Ill Try Anything Once Chords Sensuales
El bar en la Condesa bullía de vida esa noche de viernes. Tú, con tu falda ajustada y un top que dejaba ver justo lo suficiente, entraste buscando algo que te sacara de la rutina. El olor a tequila reposado y cigarros se mezclaba con el sudor de la gente bailando. De pronto, un sonido te detuvo: las cuerdas de una guitarra acústica vibrando con acordes hipnóticos. Te acercaste al escenario improvisado, y ahí estaba él, un wey de unos treinta, moreno, con barba recortada y ojos que brillaban bajo las luces tenues. Tocaba los ill try anything once chords, esa rola de The Strokes que siempre te había puesto en mood aventurero. Sus dedos bailaban sobre el mástil, produciendo un rasgueo suave, casi erótico, que te erizaba la piel.
Te quedaste mirándolo, sintiendo cómo el ritmo se colaba en tu pecho, acelerando tu pulso.
Neta, este carnal sabe lo que hace. ¿Y si me lanzo? Ill try anything once, ¿no?pensaste, recordando las letras que habías tarareado mil veces. Cuando terminó la canción, aplausos estallaron, pero tú no aplaudiste. Te fuiste directo a la barra cerca del escenario, pediste un paloma con sal, y esperaste. No tardó en bajar, guitarra al hombro, con una sonrisa chueca que gritaba confianza.
—Qué chido tocar eso aquí, ¿verdad? —te dijo, su voz grave cortando el ruido del lugar. Olía a colonia fresca y a madera de la guitarra.
—Neta, me voló la cabeza. Esos ill try anything once chords siempre me dan ganas de probar algo nuevo —respondiste, mirándolo fijo a los ojos, dejando que tu rodilla rozara la suya "por accidente".
Se rio, un sonido ronco que te vibró por dentro. Se llamaba Alex, músico freelance, vivía cerca. Charlaron de rolas indie, de noches locas en la Roma, y el tequila fluyó. Sentías su calor acercándose, el roce casual de su brazo en tu piel desnuda del hombro. La tensión crecía como una cuerda a punto de romperse.
Órale, güey, este wey me prende cañón. ¿Me voy con él? ¿Por qué no? Una vez en la vida...
Media hora después, salían juntos al fresco de la noche. Caminaron unas cuadras hasta su depa en una casa vieja pero chula, con plantas en el balcón. Adentro, el lugar olía a incienso y café molido, posters de bandas en las paredes, la guitarra en su soporte como un invitado más.
—Toca algo para mí —le pediste, sentándote en el sofá de piel gastada.
Tomó la guitarra, se sentó a tu lado, tan cerca que sus muslos se pegaron. Empezó de nuevo con los ill try anything once chords, más despacio, íntimo. El sonido llenaba la habitación, vibrando en tus huesos. Extendiste la mano, tocaste sus dedos en el diapasón. —Enséñame —dijiste, tu voz ronca ya.
Sus manos grandes cubrieron las tuyas, guiándote sobre las cuerdas. Sentiste la aspereza de las yemas callosas, el calor de su piel contra la tuya. El roce era eléctrico, enviando chispas directo a tu entrepierna.
Pinche calor, ya estoy mojada nomás con esto. Qué rico se siente su toque...Cada acorde que tocaban juntos era una caricia, su aliento en tu cuello mientras te corregía la posición. La guitarra entre sus piernas, y tú imaginando otras cosas ahí.
No aguantaste más. Giraste el rostro, tus labios rozaron los suyos. Fue un beso suave al principio, exploratorio, saboreando el tequila en su lengua. Pero pronto se volvió hambriento, sus manos en tu nuca, tirando de ti. Te levantó en brazos como si no pesaras nada, llevándote a la cama deshecha en el cuarto contiguo. El colchón crujió bajo su peso cuando te recostó, sus ojos devorándote.
—¿Estás segura? —preguntó, voz entrecortada, besando tu clavícula.
—Simón, wey. Ill try anything once —respondiste, arqueando la espalda para que te quitara el top. Tus chichis saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada. Él gimió, bajando la boca a uno, chupando con hambre, la lengua girando en círculos que te hicieron jadear. Olías su aroma masculino, mezclado con el tuyo de excitación, ese olor almizclado que inunda el aire.
Manos por todos lados: las tuyas en su cabello, tirando suave; las suyas desabrochando tu falda, bajando las tangas empapadas. Te abrió las piernas, besando el interior de tus muslos, la barba raspando delicioso.
Ay, cabrón, no pares. Siento mi concha palpitando, rogando por su lengua.Cuando llegó ahí, lamió lento, saboreando tus jugos, el clítoris hinchado bajo su presión. Gemiste fuerte, las caderas moviéndose solas, el sonido húmedo de su boca llenando la habitación. El placer subía en olas, tensándote los músculos.
Pero querías más, algo nuevo. —Quiero probarte todo —dijiste, empujándolo para que se recostara. Le quitaste la playera, revelando pecho firme, vello oscuro. Bajaste el zipper, liberando su verga dura, gruesa, venosa, goteando precum. La tomaste en la mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada. La lamiste desde la base, saboreando el salado, hasta meterla en tu boca profunda. Él gruñó, manos en tu pelo, pero sin forzar, solo guiando.
Neta, qué chingona se siente tenerlo así, poderoso en mi boca.
La tensión escalaba. Te subiste encima, frotando tu humedad contra él, lubricándolo. Bajaste despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te llenaba, estirándote perfecto. —¡Qué rico, wey! —gemiste, empezando a moverte, las caderas en círculos. Él te agarró las nalgas, amasándolas, un dedo rozando tu ano juguetón.
¿Y si...? Ill try anything once.Le guiñaste, y él entendió. Sacó lubricante del cajón —preparado el carnal—, untó su dedo y el tuyo. Exploraron juntos, suave, tu ano cediendo al placer nuevo, prohibido pero tan empoderador. Mientras cabalgabas su verga, el dedo entraba y salía, duplicando las sensaciones. Sudor perlando sus cuerpos, pieles chocando con palmadas húmedas, gemidos mezclados con el eco lejano de la ciudad.
La intensidad creció, tus paredes contrayéndose alrededor de él, el orgasmo acechando. Cambiaron: te puso a cuatro, entrando de nuevo, profundo, su vientre contra tus nalgas. El dedo volvió, ahora dos, abriéndote mientras te cogía fuerte. Olías el sexo puro, sentías cada vena de su verga frotando tu punto G, el ano ardiendo placero.
¡No mames, voy a explotar! Este wey me está volviendo loca.
—¡Ya, Alex, dame todo! —gritaste, y él aceleró, gruñendo tu nombre. El clímax te golpeó como un rayo, olas de placer convulsionando tu cuerpo, jugos chorreando. Él se corrió segundos después, caliente dentro de ti, colapsando sobre tu espalda, besos en tu nuca.
Quedaron enredados, respiraciones agitadas calmándose. El aire olía a semen, sudor y satisfacción. Te giraste, besándolo lento, saboreando el afterglow.
Pinche noche épica. Probar algo nuevo con este wey... valió cada acorde.Él sonrió, acariciando tu mejilla.
—¿Otra rola mañana? —preguntó.
—Simón, pero con más ill try anything once chords —respondiste, riendo bajito. La noche se cerraba en paz, con promesas de más aventuras, el corazón latiendo aún al ritmo de esas cuerdas sensuales.