que retumba en las paredes, su ano y panocha convulsionando, ordeñándolos. Tú vienes segundos después, llenándola de leche caliente que se desborda, el olor espeso de semen mezclándose con su esencia. Marco gruñe, descargando profundo en su culo, chorros que sientes palpitar. Colapsan los tres, un enredo sudoroso de miembros, respiraciones agitadas calmándose poco a poco.

En el afterglow, Karla se acurruca entre los dos, su cabeza en tu pecho, nalgas aún calientes contra Marco. El aire se enfría, pero vuestros cuerpos arden. "Eso estuvo de hija, cabrones", murmura ella, riendo bajito, besos suaves en tu piel. Miras por la ventana, la ciudad dormida, y sientes una paz profunda, como si hubieras tocado el cielo.

Se duchan juntos después, agua caliente cascando sobre pieles sensibles, jabón espumoso resbalando por curvas y músculos. Risas, caricias inocentes ahora, promesas de más noches así. Al amanecer, con el sol tiñendo el skyline de oro, sabes que este trío anal con la culona ardiente ha cambiado todo. No hay arrepentimientos, solo antojo de repetir, de perderse de nuevo en ese mar de sensaciones.

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