Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Sistema Caido Intentalo de Nuevo Mas Tarde Sistema Caido Intentalo de Nuevo Mas Tarde

Sistema Caido Intentalo de Nuevo Mas Tarde

6491 palabras

Sistema Caido Intentalo de Nuevo Mas Tarde

Estabas sentada en el sillón de tu depa en la Condesa, con el ventilador zumbando perezosamente contra el bochorno de la noche mexicana. La pantalla de tu cel brillaba en la penumbra, iluminando tu rostro mientras chateabas en esa app de ligues calientes que tanto te gustaba. Qué chido, pensabas, el tipo del otro lado parecía perfecto: alto, moreno, con una foto de perfil que mostraba unos brazos fuertes y una sonrisa pícara. Se llamaba Alex, y la plática ya iba subiendo de tono.

"Quiero lamerte entera, nena", te escribió él. Tu cuerpo respondió al instante, un cosquilleo húmedo entre las piernas. Tecleaste rápido: "Ven y hazlo, wey, estoy mojadísima pensando en tu verga dura". El corazón te latía fuerte, el aire olía a tu perfume mezclado con el sudor ligero de la humedad. Estabas a punto de mandarle tu ubicación cuando, de repente, la pantalla parpadeó. Sistema down please try again later. ¿Qué chingados? Intentaste recargar, pero nada. Otra vez el mismo mensaje: system down please try again later. Frustración pura te invadió, como si te hubieran apagado el fuego justo cuando ardía más.

Te levantaste, molesta, el shortcito ajustado rozando tus muslos.

¿Por qué siempre pasa esto cuando la cosa se pone buena?
pensaste. Decidiste salir, no ibas a quedarte ahí con las ganas. Te pusiste un vestido negro ceñido que marcaba tus curvas, sin bra, solo tanguita. El espejo te devolvió una mirada ardiente: tetas firmes, labios rojos, pelo suelto. Agarraste las llaves y bajaste a la calle, donde el bullicio de la Condesa te recibió con música de antros y risas de borrachos felices.

Entraste al bar de la esquina, luces neón parpadeando, olor a tequila y cigarros. Pediste un margarita helado, el vaso sudando en tu mano. Ahí lo viste: Alex, en carne y hueso, sentado en la barra con una chela en la mano. ¿Coincidencia o destino? Tu pulso se aceleró. Te acercaste, coqueta: "Qué onda, wey, ¿también te jodió el sistema?". Él giró, ojos grandes y oscuros clavándose en ti. "¡Neta! Sistema down please try again later, justo cuando te iba a proponer vernos. Soy Alex". Su voz grave te erizó la piel, un aroma a colonia fresca con toque de sudor masculino invadiéndote.

Charlaron un rato, riendo del maldito error técnico. La tensión crecía con cada mirada, cada roce accidental de rodillas bajo la mesa. "Eres más rica en persona", murmuró él, su mano grande posándose en tu muslo. Sentiste el calor de su palma a través del vestido, un escalofrío subiendo por tu espina. "Vamos a mi depa, está cerca", dijiste, voz ronca de deseo. Él asintió, pagó la cuenta y salieron tomados de la mano, el aire nocturno cargado de promesas.

En el elevador del edificio, no aguantaron más. Sus labios chocaron contra los tuyos, beso hambriento, lenguas enredándose con sabor a tequila y menta. Sus manos te apretaron el culo, levantándote contra la pared fría. Gemiste bajito, sintiendo su verga dura presionando tu monte de Venus. "Te quiero ya, nena", gruñó en tu oído, mordisqueando el lóbulo. El ding del elevador los separó, pero el fuego ya rugía.

Entraron al depa, luces bajas, el ventilador girando lento. Te quitó el vestido de un tirón, exponiendo tus tetas al aire. Sus ojos se devoraron la vista: pezones duros como piedras. "Qué chingonas", dijo, chupando uno con hambre, lengua girando mientras su mano bajaba a tu tanga empapada. Sentiste sus dedos hurgando, abriendo tus labios húmedos, rozando el clítoris hinchado. Pinche delicia, pensaste, arqueando la espalda. Olía a sexo incipiente, a tu jugo mezclado con su sudor.

Lo empujaste al sillón, queriendo tomar control. Te arrodillaste, desabrochaste su jeans. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, goteando precum. La olfateaste: almizcle puro, masculino. La lamiste desde la base, saboreando la sal, hasta meterla entera en tu boca. Él jadeó, manos en tu pelo: "Sí, así, cabrona, chúpamela rica". El sonido obsceno de succión llenaba la habitación, tu baba corriendo por su tronco. Lo miraste desde abajo, ojos lujuriosos, viendo su cara de placer contorsionada.

No quisiste que se viniera aún. Te levantaste, te quitaste la tanga y te sentaste a horcajadas. Su verga rozó tu entrada, resbaladiza de miel. "Cógeme, Alex", suplicaste. Bajaste despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te abría, llenándote hasta el fondo. ¡Ay, wey! gritaste, el estirón delicioso. Empezaste a moverte, caderas girando, tetas rebotando. Él te agarró la cintura, embistiéndote desde abajo, piel contra piel chapoteando.

El ritmo subió, sudor perlando sus músculos, tu clítoris frotándose contra su pubis. Gemidos llenaban el aire: "Más duro, pendejo", lo azuzabas. Sus manos amasaban tus nalgas, un dedo rozando tu ano, prometiendo más. Cambiaron posición: te puso en cuatro, verga entrando como pistón. Sentías cada vena, cada golpe contra tu cervix, olas de placer subiendo. "Estás apretadísima, nena, me vas a ordeñar", ronqueó él, palmada juguetona en tu culo que te hizo mojar más.

La tensión crecía, tu vientre contrayéndose.

Ya viene, ya mero
, pensabas, uñas clavándose en las sábanas. Él aceleró, bolas golpeando tu clítoris. El orgasmo te explotó: grito ahogado, pussy convulsionando alrededor de su verga, jugos chorreando. Él no tardó, gruñendo como animal, llenándote de leche caliente, pulso tras pulso.

Colapsaron juntos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Su brazo te rodeó, beso suave en la frente. "Mejor que cualquier app, ¿verdad?", murmuró. Reíste bajito, oliendo su cuello, sintiendo su corazón latir contra el tuyo. El ventilador secaba el sudor, dejando un frescor bendito. El sistema puede caerse mil veces, pensaste, pero esto es real.

Se quedaron así un rato, platicando pendejadas, risas mezcladas con caricias. Él te contó de su curro en una startup tech, irónico después del system down. Tú le dijiste de tus noches solitarias en la ciudad. No hubo promesas, solo esa conexión carnal perfecta. Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, se despidieron con otro polvo rápido, matutino y tierno. Saliste a la calle, piernas flojas, sonrisa satisfecha. La vida en México era así: impredecible, caliente, llena de sorpresas que ningún servidor podía predecir.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.