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Trio Ardiente Con Mi Vecina

7140 palabras

Trio Ardiente Con Mi Vecina

Todo empezó una tarde calurosa en mi depa de Polanco, donde el sol de la Ciudad de México pegaba como plomo derretido. Yo, Alex, un vato de treinta pirulos que trabaja en marketing digital, vivía solo en un edificio chido con vista al parque. Al lado mío estaba Karla, mi vecina, una morra de curvas de infarto, tetas firmes que se marcaban bajo las blusas escotadas y un culo que parecía esculpido por los dioses. Pelo negro largo, ojos cafés que te desnudaban con una mirada, y una risa que me ponía la verga dura al instante.

La neta, desde que me mudé hace seis meses, nos la pasábamos coqueteando en el elevador o en la azotea. "Órale, vecino, ¿ya te cansaste de verte las manos solitas?", me soltaba con guiño pícaro mientras subía las bolsas del súper. Yo le seguía la corriente: "Neta, Karla, si no fuera por ti, ya estaría pidiendo pizza con extra de soledad". Pero nunca pasaba de ahí, hasta esa noche de viernes.

Estaba yo tirado en el sofá, con una chela fría viendo el fut en la tele, cuando tocaron la puerta. Abrí y ahí estaba ella, con un vestido rojo pegado al cuerpo que dejaba poco a la imaginación, el escote profundísimo y unos tacones que la hacían ver como diosa azteca. Detrás, su amiga Sofía, otra mamacita de piel morena, labios carnosos y un body atlético de gym adicta. "¡Vecino! ¿Nos invitas unas chelas? Traemos vino y ganas de fiesta", dijo Karla con esa voz ronca que me erizaba la piel.

¿Qué chingados? ¿Un trío con mi vecina? Neta, eso solo pasa en los pornitos, pensé mientras las dejaba pasar, el corazón latiéndome como tambor de mariachi. El aire se llenó de su perfume, una mezcla de vainilla y jazmín que me invadió las fosas nasales. Sofía se sentó en el sofá, cruzando las piernas bronceadas, y Karla directo en mi regazo, como si nada. "Relájate, carnal, somos vecinas de confianza", murmuró pegadita a mi oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo.

Empezamos con chelas y el vino tinto que trajeron, charlando pendejadas sobre el pinche tráfico y los weyes culeros del gym. La música de reggaetón sonaba bajito de fondo, ese dembow que te hace mover las caderas sin querer. Poco a poco, las risas se volvieron toques casuales: la mano de Karla en mi muslo, Sofía rozándome el brazo al pasar el vaso. Sentía el calor de sus cuerpos, el sudor ligero perlando sus cuellos, oliendo a deseo fresco.

"Sabes, Alex, Sofía y yo hemos platicado de ti", confesó Karla de repente, sus dedos trazando círculos en mi pierna. Mi verga ya estaba semi-dura, palpitando contra el pantalón. "

¿De mí? ¿Y qué decían esas lenguas viperinas?
", pregunté tratando de sonar cool, pero la voz me salió ronca. Sofía se rio, inclinándose para que viera el valle entre sus chichis. "Que eres un pendejo guapo y que nos morimos por un trío con mi vecina tuyo, o sea, contigo de por medio".

El ambiente se cargó de electricidad. Karla se paró y empezó a menearse al ritmo de la música, el vestido subiéndose un poco para mostrar el encaje negro de sus calzones. "Ven, baila conmigo", me jaló. Sus caderas chocaban contra las mías, sintiendo su culo redondo apretado contra mi paquete. Sofía se unió, sandwichándome entre ellas. Manos por todos lados: las de Karla bajando por mi pecho, las de Sofía en mi espalda baja. Olía a sus pieles mezcladas, salado y dulce, y el sabor de sus labios cuando Karla me besó primero, lengua juguetona explorando mi boca como si fuera un tesoro.

La tensión subía como volcán. No mames, esto es real. Dos morras calientes queriendo devorarme. Nos fuimos al cuarto, tropezando entre risas y besos. Karla me quitó la playera, lamiendo mi pecho, mordisqueando mis pezones hasta que gemí. "Qué rico sabes, vecino, a hombre de verdad", susurró. Sofía se desvistió despacio, revelando tetas perfectas con piercings plateados que brillaban bajo la luz tenue. Su coño depilado relucía ya húmedo cuando se bajó los tangas.

Las tres bocas se unieron en un beso caótico, lenguas enredándose, saliva tibia goteando. Yo chupé los labios de Sofía, salados y suaves, mientras Karla me bajaba el pantalón y liberaba mi verga tiesa como poste. "Mira qué vergonzota, Sofi", dijo admirándola, y las dos se arrodillaron. Sentí sus lenguas alternando: Karla lamiendo el tronco venoso, Sofía chupando la cabeza hinchada, succionando con fuerza que me hacía jadear. El sonido obsceno de mamadas expertas llenaba el cuarto, mezclado con mis gruñidos y sus gemiditos ahogados.

Las recosté en la cama king size, el colchón hundiéndose bajo nuestros pesos. Empecé con Karla, besando su cuello perfumado, bajando a sus tetas pesadas. Las mamé con hambre, sintiendo los pezones endurecidos como caramelos duros contra mi lengua. Ella arqueaba la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón, no pares!". Sofía observaba, tocándose el clítoris hinchado, dedos mojados chapoteando. Luego la volteé, metiendo la cara entre sus nalgas firmes. Lamí su ano rosado y luego su coño empapado, sabor a miel salada que me volvía loco. Ella temblaba, chorros de jugos corriendo por mi barbilla.

Sofía no se quedó atrás. La puse a cuatro patas, admirando su culo atlético. Karla se acostó debajo, lamiéndole las tetas mientras yo embestía despacio. Mi verga entró en Sofía como en terciopelo caliente, apretada y resbalosa. "¡Neta, qué rico te sientes!", gritó ella, clavándome las uñas. Empujaba fuerte, el slap-slap de piel contra piel resonando, sudor chorreando por nuestras espaldas. Karla metía dedos en el coño de Sofía, frotando su clítoris, haciendo que se corriera primero: un grito gutural, coño contrayéndose alrededor de mi pija, chorros calientes salpicando las sábanas.

Cambié a Karla, que ya rogaba: "Fóllame, Alex, hazme tuya". La penetré de misionero, sus piernas envolviéndome la cintura, talones clavados en mi raja. Sofía se sentó en su cara, y Karla la comía con fruición, lengua hundida en el coño chorreante de su amiga. Yo bombardeaba, sintiendo cada vena de mi verga rozando sus paredes internas, el olor almizclado de sexo impregnando todo. Gemidos, jadeos, el crujir de la cama... Karla se vino como loca, mordiéndome el hombro, su coño ordeñándome la leche.

No aguanté más. Saqué la verga palpitante y las dos se arrodillaron de nuevo. "Córrete con nosotras, carnal", suplicó Sofía. Chorros espesos de semen caliente salpicaron sus caras, lenguas extendidas lamiendo cada gota. El sabor salado en sus labios cuando se besaron, compartiendo mi esencia.

Nos derrumbamos en la cama, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El cuarto olía a sexo crudo, a satisfacción profunda. Karla acurrucada en mi pecho, Sofía en mi espalda, sus respiraciones calmándose. "Eso fue el mejor trío con mi vecina de mi vida", murmuré riendo bajito. Ellas asintieron, besándome la piel. Sabía que esto no era el fin, solo el principio de noches locas en el edificio. El corazón latiendo tranquilo, el cuerpo saciado, me dormí pensando en lo chingón que es la vida cuando la suerte te sonríe así.

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