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Triara Telmex Para Que Sirve el Fuego de Mi Piel

6658 palabras

Triara Telmex Para Que Sirve el Fuego de Mi Piel

Ana se recargó en el marco de la ventana de su depa en Polanco, con el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas. El calor pegajoso del verano chilango le hacía sudar bajo la blusa ligera, y el ventilador zumbaba pendejamente sin refrescar nada. Neta, necesito esa internet más rápida ya, pensó, mientras chequeaba su cel por enésima vez. Había pedido la instalación de Triara Telmex porque su conexión actual era una mierda, se trababa hasta viendo un pinche video en YouTube. Quería streaming sin cortes, series, películas... y bueno, algo más caliente para las noches solas.

El timbre sonó como un grito ahogado. Abrió la puerta y ahí estaba él: Marco, el técnico, con su overol ajustado de Telmex, músculos marcados por el trabajo rudo, piel morena brillando de sudor, y una sonrisa chueca que le aceleró el pulso. Órale, qué rico, se dijo Ana, sintiendo un cosquilleo entre las piernas.

—Buenas tardes, soy Marco de Telmex. Vengo por la instalación de Triara.

—Pásale, wey. Hace un chingo de calor, ¿verdad? —le contestó ella, cerrando la puerta y guiándolo al cuarto donde estaba el módem viejo.

Marco se arrodilló frente al rosetón, sacando herramientas que tintineaban como promesas. Ana lo observaba de reojo, el olor a hombre trabajador invadiendo el aire: mezcla de sudor fresco, colonia barata y algo metálico. Se mordió el labio, imaginando esas manos callosas en su piel.

¿Y Triara Telmex para qué sirve exactamente? —preguntó ella, sentándose en la cama cerca, cruzando las piernas para que la falda subiera un poco.

Él levantó la vista, ojos cafés clavándose en los suyos, con un brillo juguetón. —Sirve pa' velocidades de hasta un giga, neta. Pa' que descargues todo rapidito, veas Netflix sin buffering... o lo que sea que hagas en línea. ¿Tú pa' qué lo quieres?

Ana rio bajito, el sonido ronco en su garganta. —Pa' todo. Trabajo, pero también... diversión. Mi conexión actual no aguanta ni un video decente.

Marco siguió trabajando, perforando la pared con el taladro que vibraba como un motor encendido. Cada golpe resonaba en el pecho de Ana, sincronizándose con su corazón latiendo fuerte. El polvo fino flotaba, pegándose a su piel húmeda. Se acercó más, ofreciéndole un vaso de agua fría del refri.

—Toma, no te me deshidrates.

—Gracias, preciosa. Tú sí que sabes atender. —Sus dedos rozaron los de ella al tomar el vaso, un toque eléctrico que la hizo jadear por dentro.

Chingado, este wey me prende como cerillo
, pensó Ana, el calor subiendo desde su vientre.

La instalación avanzaba lenta, como un coqueteo eterno. Marco tendió el cable de fibra óptica por el pasillo, gateando con el culo en pompa. Ana no pudo resistir: se agachó a ayudarlo, sus rodillas rozando las de él. —Déjame echarte la mano.

—Nel, mejor no te ensucies. Aunque... se te ve bien sucia ya —bromeó él, guiñando.

El aire se cargó de tensión, espeso como miel. Terminó de conectar el router nuevo, brillante y moderno, y lo encendió. Luces parpadeantes iluminaron la habitación tenuemente. —Listo. Prueba la velocidad.

Ana se sentó frente a la laptop, fingiendo checar, pero su mente estaba en otro lado. El zumbido del equipo nuevo era hipnótico, como un latido compartido. Se volteó hacia él, tan cerca que sentía su aliento cálido en la nuca.

—Gracias, Marco. Eres un salvavidas. ¿Qué tal si te invito una chela pa' celebrar?

Él dudó un segundo, pero la miró con hambre. —Órale, pero solo si me dejas probar algo más.

El beso llegó como tormenta: labios urgentes chocando, lenguas danzando con sabor a agua fría y deseo reprimido. Ana lo jaló hacia la cama, quitándole el overol con manos temblorosas. Su pecho desnudo era un mapa de músculos duros, vello oscuro humedecido por sudor. Olía a macho puro, terroso y adictivo. Ella gimió cuando él le arrancó la blusa, exponiendo sus tetas firmes al aire acondicionado que por fin prendió.

Eres una chulada, murmuró Marco, lamiendo su cuello, bajando a los pezones que se endurecieron como piedras bajo su lengua áspera. Ana arqueó la espalda, uñas clavándose en su espalda, el roce de la sábana áspera contra su piel desnuda avivando el fuego.

Se tumbaron, cuerpos enredados en un vaivén lento al principio. Manos explorando: las de él masajeando sus muslos, abriéndose paso al calor húmedo entre sus piernas. Ella jadeaba, el sonido de su respiración entrecortada mezclándose con el zumbido del router. Sus dedos entraron suaves, curvándose justo ahí, donde el placer se acumulaba como una ola.

—Más, pendejo, no pares —suplicó Ana, voz ronca, mientras le bajaba el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y palpitante, venosa como el cable que acababa de instalar. La tomó en la boca, saboreando la sal de su piel, el gemido gutural de él vibrando en su garganta.

La habitación olía a sexo crudo: almizcle de arousal, sudor fresco, el leve aroma a plástico nuevo del equipo. Marco la volteó, poniéndola a cuatro patas, falda arremangada. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándola hasta el fondo. Ana gritó de placer, el estiramiento exquisito, sus paredes apretándolo como guante.

Embestidas rítmicas, piel contra piel chapoteando húmedo. Él le jalaba el pelo suave, ella empujaba hacia atrás, caderas chocando con fuerza. Triara Telmex sirve pa' esto, pensó ella fugazmente, riendo entre gemidos, la velocidad de sus cuerpos igualando la promesa de esa conexión ultra rápida.

El clímax se acercó gradual, tensiones internas rompiéndose. Ana sintió el orgasmo nacer en su clítoris, expandiéndose como descarga eléctrica por la fibra óptica nueva. Convulsionó alrededor de él, gritando su nombre, uñas rasguñando las sábanas. Marco la siguió segundos después, gruñendo como animal, llenándola con chorros calientes que goteaban por sus muslos.

Colapsaron jadeantes, cuerpos pegajosos entrelazados. El ventilador zumbaba sobre ellos, enfriando el sudor que perlaba sus pieles. Marco la besó la frente, suave ahora.

—Neta, Triara Telmex sirve pa' conectar de verdad —dijo él, riendo bajito.

Ana sonrió, trazando círculos en su pecho.

Esto es lo que necesitaba: velocidad, conexión profunda, placer sin cortes
. Afuera, la ciudad bullía indiferente, pero en su depa, el mundo se había reducido a ese afterglow tibio, prometiendo más instalaciones en el futuro.

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