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Trío Ojos Vendados

6942 palabras

Trío Ojos Vendados

La brisa salada del Pacífico entraba por las ventanas abiertas de la villa en Puerto Vallarta, trayendo el rumor constante de las olas rompiendo en la playa. Tú estabas recostada en el sofá de mimbre, con un vestido ligero de algodón que se pegaba un poco a tu piel por el calor húmedo de la noche. Marco, tu novio, se servía otro vaso de tequila reposado, su torso bronceado brillando bajo la luz tenue de las velas. Sofía, la amiga de la universidad que siempre había tenido esa chispa juguetona, se reía mientras se quitaba las sandalias, sus pies descalzos pisando el piso de loseta fresca.

¿Por qué carajos acepté esta idea loca? pensabas, mientras el corazón te latía un poquito más rápido. Habían estado platicando toda la tarde sobre fantasías, con el sol poniéndose en un espectáculo de naranjas y rosas. Marco, con esa sonrisa pícara que te derretía, había soltado la propuesta: un trío ojos vendados. Nada de ver, solo sentir. Sofía, con sus ojos cafés chispeantes, había dicho

¡Órale, neta que suena chido! ¿Verdad, carnala?
Y tú, entre risas y un par de margaritas, habías asentido. Ahora, el aire se sentía cargado, como antes de una tormenta tropical.

Marco se acercó, su olor a loción de coco y hombre mezclándose con el del mar. Sus manos grandes, callosas de tanto surfear, siempre me vuelven loca. Te tendió un pedazo de seda negra, suave como un susurro.

¿Lista, mi reina? Los ojos vendados primero para ti. Así confías en nosotros.
Asentiste, mordiéndote el labio. La tela se deslizó sobre tus párpados, bloqueando la luz. De repente, el mundo se volvió tacto, sonido y olfato. Escuchabas la respiración de Sofía, un poco acelerada, y el tintineo de los hielos en su vaso.

Acto primero: la anticipación. Tus manos tanteaban el aire, buscando anclas. Un dedo rozó tu brazo, ¿de quién? Suave, con uñas cortas pintadas de rojo. Sofía. Qué piel tan suave tiene, como terciopelo caliente. Se acercó más, su aliento cálido en tu cuello, oliendo a menta y vino tinto.

Relájate, güey. Solo vamos a explorarte.
Marco rio bajito, su voz grave vibrando en tu pecho. Sus labios rozaron tu oreja, enviando escalofríos hasta tus muslos. El vestido se levantó despacio, el aire fresco besando tus piernas desnudas. Sentías sus presencias a ambos lados, como un calor envolvente.

La tensión crecía con cada roce. Sofía trazaba círculos en tu muslo interior con la yema de los dedos, ligera como pluma, haciendo que tu piel se erizara. Marco desabrochaba tu sostén por detrás, su aliento áspero contra tu espalda. No mames, se siente eterno este juego. El sonido de sus respiraciones se mezclaba con el lejano romper de olas, un ritmo hipnótico. Tus pezones se endurecieron al aire, y un gemido escapó de tus labios cuando Sofía los rozó con la lengua, húmeda y tibia, saboreando tu sal.

En el medio del acto, la escalada. Te recostaron en la cama king size, las sábanas de hilo egipcio frescas contra tu espalda ardiente. Sin vista, cada sensación se amplificaba. Oías el zipper de Marco bajando, el frufrú de la ropa de Sofía cayendo.

Qué rico hueles, como a mar y deseo
, murmuró ella, su voz ronca. Sus labios bajaron por tu vientre, dejando un rastro húmedo que se secaba al instante con el ventilador del techo. Marco tomó tu mano, guiándola a su verga dura, palpitante. La piel aterciopelada sobre acero, venas marcadas que sentías latir bajo tus dedos. ¡Puta madre, qué grande está! Siempre me impresiona.

Sofía separó tus piernas con gentileza, su aliento caliente en tu concha ya empapada. El primer lametón fue eléctrico: lengua plana, lenta, saboreando tus jugos como néctar. Gemiste alto, arqueando la cadera. Marco se arrodilló junto a tu cabeza, rozando su glande contra tus labios. Abriste la boca, el sabor salado y almizclado invadiéndote, mientras chupabas con hambre, oyendo sus gruñidos guturales.

Así, mi amor, trágatela toda
. Sofía metía dos dedos ahora, curvándolos justo en ese punto que te hacía ver estrellas invisibles, su pulgar en tu clítoris hinchado.

La intensidad subía como la marea. Cambiaron posiciones; sentiste a Marco deslizándose dentro de ti, llenándote de golpe, su grosor estirándote deliciosamente. Neta, es como si me partiera en dos, pero qué chingón se siente. Sofía se sentó en tu cara, su panocha húmeda presionando tus labios. La probaste: dulce y salada, con un toque de su excitación pura. Lamías su clítoris, oyendo sus jadeos agudos,

¡Ay, wey, no pares! ¡Sigue así!
. Marco embestía rítmico, sus bolas golpeando tu culo, el sonido carnoso mezclándose con los chasquidos húmedos de tu boca en Sofía.

Intercambiaron. Ahora Sofía te penetraba con un strapon suave que habían traído, su movimiento experto, mientras Marco te besaba el cuello, mordisqueando. Sin ojos, imaginabas sus cuerpos entrelazados: el sudor goteando, pieles chocando, olores a sexo crudo y sudor fresco. Tus orgasmos venían en olas; el primero te sacudió como un rayo, contrayendo cada músculo, gritando contra la piel de Marco. Se siente como volar sin alas. Ellos no paraban, prolongando el placer hasta el borde del delirio.

Marco quitó tu venda por fin, pero el trío ojos vendados continuaba para ellos. Los vendaste a los dos, riendo nerviosa. Verlos así, Marco con su mandíbula tensa, Sofía mordiéndose el labio, te encendió de nuevo. Tocaste sus cuerpos a placer: los abdominales duros de él, los senos firmes de ella. Los guiaste, besos ciegos, lenguas enredadas. Sofía gemía mientras Marco la penetraba, y tú lamías donde se unían, saboreando la mezcla de sus esencias.

El clímax final fue un torbellino. Marco te tomó por detrás, doggy style, mientras Sofía se acostaba debajo, lamiendo tu clítoris y la verga que entraba y salía. El roce doble te volvió loca; sentías cada vena, cada contracción.

¡Me vengo, cabrones! ¡Ya!
gritaste, el orgasmo explotando en colores detrás de tus párpados cerrados voluntariamente. Marco rugió, llenándote con chorros calientes, y Sofía tembló bajo ti, alcanzando su pico con un alarido.

En el afterglow, se derrumbaron en un enredo de miembros sudorosos. Quitaron las vendas, riendo entre jadeos. La luz de la luna entraba ahora, bañando sus rostros sonrojados. Marco te besó la frente,

Eres increíble, mi vida
. Sofía acurrucó su cabeza en tu pecho,
Neta, el mejor trío ojos vendados ever
. El mar susurraba afuera, calmando los pulsos acelerados. Esto nos cambió, nos unió más. ¿Repetimos mañana? pensaste, sonriendo en la oscuridad compartida, con el sabor de ellos aún en tu lengua y su calor envolviéndote como una manta viva.

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