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Bridgette B Trio de Pasión

5683 palabras

Bridgette B Trio de Pasión

La noche en Playa del Carmen estaba caliente como el infierno, con el aire salado del mar mezclándose con el aroma dulce de las piñas coladas. Yo, Alex, un wey de la CDMX que andaba de vacaciones, no podía creer mi suerte al toparme con ella en esa fiesta playera. Bridgette B, la reina de las curvas imposibles, con ese escote que desafiaba la gravedad y una sonrisa que te derretía los huesos. Estaba con su amiga Sofia, una morra igual de cañón, de piel morena y ojos que prometían travesuras.

Ellas reían fuerte, bailando al ritmo de cumbia rebajada que tronaba en los bocinas. Bridgette me miró de reojo, su pelo rubio ondulado cayéndole sobre los hombros bronceados. Órale, carnal, esta noche va a estar buena, pensé mientras me acercaba con una cerveza en la mano. "¡Ey, guapo! ¿Vienes a unirte a la fiesta?", gritó Bridgette por encima de la música, su voz ronca y juguetona, con ese acento gringo mezclado con español fluido que la hacía irresistible.

Charlamos un rato, coqueteando sin parar. Sofia me rozaba el brazo con sus uñas pintadas de rojo, y Bridgette se pegaba a mí, su perfume floral invadiendo mis sentidos. "Sabes, Alex, siempre he fantaseado con un Bridgette B trio de verdad, no de esas grabaciones", me susurró al oído, su aliento cálido contra mi cuello. Sentí un escalofrío, mi verga ya empezando a despertar bajo los shorts. Neta, ¿esto estaba pasando? Consentimos todo con miradas y sonrisas, el deseo mutuo flotando como humo de cigarro.

"Vamos a mi villa, wey. Ahí sí la armamos en grande", dijo Sofia, lamiéndose los labios.
No lo pensé dos veces. Caminamos por la arena tibia, la luna iluminando sus siluetas perfectas. Mi corazón latía como tamborazo, imaginando lo que vendría.

La villa era un paraíso: piscina infinita, luces tenues y una cama king size que gritaba pecado. Entramos riendo, el sonido de las olas de fondo como una sinfonía erótica. Bridgette me empujó contra la pared, sus tetas enormes presionando mi pecho. "Te quiero probar, papi", murmuró, besándome con hambre. Sus labios eran suaves, sabían a ron y menta, su lengua danzando con la mía en un duelo húmedo y feroz.

Sofia se unió, besando mi cuello mientras sus manos bajaban a mi entrepierna. Pinche suerte, Alex, no la cagues, me dije, sintiendo el calor de sus palmas a través de la tela. Les quité las blusas despacio, revelando pechos perfectos: los de Bridgette, redondos y firmes, con pezones rosados endurecidos; los de Sofia, más pequeños pero puntiagudos, invitando a morderlos. El olor a loción de coco y sudor ligero me embriagaba, mi polla ya dura como piedra.

Nos tumbamos en la cama, las sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Bridgette se montó en mi cara, su coño depilado rozando mis labios. "Lámeme, pendejo sexy", ordenó juguetona, y yo obedecí. Su sabor era salado-dulce, como mar y miel, sus jugos empapándome la boca mientras gemía bajito. Sofia chupaba mi verga con maestría, su lengua girando alrededor del glande, succionando con fuerza que me hacía arquear la espalda. El sonido de succiones húmedas y jadeos llenaba la habitación, mezclado con el chapoteo lejano de la piscina.

La tensión crecía como marea alta. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, metiendo mi verga en Sofia por detrás mientras ella lamía el clítoris de Bridgette. Sentía las nalgas firmes de Sofia apretándome, su interior caliente y resbaloso envolviéndome. "¡Más duro, cabrón! ¡Dame todo!", gritaba ella, su voz entrecortada. Bridgette me miraba con ojos vidriosos, pellizcándose los pezones. Esto es el cielo, neta, pensé, el sudor goteando por mi frente, el tacto aterciopelado de sus pieles contra la mía.

Bridgette se giró, queriendo su turno. "Ahora yo, amor. Hazme tuya en este Bridgette B trio", suplicó, abriendo las piernas. La penetré despacio al principio, sintiendo cada centímetro de su coño apretado cediendo. Era como terciopelo caliente, palpitante. Aceleré, el slap-slap de carne contra carne resonando, sus tetas rebotando hipnóticamente. Sofia se masturbaba a un lado, metiéndose los dedos con gemidos roncos, luego besaba a Bridgette, sus lenguas entrelazadas en un beso lésbico que me ponía al borde.

El clímax se acercaba. Mi pulso tronaba en los oídos, el aroma almizclado del sexo impregnando el aire. "¡Me vengo, chulo!", aulló Sofia primero, su cuerpo temblando mientras yo la follaba sin piedad. Bridgette apretó mis bolas, ordeñándome. "¡Dame tu leche, Alex! ¡Lléname!", exigió. No aguanté más: exploté dentro de ella, chorros calientes inundándola, mi visión nublándose de placer puro. Ella se corrió segundos después, su coño contrayéndose en espasmos, gritando mi nombre.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El afterglow era dulce: caricias suaves, besos perezosos. Bridgette trazaba círculos en mi pecho con su uña. "Eso fue el mejor Bridgette B trio de mi vida, wey", rio bajito. Sofia asintió, acurrucándose. Siento su calor, su piel pegajosa contra la mía, el sabor de ellas aún en mi boca. Miré el techo, el ventilador girando lento, pensando en cómo esta noche había cambiado todo.

Nos quedamos así hasta el amanecer, el sol tiñendo el cielo de rosa. No hubo promesas, solo satisfacción mutua y sonrisas cómplices. Salí de esa villa con el cuerpo adolorido pero el alma plena, sabiendo que el recuerdo de ese trio ardiente me acompañaría para siempre. Pinche vida chida.

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