Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tríos Cogiendo con Pasión Desenfrenada Tríos Cogiendo con Pasión Desenfrenada

Tríos Cogiendo con Pasión Desenfrenada

6202 palabras

Tríos Cogiendo con Pasión Desenfrenada

La noche en Puerto Vallarta olía a mar salado y a jazmín fresco, con esa brisa caliente que te eriza la piel como una caricia prohibida. Yo, Ana, acababa de llegar de un viaje de trabajo en la Ciudad de México, cansada de la rutina de oficina y con ganas de soltarme el pelo. Me puse un vestido rojo ceñido que me marcaba las curvas, tacones altos y me lancé a la fiesta en la playa del hotel. La música reggaetón retumbaba, cuerpos bailando pegados bajo las luces de neón, y el aire cargado de sudor y deseo.

Ahí los vi: Marco y Sofía. Él, alto, moreno con ojos verdes que te desnudan con la mirada, camisa blanca abierta mostrando un pecho tatuado con un águila mexicana. Ella, Sofía, una morena despampanante con labios carnosos y un bikini cubierto por un pareo transparente que dejaba ver sus pechos firmes. Bailaban juntos, pero sus ojos se clavaron en mí como si ya supieran lo que iba a pasar. Me acerqué al bar, pedí un michelada bien fría, y de pronto sentí su presencia detrás de mí.

¿Qué carajos estoy haciendo? Solo vine a relajarme, pero estos dos... neta, me prenden como nadie.

"Órale, güerita, ¿vienes sola?", me dijo Marco con esa voz ronca que vibra en el pecho. Sofía se pegó a mi lado, su mano rozando mi brazo, oliendo a coco y vainilla. "Ven a bailar con nosotros, no seas mala", agregó ella, guiñándome un ojo. Bailamos, sus cuerpos contra el mío, manos inocentes al principio que se volvían atrevidas. Marco me ceñía la cintura, su verga ya dura presionando mi culo, mientras Sofía me besaba el cuello, su aliento caliente en mi oreja. El deseo crecía como una ola, el corazón latiéndome a mil.

Al rato, Sofía susurró: "¿Has probado tríos cogiendo? Nosotros somos expertos, y tú pareces lista para la acción". No pude resistir. Subimos a su villa en la colina, con vista al mar negro y estrellado. La puerta se cerró con un clic que sonó como promesa.

En la sala amplia, con sillones de cuero suave y velas parpadeando, nos sirvieron tequila reposado. El líquido quemaba la garganta, aflojando inhibiciones. Sofía se sentó en mis piernas, sus tetas rozando mi cara, y me besó. Sus labios eran suaves, con sabor a sal y ron, lengua juguetona explorando mi boca. Marco nos miraba, quitándose la camisa, su piel bronceada brillando bajo la luz tenue.

Siento su calor, su olor a hombre mezclado con el de ella... Dios, esto es lo que necesitaba, soltarme por completo.

Mis manos subieron por la espalda de Sofía, desatando el pareo. Su piel era seda caliente, pezones duros como piedritas bajo mis dedos. Ella gimió bajito, un sonido que me mojó al instante. Marco se acercó, arrodillándose frente a nosotras, besando mis muslos por encima del vestido. "Quítatelo todo, mamacita", ordenó con voz juguetona. Obedecí, el vestido cayendo como una cascada roja. Desnuda, vulnerable pero empoderada, los vi devorarme con los ojos.

Nos movimos al cuarto, cama king size con sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Sofía se recostó, abriendo las piernas, su concha rosada y húmeda brillando. "Ven, Ana, prueba", me dijo. Me incliné, inhalando su aroma almizclado, dulce como miel. Mi lengua la lamió despacio, saboreando su jugo salado, mientras ella arqueaba la espalda y jadeaba: "¡Ay, sí, así, no pares!". Marco detrás de mí, sus dedos abriendo mis nalgas, lengua en mi ano y luego en mi clítoris, chupando con hambre. El placer era eléctrico, ondas subiendo por mi espina.

El calor subía, sudores mezclándose, olores intensos de sexo llenando el aire. Marco se puso de pie, su verga gruesa y venosa palpitando. "Chúpala, Ana", pidió Sofía. La tomé en mi boca, salada y caliente, garganta acomodándose a su tamaño mientras ella me masturbaba, dedos expertos en mi clítoris hinchado. Gemidos ahogados, succiones húmedas, el sonido obsceno de carne contra carne. Tríos cogiendo como este eran un sueño, todo consensual, todo puro fuego mutuo.

Cambié de posición, yo encima de Sofía en 69, nuestras conchas devorándose mutuamente. Lenguas danzando, dientes rozando labios sensibles, jugos chorreando por barbillas. Marco nos untó lubricante fresco, olor a fresa, y penetró mi culo despacio. El estiramiento ardía delicioso, lleno, su verga pulsando dentro mientras yo lamía a Sofía con furia. Ella gritó: "¡Cógeme también, pendejo!", y él sacó su verga de mí para hundirla en ella, ritmos alternos que nos volvían locas.

El dolor se mezcla con placer, mi cuerpo tiembla, oigo sus respiraciones jadeantes, siento cada vena de su verga... voy a explotar.

La intensidad crecía. Marco nos follaba a turnos, verga reluciente de nuestros jugos, bolas golpeando nalgas con palmadas sonoras. Sofía y yo nos besábamos, tetas aplastadas, pezones frotándose. "Más rápido, cabrón", le exigí, y él obedeció, embistiendo como animal. Mis paredes se contraían, orgasmo acercándose como tormenta. Primero ella: cuerpo convulsionando, chillidos agudos, concha contrayéndose alrededor de su verga. Luego yo, olas de éxtasis rompiéndome, gritando su nombre, líquido caliente saliendo de mí.

Marco no tardó, sacando su verga para eyacular en nuestras tetas, semen caliente y espeso goteando, olor fuerte a macho satisfecho. Nos lamimos mutuamente, saboreando el resultado de nuestra locura compartida.

Después, tumbados enredados, pieles pegajosas enfriándose con la brisa marina entrando por la ventana. Sofía acariciaba mi pelo, Marco besaba mi hombro. "Neta, eso fue chingón", dije riendo bajito. Ellos asintieron, ojos brillando con complicidad. No hubo promesas, solo esa conexión profunda, empoderadora.

Me siento viva, completa. Tríos cogiendo así cambian todo, te hacen dueña de tu placer.

Al amanecer, el sol tiñendo el mar de oro, nos despedimos con besos lentos. Bajé a la playa, arena fresca bajo pies descalzos, el eco de gemidos aún en mis oídos. Sabía que volvería por más, porque esa noche había despertado algo salvaje en mí.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.