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Alice Coltrane y el Trío Monástico del Éxtasis

7328 palabras

Alice Coltrane y el Trío Monástico del Éxtasis

El aire de las sierras de Oaxaca te envuelve como un abrazo tibio cargado de incienso y jazmín silvestre. Has llegado a este retiro espiritual buscando algo más que meditación un desahogo profundo para el alma y el cuerpo. El sol se filtra entre las copas de los ahuehuetes pintando de dorado las cabañas de adobe. Caminas por el sendero de piedra escuchando el eco distante de un arpa cósmica que flota en el viento. Es música de Alice Coltrane esa vibra espiritual que te eriza la piel como si te susurrara secretos del universo.

En la sala principal un círculo de cojines invita a la reunión nocturna. Te sientas cruzando las piernas sintiendo la rugosidad del algodón mexicano contra tus muslos desnudos bajo el huipil ligero. Frente a ti dos figuras emergen de las sombras: Mateo con su piel morena y barba recortada que huele a sándalo y copal y Luna una mujer de ojos almendrados y curvas suaves envuelta en una reboza translúcida. Son guías del retiro monjes modernos dice Mateo con una sonrisa pícara que no cuadra con el hábito blanco flojo que lleva.

Qué chido este lugar piensas mientras el aroma de su piel se mezcla con el humo del brasero. Luna se acerca ofreciéndote una taza de chocolate humeante endulzado con canela. Sus dedos rozan los tuyos un toque eléctrico que te hace contener el aliento. "Esta noche invocamos el espíritu de Alice Coltrane con su a monastic trio" anuncia ella con voz ronca como el sitar que suena de fondo. Las notas jazzísticas se elevan etéreas envolviéndote en un trance donde el deseo se despierta despacio como una llama en brasas.

La sesión comienza con respiraciones profundas. Cierras los ojos inhalando el dulzor terroso del chocolate que aún persiste en tu lengua. Mateo guía: "Siente el pulso de la música latiendo en tu chacra del corazón". Su voz grave vibra en tu pecho. Luna se posiciona detrás de ti sus manos cálidas presionan tus hombros amasando la tensión acumulada. El roce de sus palmas es como seda caliente deslizándose sobre tu piel erizándote los vellos.

Esto no es solo meditación
te dices es un ritual para el cuerpo el alma y algo más carnal algo que late entre mis piernas.

El círculo se cierra. Solo quedamos nosotros tres el trío monástico dice Mateo guiñando un ojo. La música de Alice Coltrane sube de volumen el arpa y el órgano Hammond te envuelven como olas de éxtasis. Luna se inclina su aliento cálido roza tu oreja: "¿Sientes la conexión carnal hermana?". Asientes muda el calor subiendo por tu vientre. Mateo se arrodilla frente a ti sus dedos trazan patrones en tus tobillos subiendo lento por las pantorrillas. El tacto es firme reverente como si adorara un templo.

El deseo crece gradual. Tus pezones se endurecen contra la tela del huipil traicionándote. Luna desliza las manos por tu espalda bajando hasta la curva de tus nalgas apretando suave. "Relájate déjate llevar por el flujo" murmura. El olor de su arousal floral y almizclado se mezcla con el tuyo un perfume embriagador que llena la sala. Mateo levanta tu falda exponiendo tus muslos al aire fresco de la noche. Su mirada hambrienta te devora pero es consentida mutua un pacto silencioso sellado con sonrisas.

Qué rico se siente esto piensas mientras sus labios rozan el interior de tu rodilla un beso húmedo que envía chispas a tu centro. Luna desata tu huipil dejándolo caer. Tus senos se liberan pesados sensitivos al roce del aire. Ella los acaricia con las yemas de los dedos círculos lentos que te arrancan un gemido bajo. "Así carnalita déjalo salir" susurra con acento oaxaqueño juguetón. Mateo sube más alto su lengua lame la piel sensible de tus muslos internos saboreando el sudor salado mezclado con tu humedad creciente.

La tensión escala. Te recuestas sobre los cojines el fuego crepita cerca proyectando sombras danzantes en sus cuerpos. Mateo se despoja del hábito revelando un torso musculoso marcado por tatuajes tribales que brillan con sudor. Su verga erecta saluda orgullosa gruesa venosa palpitante. Luna se quita la reboza su concha depilada reluce húmeda invitadora. Te incorporas besándola primero labios suaves que se abren en un duelo de lenguas dulce como miel de maguey. El sabor de su boca es exótico canela y deseo puro.

Mateo se une su boca captura un pezón chupando con succión rítmica sincronizada con la música de Alice Coltrane. El órgano Hammond resuena como tu pulso acelerado. Luna te empuja suave hacia atrás abriendo tus piernas. Su lengua explora tu clítoris lamiendo con maestría círculos precisos que te hacen arquear la espalda. ¡Puta madre qué sabroso! gritas en tu mente las caderas moviéndose solas contra su rostro. El olor de sexo impregna el aire almizcle sudor y fluidos íntimos un elixir embriagador.

El clímax se acerca pero no apresurado. Cambian posiciones. Tú sobre Luna en sesenta y nueve saboreando su concha jugosa salada con un toque ácido que te enloquece. Tu lengua penetra honda mientras ella devora la tuya gemidos ahogados vibran contra tu piel. Mateo observa masturbándose lento su mano subiendo y bajando por esa verga imponente. Luego se posiciona detrás de ti untando tu entrada con su precum resbaladizo. "¿Quieres hermano?" preguntas jadeante. "Sí carnal con todo el amor del universo" responde él empujando despacio.

La penetración es plena estiramientos deliciosos que te llenan hasta el fondo. Gimes alto el sonido rebotando en las paredes de adobe. Sus embestidas son profundas rítmicas como el jazz espiritual del fondo. Luna lame donde se unen saboreando vuestros jugos mezclados. El tacto de su lengua en tu clítoris mientras él te folla es sobrecogedor. Sudor gotea de vuestros cuerpos resbaloso cálido. El slap de piel contra piel se une al arpa cósmica creando una sinfonía erótica.

La intensidad sube. Cambias a Mateo acostado tú cabalgándolo su verga hundiéndose en ti con cada rebote. Luna se sienta en su rostro él la come con avidez mientras tus senos rebotan libres. Tus uñas clavan en sus hombros dejando marcas rojas. Esto es el éxtasis monástico piensas el trío perfecto bendecido por Alice Coltrane. El orgasmo te golpea primero olas convulsivas que aprietan su polla ordeñándola. Gritas "¡Me vengo cabrón!" el placer cegador blanco puro.

Mateo gruñe profundo eyaculando dentro caliente chorros que te inundan. Luna se estremece en su boca su clímax empapándolo. Colapsan juntos un enredo de miembros sudorosos respiraciones entrecortadas. El fuego mengua la música de Alice Coltrane se suaviza en un fade out espiritual. Besos perezosos recorren pieles hipersensibles. Luna acaricia tu cabello: "Hermosa conexión ¿verdad?". Mateo asiente abrazándote: "El trío monástico sella el alma".

En el afterglow yaces entre ellos el aroma de sexo y sándalo persistiendo. Miras las estrellas por la ventana sintiendo una paz profunda empoderada. No hay culpas solo plenitud un ritual que te transforma. El deseo satisfecho deja un eco dulce un anhelo de más noches así en este paraíso oaxaqueño. Te duermes con sus cuerpos calientes envolviéndote soñando con arpas eternas y tríos divinos.

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