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Que Es Try La Noche de Fuego

7213 palabras

Que Es Try La Noche de Fuego

El aire salado de la costa caribeña te envuelve mientras caminas por la playa de Playa del Carmen, descalza sobre la arena tibia que aún guarda el calor del día. Tus pies se hunden suave, como si la tierra misma te invitara a soltar todo. Llevas ese vestido ligero de algodón blanco, el que se pega un poquito a tu piel sudada por la humedad, y sientes cómo el viento juguetón levanta el borde, rozando tus muslos. Qué chido estar aquí sola, pero no tan sola, piensas, mientras el corazón te late fuerte en el pecho. Hoy es la noche del que es try, ese mensaje misterioso que te mandó él ayer: "Nuestro tryst en la playa". ¿Qué carajos es un tryst? Le preguntaste por WhatsApp, y solo te respondió con un emoji de fuego y "Ya verás, mi reina". Neta, ese wey te tiene loca.

Lo ves de lejos, recostado en una sábana extendida sobre la arena, con una botella de mezcal helada y dos vasos. Es alto, moreno, con esa barba recortada que te encanta rascar con las uñas. Se llama Diego, pero todos lo llaman El Lobo por cómo te mira, como si ya te estuviera devorando. Lleva una camisa guayabera abierta, dejando ver su pecho firme, bronceado por el sol mexicano. Cuando te ve, se para de un brinco y te abraza fuerte, su cuerpo duro contra el tuyo. Huele a mar, a coco de su crema y a ese perfume amaderado que te hace agua la boca.

¿Qué es try? ¿Será como un juego? Ay, no mames, solo abrázalo ya.

"Ven, mi amor", te susurra al oído, su aliento cálido rozando tu cuello, erizándote la piel. Te sientas con él, y el mezcal entra suave por tu garganta, quemando dulce con notas de humo y agave. Hablan de todo y nada: de cómo escapaste de la chamba en Cancún fingiendo una junta, de su rancho en Mérida donde cría caballos. Pero el aire se carga de electricidad, como antes de una tormenta. Su mano sube por tu pierna, lento, trazando círculos con los dedos ásperos de tanto jinetear. Sientes el pulso acelerado en tus venas, el calor subiendo desde tu vientre.

La luna sale grande y plateada, iluminando las olas que rompen suaves a unos metros. El sonido es hipnótico, un shhh constante que ahoga el mundo. Diego te besa el hombro, mordisqueando suave, y un gemido se te escapa sin querer. "¿Qué es try?", le preguntas entre risas, recordando su mensaje. Él se ríe bajito, esa risa ronca que vibra en tu pecho. "Un tryst, güey, es esto: un encuentro secreto, ardiente, solo tú y yo contra el mundo. Como lo que vamos a hacer esta noche". Sus labios encuentran los tuyos, y el beso es profundo, hambriento. Sabe a mezcal y sal, su lengua explorando la tuya con maestría, mientras sus manos te aprietan la cintura, atrayéndote más cerca.

Te recuestas sobre la sábana, la arena fresca debajo filtrándose un poquito, pero no importa. Él se pone encima, su peso delicioso oprimiéndote, protegiéndote. Desabrocha tu vestido con dedos temblorosos de deseo, exponiendo tus pechos al aire nocturno. El fresco de la brisa marina hace que tus pezones se endurezcan al instante, y él los mira con ojos oscuros de lobo. "Estás rica, neta", murmura, antes de lamer uno, chupándolo suave al principio, luego más fuerte, tirando con los dientes. Un rayo de placer te recorre la espina, directo a tu entrepierna, donde ya sientes la humedad empapando tus calzones.

Te retuerces debajo de él, tus uñas clavándose en su espalda musculosa, sintiendo los tendones tensos bajo la piel caliente. Él gime contra tu piel, el sonido vibrando en tus huesos. Baja besando tu vientre, lamiendo el sudor salado que perla ahí, hasta llegar a tus caderas. Te quita los calzones despacio, rozando con los nudillos tu piel sensible, y el aire fresco toca tu sexo expuesto, haciéndote jadear. "Qué bonita tu concha", dice con voz grave, y sopla suave sobre ella, el aliento caliente contrastando con la brisa. Tu clítoris palpita, ansioso, y él lo lame de un trago largo, plano con la lengua, saboreándote como si fueras el mezcal más fino.

No mames, esto es el paraíso. ¿Qué es try? Esto, carajo, puro fuego.

Arqueas la espalda, el placer subiendo en olas, mientras él te come con devoción. Su lengua gira alrededor de tu botón, chupando, metiendo un dedo grueso dentro de ti, curvándolo justo ahí, en ese punto que te hace ver estrellas. El sonido húmedo de su boca en ti se mezcla con las olas, tus gemidos ahogados por el viento. Sientes el olor de tu propia excitación, almizclado y dulce, mezclado con el salitre del mar. Tus muslos tiemblan, apretándolo contra ti, y él acelera, mamándote más fuerte hasta que explotas en un orgasmo que te sacude entera. Gritas su nombre, "¡Diego, wey!", y él no para, lamiendo cada gota hasta que caes jadeante, el cuerpo flojo como gelatina.

Pero no ha terminado. Te voltea boca abajo, suave pero firme, y sientes su verga dura presionando contra tus nalgas. Es gruesa, caliente, latiendo contra tu piel. "¿Quieres que te coja ya?", pregunta, su voz ronca de necesidad. "Sí, pendejo, ya", respondes riendo, empinando las caderas. Él se pone un condón rápido –siempre responsable, ese cabrón– y entra despacio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Gimes largo, el llenado perfecto, su grosor rozando cada nervio dentro de ti. Empieza a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y metiendo profundo, el choque de su pelvis contra tus nalgas haciendo un plaf rítmico que compite con el mar.

El sudor nos cubre a los dos, resbaloso, haciendo que su piel se deslice contra la tuya. Huele a sexo puro, a hombre excitado, a ti abierta y húmeda. Acelera, sus manos agarrando tus caderas con fuerza, tirando de tu pelo suave para arquearte más. "Eres mía esta noche", gruñe, y tú respondes con un "Siempre, Lobo". El placer crece, una presión en tu vientre que sube y sube, sus bolas golpeando tu clítoris con cada embestida. Sientes su respiración agitada en tu nuca, sus dientes mordiendo tu hombro, y explotas de nuevo, apretándolo dentro de ti con espasmos que lo llevan al límite. Él se corre con un rugido gutural, temblando encima de ti, llenando el condón mientras tú lo ordeñas con contracciones.

Caen los dos exhaustos sobre la sábana, el cuerpo de él cubriéndote como manta viva. El corazón le martillea contra tu espalda, sincronizándose con el tuyo. El mar susurra cerca, fresco en la piel ardiente. Te gira para mirarte, besándote la frente, las mejillas, los labios hinchados. "¿Ahora ya sabes qué es try?", pregunta pícaro. Ríes bajito, acurrucándote en su pecho velludo. "Es esto, wey. Nuestro secreto ardiente".

Se quedan así un rato, bebiendo el resto del mezcal, hablando de planes locos: escapadas a Tulum, fines en su rancho. El cielo se llena de estrellas, y sientes una paz profunda, el cuerpo saciado pero aún cosquilleante de recuerdos. Cuando amanece, se visten lento, robándose besos salados. Caminan de la mano por la playa, el sol naciente calentando sus pieles entrelazadas. Qué es try, piensas sonriendo, es volver a esto mil veces más.

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