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El Trio Bi HHM Inolvidable

6648 palabras

El Trio Bi HHM Inolvidable

Llegué a la villa en Puerto Vallarta con el sol cayendo en el Pacífico, pintando el cielo de naranjas y rosas que se reflejaban en el mar. El aire olía a sal y a jazmín del jardín, y el sonido de las olas rompiendo suave me ponía ya de buenas. Marco, mi carnal de la uni, me esperaba en la terraza con una chela helada en la mano. "¡Wey, qué onda! Llevamos rato sin vernos, cabrón", me dijo abrazándome fuerte, su piel bronceada brillando bajo la luz del atardecer.

Adentro, en la sala con vistas al mar, estaba Sofía, su morra, recostada en un sofá de mimbre con un vestido ligero que se le pegaba al cuerpo como segunda piel. Sus ojos cafés me escanearon de arriba abajo, y sonrió con esa picardía que siempre me ha descolocado. "Hola, Javier. Marco me ha contado tanto de ti que siento que ya te conozco", dijo con voz ronca, extendiendo la mano. Su piel era suave, cálida, y olía a coco y vainilla, un aroma que me revolvió el estómago de inmediato.

Cenamos tacos de mariscos frescos que preparó Sofía, con salsa bien picosa que nos hacía sudar y reír. La charla fluyó fácil: recuerdos de fiestas locas en la CDMX, viajes chidos y, poco a poco, temas más calientes. Marco soltó: "Órale, wey, ¿sigues soltero? Deberías probar algo nuevo, como un trio bi hhm. Sofía y yo lo hemos platicado, ¿verdad, mi reina?". Ella asintió mordiéndose el labio, sus pechos subiendo y bajando con la respiración acelerada. Sentí un cosquilleo en la entrepierna, el corazón latiéndome como tambor.

¿Yo? ¿En un trio bi hhm con ellos? Joder, la idea me prendía fuego por dentro, pero ¿y si la cago?

La noche avanzó con tequilas reposados que bajaban suaves pero quemaban adentro. Pusimos música de cumbia rebajada, y Sofía nos jaló a bailar en la terraza. Su cuerpo se pegaba al mío mientras Marco nos rodeaba, sus manos grandes rozando mi espalda. El sudor nos unía, piel contra piel, y el olor a su excitación –mezcla de sal, tequila y algo más primitivo– me nublaba la cabeza. "Estás cañón, Javier", murmuró Sofía en mi oído, su aliento caliente enviando chispas por mi espina. Marco se acercó por detrás, su verga semi-dura presionando contra mi culo. "Me late esto, carnal. ¿Listo para el trio bi hhm?", preguntó con voz grave.

No pude negarme. Nos movimos a la recámara principal, una suite con cama king size y mosquitero blanco flotando como niebla. La luz de la luna entraba por las ventanas abiertas, mezclándose con el aroma del mar. Sofía se desvistió primero, dejando caer el vestido como una cascada. Sus tetas firmes, pezones oscuros endurecidos, y su panocha depilada brillando ya húmeda. "Vengan, mis machos", dijo tirándose en la cama, abriendo las piernas con descaro.

Me quité la ropa temblando de anticipación, mi verga saltando libre, palpitante y goteando precum. Marco hizo lo mismo; su polla era gruesa, venosa, más grande que la mía, y ver su excitación me puso igual de duro. Nos miramos un segundo, una corriente eléctrica entre nosotros.

Esto es real. Voy a tocar a otro wey, y me prende un chorro.
Sofía nos jaló, besándome primero con lengua jugosa que sabía a tequila y fresas. Sus manos me acariciaban el pecho, pellizcando mis tetillas hasta que gemí.

Marco se unió, besando el cuello de Sofía mientras su mano bajaba a mi verga, apretándola firme. El tacto áspero de su palma, el calor de su piel contra la mía... joder, era como un rayo. "Chúpamela, Sofi", le pedí, y ella obedeció, tragándosela hasta la garganta con slurps húmedos que resonaban en la habitación. El sonido de su boca chupando, el sabor salado que me imaginaba en su lengua, me volvía loco. Marco se arrodilló detrás de ella, lamiéndole la panocha con ruidos obscenos, su lengua chapoteando en sus jugos.

La tensión crecía como marea. Cambiamos posiciones: yo debajo de Sofía, mi verga hundiéndose en su coño apretado, caliente como horno. Ella cabalgaba despacio al principio, sus caderas girando, tetas rebotando contra mi cara. Olía a sexo puro, a sudor y fluidos mezclados. Marco se acercó a mi boca, su verga rozando mis labios. "Ábrele, carnal", dijo, y lo hice. El sabor era salado, almizclado, con un toque de su sudor. Lo chupé torpe al inicio, pero pronto me animé, lamiendo el glande hinchado mientras Sofía gemía encima de mí.

Su verga en mi boca, su mano en mi pelo... esto es el puto paraíso del trio bi hhm.

El ritmo se aceleró. Sofía se corrió primero, su coño contrayéndose alrededor de mi polla como un puño, gritando "¡Sí, cabrones, así!" con voz quebrada. Sus jugos chorreaban por mis bolas, calientes y pegajosos. Marco me sacó de su boca y la metió en Sofía por atrás, un doble pene que la llenaba hasta el tope. Ella aullaba de placer, el sonido crudo mezclándose con el chapoteo de carne contra carne, el slap-slap de nalgas chocando.

Yo lamí las bolas de Marco mientras él la taladraba, el vello púbico rozando mi nariz, olor a macho puro. Luego él se volteó, ofreciéndome su culo. "Métemela, wey", gruñó. Lubriqué con saliva y sus jugos, empujando despacio. Su esfínter apretado me succionó, caliente y aterciopelado. Gemí al sentirlo, bombeando mientras Sofía nos besaba a los dos, sus dedos en mi culo estimulándome. El aire estaba cargado de gemidos, jadeos, el olor espeso de semen y sudor. Mis pulsos latían en las sienes, el placer subiendo como lava.

Marco se corrió dentro de Sofía con un rugido animal, su semen chorreando fuera, blanco y cremoso. Eso me empujó al borde. Salí de él y me metí en Sofía, follando salvaje hasta explotar, llenándola con chorros calientes que sentía brotar de mí. Ella se vino otra vez, arañándonos la espalda, su cuerpo temblando entre nosotros.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El mar susurraba afuera, fresco contrastando con nuestro calor. Sofía besó mi frente, luego la de Marco. "Eso fue chido, ¿verdad? El mejor trio bi hhm", murmuró perezosa. Marco rio bajito, su brazo sobre mí.

Nunca imaginé que tocar a otro wey me haría sentir tan vivo, tan conectado. Esto nos cambió a los tres.

Nos quedamos así hasta el amanecer, pieles pegadas secándose con brisa marina. No hubo arrepentimientos, solo sonrisas cómplices y promesas de más noches así. Puerto Vallarta se convirtió en nuestro secreto, un paraíso donde el deseo no tiene límites.

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