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Error While Trying To Run Project Unable To Start Debugging Mi Deseo

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Error While Trying To Run Project Unable To Start Debugging Mi Deseo

Estaba sentada en mi escritorio, en el depa que compartía con Carlos en la Condesa, con el olor a café recién molido flotando en el aire fresco de la noche mexicana. La pantalla de la laptop brillaba con ese maldito mensaje: "error while trying to run project unable to start debugging". Órale, qué coraje. Llevábamos horas tratando de sacar adelante este pinche proyecto de software para una app de delivery, pero nada. Carlos, mi carnal en el trabajo y algo más en la cama, se paseaba detrás de mí, rascándose la cabeza, con su playera ajustada marcando esos músculos que tanto me gustaban.

Ya valió, Ana, piensa en otra cosa, me dije, pero el calor de su cuerpo cerca hacía que mi mente divagara. Su aroma, mezcla de jabón y sudor ligero del día largo, me llegaba directo al cerebro. Quería decirle que dejáramos la compu y nos echáramos un buen revolcón, pero neta, el deadline nos tenía agobiados.

—Güey, ¿por qué no arranca? —preguntó Carlos, inclinándose sobre mi hombro. Su aliento cálido rozó mi oreja, y sentí un escalofrío bajarme por la espalda. Sus manos se apoyaron en el escritorio, enmarcándome, y su pecho casi tocaba mi espalda. El roce fue eléctrico, como si la tensión del código se hubiera transferido a mi piel.

—No sé, cabrón. Sale ese error while trying to run project unable to start debugging y ya. Como si el proyecto se negara a correr —respondí, girando un poco la cabeza para verlo. Sus ojos cafés, intensos, me clavaron la mirada. Ahí estaba, la chispa. La frustración del trabajo se mezclaba con ese deseo que siempre andaba latente entre nosotros.

Me levanté despacio, rozando mi culo contra su entrepierna. Fue "accidental", pero los dos sabíamos que no. Él soltó un gruñido bajo, de esos que me ponían la piel de gallina.

—Ana, no mames, que no es momento —dijo, pero su voz ronca lo delataba. Sus manos fueron a mi cintura, apretando suave, sintiendo el calor de mi piel a través de la blusa ligera.

¿Y si lo dejamos por hoy? Solo un rato, para desestresarnos. Neta lo necesito, pensé, mientras mi corazón latía como tambor en desfile.

Acto uno: la escena estaba puesta. El depa con luces tenues, la ciudad zumbando afuera por la ventana, tacos de suadero a medio comer en la mesa. Nosotros dos, sudados de tanto teclear, listos para que el verdadero "proyecto" arrancara.

Lo volteé hacia mí, mis manos subiendo por su pecho firme. Sentí los latidos acelerados bajo mis palmas, el olor de su piel salada invadiéndome. Nuestros labios se encontraron en un beso hambriento, de esos que saben a café y urgencia. Su lengua exploró mi boca, saboreando el dulzor de mi gloss de fresa, mientras yo mordía suave su labio inferior.

—Ven, vamos a la recámara —susurré contra su boca, jalándolo por la playera. Él me levantó en brazos como si no pesara nada, riendo bajito.

—Sí, jefa. Hora de debuggear esto de otra forma.

En el cuarto, la cama king size nos esperaba con sábanas frescas de algodón egipcio. Lo tiré sobre ella, quitándome la blusa con un movimiento fluido. Mis tetas, libres bajo el bra negro de encaje, se movieron al ritmo de mi respiración agitada. Carlos se incorporó, ojos devorándome, y me jaló hacia él. Sus manos grandes amasaron mi piel, pulgares rozando mis pezones que se endurecieron al instante. Un gemido se me escapó, sonido gutural que rebotó en las paredes.

El calor subía, el aire se cargaba con el aroma almizclado de nuestra excitación. Bajé la mano a su pantalón, sintiendo su verga dura presionando contra la tela. Qué chingona se siente, gruesa y lista, pensé, mientras la liberaba. La tomé en mi puño, piel suave y venosa latiendo, y él siseó entre dientes.

