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Bedoyecta Tri Aplicacion que Enciende el Deseo

6487 palabras

Bedoyecta Tri Aplicacion que Enciende el Deseo

Estás recostado en la cama de tu depa en la Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando desde la cocina. Es viernes por la noche, wey, y has tenido una semana de esas que te dejan hecho pedazos: juntas eternas, tráfico infernal en Insurgentes y cero energía para lo que de verdad importa. Tu morra, Karla, entra al cuarto con una sonrisa pícara, sosteniendo una cajita en la mano. Lleva un shortcito ajustado que resalta sus nalgas redondas y una blusita holgada que deja ver el nacimiento de sus chichis. Qué chingona se ve, piensas, mientras tu verga da un leve brinco bajo los boxers.

"Órale, carnal, ¿sigues muerto de cansancio? Mira lo que traje", dice ella con esa voz ronca que te pone a mil. Saca el frasquito de Bedoyecta Tri y la jeringa ya preparada. "Una aplicación de esto y vas a revivir como nuevo. Te la voy a poner yo, para que sea especial". Tú la miras, entre incrédulo y excitado. Neta, ¿una inyección para encender la noche? Pero Karla sabe lo que hace; la has visto aplicársela ella misma después de un desmadre y salir como león enjaulado.

Te bajas los bóxers un poco, exponiendo el cachete de tu nalga. El cuarto huele a su perfume de vainilla mezclado con el aroma fresco del desinfectante que ella rocía en tu piel. Sientes el frío del algodón alcoholizado, un escalofrío que te recorre la espina dorsal y baja directo a tus huevos. "Relájate, mi amor", murmura, acercando sus labios a tu oído. Su aliento caliente te eriza la piel. Luego, la puntita de la aguja presiona, un piquetecito rápido y la Bedoyecta Tri aplicacion entra en tu músculo. No duele, al contrario: es como un secreto compartido, íntimo, que acelera tu pulso.

¿Y si esto no solo me da energía, sino que me prende como nunca?

Minutos después, sientes el cambio. Es como si un fuego líquido se esparciera por tus venas: el corazón late más fuerte, la piel hormiguea, y una ola de calor sube desde tu nalga inyectada hasta tu pecho. Karla te observa con ojos brillantes, mordiéndose el labio inferior. "¡Ya está! Ahora levántate y muéstrame qué tan vivo estás". Te paras, y neta, te sientes invencible. La abrazas por la cintura, pegando tu erección creciente contra su vientre plano. Ella gime bajito, un sonido que vibra en tu pecho como un tambor.

La besas con hambre, saboreando sus labios carnosos con sabor a menta de su chicle. Tus lenguas se enredan, húmedas y urgentes, mientras tus manos recorren su espalda, bajando hasta apretar esas nalgas firmes que tanto te vuelven loco. "Estás encendido, wey", susurra ella entre besos, frotando su coñito contra tu muslo a través de la tela delgada. El olor a su excitación empieza a llenar el aire: ese almizcle dulce y femenino que te hace salivar.

La tumbas en la cama con cuidado, pero con esa fuerza nueva que la Bedoyecta Tri te ha dado. Le quitas la blusa despacio, revelando sus tetas perfectas, pezones oscuros ya duros como piedritas. Los chupas uno a uno, lamiendo el borde con la lengua plana, sintiendo su textura rugosita contra tu boca. Karla arquea la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón, qué rico!", y sus uñas se clavan en tu nuca, un dolor placentero que te hace gruñir.

Pero no apresuras nada. La tensión crece como una tormenta: tus dedos bajan por su panza suave, rozando el ombligo, hasta meterse bajo el short. Encuentras su panocha empapada, labios hinchados y resbalosos. "Estás chorreando, mi reina", le dices al oído, y ella responde con un jadeo, abriendo las piernas más. Introduces un dedo, luego dos, sintiendo las paredes calientes y aterciopeladas que aprietan tu intrusión. El sonido es obsceno: chup chup chup, jugos viscosos que lubrican cada movimiento. Su clítoris pulsa bajo tu pulgar, y la masturbas en círculos lentos, viendo cómo su cara se contorsiona de placer.

No puedo creer lo sensible que estoy todo; cada roce es eléctrico, como si la Bedoyecta Tri hubiera despertado cada nervio de mi cuerpo.

Karla te empuja hacia arriba, impaciente. "Quítate todo, quiero sentirte". Te desnudas rápido, tu verga saltando libre, venosa y tiesa, goteando precum que brilla bajo la luz tenue de la lámpara. Ella se arrodilla en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso, y te la mama con maestría. Su boca caliente envuelve la cabeza, lengua girando alrededor del frenillo mientras succiona. Sientes el vacío succionador, el calor húmedo, y el olor de tu propia excitación mezclándose con su saliva. "¡Qué chingón chupas, mamacita!", gimes, agarrando su pelo negro y ondulado.

La tensión es insoportable ahora. La volteas boca abajo, levantando sus caderas. Su culo perfecto se ofrece, coñito rosado y abierto, invitándote. Escupe en tu mano, lubrica tu pija, y la penetras de un solo empujón lento pero firme. ¡Dios! El calor interno, las contracciones rítmicas, el sonido de carne contra carne: plap plap plap. Karla grita de placer, "¡Más duro, pendejo, dame todo!". Empujas con vigor, sintiendo cómo tus bolas golpean su clítoris, el sudor resbalando por tu espalda, el aroma salado del sexo impregnando las sábanas.

Cambian de posición: ella encima, cabalgándote como amazona. Sus tetas rebotan hipnóticamente, pezones rozando tu pecho. Agarras sus caderas, guiando el ritmo, mientras sus jugos corren por tus muslos. El cuarto se llena de gemidos, respiraciones agitadas, el crujido de la cama. Sientes el orgasmo construyéndose en tus huevos, una presión ardiente que sube por tu verga.

"Me vengo, Karla, ¡me vengo!", ruges. Ella acelera, su coñito apretando como vicio. Explota dentro de ella, chorros calientes llenándola, mientras ella grita su clímax, cuerpo temblando, uñas clavadas en tus hombros. El placer es cegador: pulsos interminables, éxtasis puro que te deja jadeante, sudoroso.

Caen juntos, enredados, respiraciones calmándose poco a poco. El olor a sexo y sudor es embriagador, sus labios besan tu cuello con ternura. "Gracias por la Bedoyecta Tri aplicacion, amor. Fue la mejor noche de mi vida", murmuras, acariciando su pelo. Ella ríe bajito, "Siempre para ti, mi rey. Mañana repetimos".

Duermes abrazado a ella, con el cuerpo aún vibrando de energía residual, soñando con más noches así: intensas, conectadas, llenas de fuego.

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