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La Ninfómana de Lars von Trier

6965 palabras

La Ninfómana de Lars von Trier

Estaba en mi depa en la Condesa, un viernes por la noche que pintaba para ser cualquiera. El calor de la ciudad se colaba por las ventanas aunque el ventilador zumbaba como loco. Neta, traía un calorón que me tenía sudando no solo por el clima. Me serví un tequila reposado con limón y sal, el ardor en la garganta me despertó más el deseo. ¿Qué chingados voy a hacer esta noche? pensé mientras revisaba Netflix. Ahí estaba, brillando en las recomendaciones: Nymphomaniac de Lars von Trier. La había oído tanto, wey, que al final le di play. No tenía idea de que me iba a prender como mecha.

La pantalla se llenó de esa mujer cruda, contando su vida de placeres sin freno. Charlotte Gainsbourg con esa mirada rota pero hambrienta. El sonido de las respiraciones pesadas, los gemidos ahogados, el roce de pieles húmedas. Sentí un cosquilleo en las nalgas, subiendo por la espalda. Mis pezones se pusieron duros contra la blusa ligera de algodón, y entre las piernas, pinche humedad que empapaba mis panties. Me recargué en el sofá, las piernas abiertas sin darme cuenta, la mano bajando sola por mi vientre.

Órale, esto es demasiado real. Quiero ser como ella, una ninfómana sin vergüenza, devorando vergas como si no hubiera mañana.
El olor a mi propia excitación flotaba en el aire, salado y dulce, mezclado con el tequila.

Apagué la tele a la mitad del primer volumen. No aguantaba más. Saqué el celular y abrí Tinder. Ahí estaba Diego, el morro alto y guapo que había matcheado hace días. Foto en la playa de Puerto Escondido, sonrisa pícara. Le mandé mensaje: "¿Vienes ya o qué? Traigo ganas de chingarme la noche". Respondió en dos minutos: "En camino, preciosa. Llego en 20". Me levanté de un brinco, me metí a bañar. El agua caliente caía como lluvia sobre mi piel morena, jabón de lavanda resbalando por mis tetas firmes, por mi panocha depilada que palpitaba. Me toqué un poco, el clítoris hinchado y sensible, pero paré. No, ahorita viene lo bueno.

Su llamada sonó puntual. Abrí la puerta en shortcito y crop top, sin bra. Diego entró oliendo a colonia fresca y sudor varonil, camiseta ajustada marcando pectorales. "¡Hola, nena! ¿Qué traes?" dijo con esa voz grave que me erizó la piel. Lo jalé adentro, cerré la puerta y lo besé sin preámbulos. Sus labios gruesos sabían a chicle de menta, la lengua invadiendo mi boca con hambre. Sus manos grandes me apretaron las nalgas, levantándome contra la pared. Qué rico su cuerpo duro contra el mío, pensé mientras gemía bajito. "Vi Nymphomaniac de Lars von Trier", le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. "Me puso como perra en celo". Él rio ronco: "¿En serio? Entonces hagamos nuestra versión, ¿no?"

Nos movimos al sofá sin soltarnos. Le quité la camiseta, besando su pecho lampiño, lamiendo el sudor salado que perlaba su piel. Él me arrancó el crop top, chupando mis tetas con avidez. "Qué chingonas están", murmuró, los dientes rozando los pezones. Un escalofrío me recorrió, directo a la concha que ya chorreaba. Me hincó de rodillas, desabrochando su jeans. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, la cabeza morada brillando de precúm. Olía a hombre puro, almizclado y potente. La tomé con ambas manos, pinche monstruo, y la metí a la boca. Él gruñó, enredando dedos en mi pelo negro largo. Chupé despacio al principio, saboreando la piel salada, la vena latiendo en mi lengua. Luego más rápido, garganta profunda, saliva goteando por mi barbilla.

Soy la ninfómana de Lars von Trier, cabrón. Trágatela toda.

Diego me levantó como pluma, me quitó el short y las panties de un jalón. Me tendí en el sofá, piernas abiertas invitándolo. Él se hincó entre mis muslos, inhalando profundo. "Hueles a miel, wey". Su lengua atacó mi panocha, lamiendo desde el ano hasta el clítoris. Gemí fuerte, arqueando la espalda. El sonido húmedo de su boca chupando mis labios mayores, el roce áspero de su barba incipiente en mis muslos internos. Qué chido, no pares. Metió dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, mientras succionaba el botón hinchado. El orgasmo me pegó como rayo, jugos salpicando su cara, cuerpo temblando, grito ahogado en la almohada. "¡Sí, Diego, chúpame más!"

Pero no paré ahí. La película me había despertado algo salvaje. Lo empujé al piso, me subí encima en vaquera. Su verga rozó mi entrada, resbalosa y lista. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, me llenaba hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué grande! Empecé a mover las caderas, lento al inicio, el roce interno mandando chispas por mi espina. Él me agarraba las tetas, pellizcando pezones, ojos clavados en los míos. "Eres una diosa ninfómana", jadeó. Aceleré, panocha apretándolo como guante, sudor goteando de mi frente al su pecho. El slap-slap de carne contra carne llenaba el depa, mezclado con nuestros jadeos. Cambiamos a perrito, él embistiendo duro desde atrás, bolas golpeando mi clítoris. Olía a sexo puro, sudor, jugos, tequila derramado.

Esto es mejor que Lars von Trier, neta. Mi cuerpo grita por más.

Lo volteé boca arriba, quise control. Montándolo de reversa, rebotando como resortera, mis nalgas chocando su pelvis. Él metió un dedo en mi ano, lubricado con mis jugos, y el doble placer me volvió loca. Otro orgasmo, este más profundo, contracciones ordeñando su verga. "¡Me vengo, pinche Diego!" grité, uñas clavadas en sus muslos. Él resistió, volteándome para misionero. Piernas en sus hombros, penetrando profundo, besos feroces. "Córrete adentro, lléname", le rogué. Sus embestidas se volvieron erráticas, gruñendo como animal. Sentí su verga hincharse, el chorro caliente inundándome, mezclándose con mis jugos. Colapsamos juntos, pulsos latiendo al unísono, respiraciones entrecortadas.

Nos quedamos así un rato, enredados en el piso fresco. Su semen goteaba de mi panocha, cálido y pegajoso en mis muslos. Lo besé suave, probando el sabor salado de su cuello. Qué chingón todo. Se levantó por agua, regresó con dos vasos helados. Brindamos desnudos, riendo de lo intenso. "Eres increíble, como sacada de esa peli de Lars von Trier", dijo él, acariciándome el pelo. Yo sonreí, sintiéndome poderosa, empoderada en mi deseo.

No soy adicta, soy libre. Mi ninfomanía es mía, consensual y gloriosa.
La noche no terminó ahí; lo llevé a la cama para ronda dos, más lenta, exploratoria. Caricias perezosas, lenguas trazando mapas en pieles sensibles. Al amanecer, se fue con promesa de repeat. Me quedé en las sábanas revueltas, oliendo a nosotros, el cuerpo saciado pero con un brillo nuevo. La ninfómana de Lars von Trier había despertado en mí, y no la iba a dormir nunca más.

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