—Ana, qué rico... chúpamela, porfa.

Me arrodillé entre sus piernas, el suelo alfombrado suave bajo mis rodillas. Lamí la punta, saboreando la gota salada de precum, luego lo engullí despacio, mi lengua girando alrededor del glande. Él metió los dedos en mi pelo, guiándome sin fuerza, solo con deseo puro. Los sonidos: mis labios chupando húmedos, sus jadeos roncos, el slap suave de mi boca. Olía a hombre, a sexo inminente.

Pero no quería que terminara tan pronto. Me subí encima, frotando mi concha mojada contra su verga a través de mi tanga. El roce era fuego, mi clítoris hinchado rogando atención. Él rasgó la tela con un dedo, exponiéndome al aire fresco, y metió dos dedos dentro. Estaban calientes, gruesos, curvándose para tocar ese punto que me hacía arquear la espalda.

—Estás chorreando, nena. Qué húmeda —murmuró, voz grave como trueno lejano.

Acto dos: la escalada. Mis caderas se movían solas, cabalgando sus dedos mientras besaba su cuello, lamiendo el sudor salado. Inner struggle: Quiero que me coja ya, pero savoréalo, haz que suplique. Le mordí el lóbulo de la oreja, susurrando guarradas mexicanas:

—Cógeme duro, Carlos. Métemela hasta el fondo, cabrón.

Él volteó, poniéndome bocabajo, nalga en alto. El azote vino ligero, juguetón, dejando un calor rosado en mi piel. Luego su lengua: lamió mi raja desde atrás, saboreando mis jugos, chupando mi ano con delicadeza perversa. Grité, enterrando la cara en la almohada, el olor a lavanda mezclándose con mi esencia dulce y salada.

La tensión crecía, pulsos acelerados, pieles pegajosas de sudor. Sus dedos volvieron a mi clítoris, frotando círculos rápidos mientras su verga rozaba mi entrada. Ahora, ya, no aguanto.

Se hundió en mí de un solo empujón, llenándome por completo. El estiramiento delicioso, paredes apretándolo como guante. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida enviando ondas de placer desde mi centro al cerebro. Sonidos: carne contra carne, slap slap húmedo, mis gemidos ahogados, sus gruñidos animales.

—¡Qué chingón te sientes! Tan apretada, tan mía —jadeó, manos en mis caderas, tirando de mí contra él.

Cambié de posición, montándolo a mí. Control total. Mis tetas rebotaban con cada salto, pezones rozando su pecho. Él las atrapó en su boca, succionando fuerte, dientes rozando. El orgasmo se acercaba, como un código compilando perfecto después del error.

Recordé el mensaje en la pantalla: error while trying to run project unable to start debugging. Pero este proyecto sí corre, y qué bonito, pensé entre espasmos.

Acto tres: la liberación. Aceleré, mis uñas clavándose en sus hombros, dejando medias lunas rojas. El clímax me golpeó como tormenta en el desierto: contracciones violentas, jugos chorreando por su verga, grito largo y liberador. Él me siguió segundos después, hinchándose dentro, chorros calientes pintando mis paredes. Colapsamos, entrelazados, respiraciones entrecortadas sincronizándose poco a poco.

El afterglow: suaves caricias en mi espalda, besos perezosos en mi frente. El olor a sexo impregnaba el cuarto, sudor y semen mezclado con nuestro perfume. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero nosotros en nuestra burbuja.

—Neta, Ana, eso fue mejor que cualquier debug exitoso —dijo riendo bajito, su mano trazando círculos en mi nalga.

—Sí, amor. Mañana arreglamos el pinche proyecto. Hoy, ganamos.

Me acurruqué contra su pecho, escuchando su corazón calmarse. El deseo satisfecho, pero sabiendo que volvería. En este depa, entre códigos y pasiones, todo fluía perfecto. Fin del proyecto nocturno, inicio de algo eterno.

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