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El Trío con Estrella de Belén

6442 palabras

El Trío con Estrella de Belén

Imagina que estás en una villa playera en Puerto Vallarta, el sol del atardecer tiñe el cielo de naranjas y rosas, mientras el rumor de las olas choca suave contra la arena blanca. Tú, un wey de treinta y tantos, vienes de un viaje de negocios en Guadalajara, pero decidiste quedarte unos días para desconectar. El aire huele a sal marina mezclada con coco de las bebidas que sirven en el bar de la piscina. Ahí la ves por primera vez: Estrella de Belén, una morra de curvas que quitan el aliento, con piel morena brillando bajo el sol poniente, ojos negros como la noche chiapaneca y un vestido ligero que se pega a sus chichis firmes y su culazo redondo.

Órale, guapo, ¿vienes solo? —te dice con esa voz ronca, juguetona, mientras se acerca contoneando las caderas. Su perfume es una bomba de jazmín y vainilla que te invade las fosas nasales, haciendo que tu verga dé un salto en los shorts.

Le sonríes, sintiendo el pulso acelerarse en las sienes.

¿Qué pedo, carnal? Esta chava es puro fuego, neta que parece salida de un sueño caliente.
Te platica que es de Belén de los Andaquíes, en Chiapas, pero vive en la CDMX modelando y bailando en fiestas exclusivas. "Soy la Estrella de Belén, wey, ilumino las noches", dice riendo, y tú sientes su mano rozar tu brazo, un toque eléctrico que eriza tu piel.

La tensión crece cuando llega su amiga, Karla, una culona de cabello negro largo y labios carnosos pintados de rojo. Las dos son como diosas selváticas, con cuerpos esculpidos por horas de gym y playa. Beben margaritas contigo en la piscina infinita, el hielo tintineando en los vasos, el agua fresca lamiendo sus piernas bronceadas. Estrella se sienta en tu regazo, su culo caliente presionando tu entrepierna, y Karla te besa el cuello, su aliento cálido oliendo a tequila y limón.

¿Qué tal si armamos un trío Estrella de Belén? —susurra Estrella al oído, su lengua rozando tu lóbulo—. Yo soy la estrella principal, pero Karla y tú me vas a hacer explotar.

Tu corazón late como tamborazo zacatecano, el calor subiendo por tu pecho. Sí, pendejo, esto es real, piensas, mientras sus manos exploran tu torso bajo la camisa.

La noche cae como manta negra salpicada de estrellas, y las tres suben a tu suite. El aire acondicionado zumba suave, contrastando con el bochorno de sus cuerpos. Cierran la puerta, y Estrella te empuja contra la cama king size, las sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo tu peso. Karla enciende velas aromáticas que llenan la habitación de olor a canela y ámbar, sombras danzando en las paredes blancas.

Estrella se quita el vestido lento, como stripper pro, revelando tetas perfectas con pezones oscuros endurecidos, y un tanga que apenas cubre su panocha depilada.

Neta, su coñito brilla, húmedo ya, oliendo a deseo puro, a miel salvaje de la selva chiapaneca.
Karla se desnuda igual, su cuerpo más voluptuoso, con estrías sexys en las caderas que invitan a morder. Tú te sacas la ropa rápido, tu verga parada como asta, venosa y gruesa, palpitando al aire fresco.

Ven, papi, chúpame las chichis —ordena Estrella, montándose en tu cara. Su sabor es salado-dulce, jugos calientes goteando en tu lengua mientras la lames despacio, círculos en su clítoris hinchado. Gime bajito, "¡Ay, wey, qué rico!", sus muslos temblando contra tus mejillas, el olor almizclado de su excitación embriagándote.

Karla se arrodilla entre tus piernas, su boca caliente envolviendo tu pinga. Sientes su lengua girando en la cabeza, succionando con fuerza, saliva chorreando por tus huevos. El sonido es obsceno: slurp, slurp, mezclado con los jadeos de Estrella. Tus manos aprietan las nalgas de Karla, dedos hundiéndose en carne suave, mientras tu lengua penetra a Estrella, saboreando cada contracción de su interior.

La tensión sube como volcán. Cambian posiciones: tú de rodillas, Estrella a cuatro patas, su culazo alzado como ofrenda. Le metes la verga despacio, centímetro a centímetro, sintiendo su concha apretada ordeñándote, caliente y resbalosa. "¡Más duro, cabrón!" grita, y tú embistes, piel contra piel plaf plaf, sudor perlando vuestros cuerpos. Karla se acuesta debajo, lamiendo donde se unen, su lengua en tus huevos y el clítoris de Estrella.

Esto es el paraíso, carnal. Sus gemidos se mezclan con el viento del mar filtrándose por la ventana, el corazón retumbando en tus oídos, cada roce enviando chispas por tu espina.
Estrella se corre primero, un chorro caliente mojando las sábanas, cuerpo convulsionando, uñas clavándose en tus muslos. "¡Me vengo, pinche rico!"

Karla te monta después, cabalgando como amazona, sus tetotas rebotando, pezones rozando tu pecho. Su panocha es más jugosa, chorreando, el sonido de squish squish llenando el cuarto. Estrella besa tu boca, lengua danzando con la tuya, sabor a sexo compartido. Aceleras, manos en la cintura de Karla, follando hacia arriba con furia contenida.

El clímax se acerca como ola gigante. Sientes el orgasmo bullendo en tus bolas, el pulso en tu verga hinchándose. —Córrete adentro, amor, lléname —suplica Karla, ojos vidriosos. Explotas, chorros calientes inundándola, mientras ella grita su placer, concha contrayéndose en espasmos. Estrella se une, frotando su clítoris contra tu muslo, viniéndose de nuevo en un temblor compartido.

Caen los tres enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aroma a sexo impregna todo: esperma, jugos femeninos, perfume mezclado. Afuera, las olas siguen su ritmo eterno, como banda sonora de la noche.

Estrella acaricia tu pecho, Karla tu cabello. —El mejor trío Estrella de Belén de mi vida, wey —dice Estrella, besándote suave. Tú sonríes, exhausto pero pleno, el cuerpo pesado de placer satisfecho.

En este momento, sientes que México es puro éxtasis, que estas morras son estrellas que iluminan tu alma, no solo tu verga. ¿Volverá a pasar? Neta, ojalá.

Duermes entre ellas, el calor de sus cuerpos acunándote, soñando con más noches así, con el sabor de la Estrella de Belén en los labios.

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