Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Para Que Sirve El Try En Python Bajo Tu Piel Para Que Sirve El Try En Python Bajo Tu Piel

Para Que Sirve El Try En Python Bajo Tu Piel

6713 palabras

Para Que Sirve El Try En Python Bajo Tu Piel

Estabas sentada en ese café hipster de la Condesa, con el laptop abierto y el cursor parpadeando como si se burlara de ti. El aroma del café de chiapas recién molido te envolvía, mezclado con el dulce de los churros que pasaban en la barra. Habías venido a este meetup de programadores porque neta, el curso online de Python te traía de pelos. Ese pinche try-except no te entraba en la cabeza. ¿Para qué sirve el try en Python? ¿Para qué chingados?

Entonces lo viste. Alto, con barba recortada, camisa ajustada que marcaba sus hombros anchos y unos ojos cafés que te clavaron directo al estómago. Se acercó con su latte en mano, sonriendo como si supiera todos tus secretos. Órale, pensaste, este güey está buenísimo.

¿Y si le preguntas? Total, nomás es un programador como tú. No pierdes nada.

—Hola, ¿luchando con código? —dijo, sentándose sin pedir permiso, su voz grave retumbando en tu pecho como un bajo electrónico.

Le contaste tu drama. Él se rio, suave, y te pidió ver tu pantalla. Sus dedos rozaron los tuyos al tomar el mouse, un toque eléctrico que te erizó la piel. Para qué sirve el try en Python, empezó a explicar, inclinándose cerca. Su aliento olía a menta y café, cálido en tu oreja.

—Mira, el try es para probar cosas sin que todo se vaya al carajo. Pones tu código riesgoso adentro, y si sale mal, el except lo atrapa. Es como un condón para tu programa: seguridad total para experimentar.

Te quedaste mirándolo, el corazón latiéndote como tambor en una fiesta. Seguridad para experimentar. La idea te prendió algo profundo, un calor que subía desde tu vientre. ¿Y si probabas con él? Hacía meses que no sentías esa chispa, desde que tu ex te dejó por una tipa de oficina. Pero este güey, Alex, te hacía mojar las bragas con solo su voz.

—Suena chido —dijiste, mordiéndote el labio—. Oye, ¿me enseñas más? ¿En privado?

Él arqueó la ceja, sonrisa pícara. —Claro, carnala. Vivo a dos cuadras. Vamos a mi depa y te muestro todo sobre el try.

Salieron del café, el sol de la tarde bañándolos en oro. Caminaban rozándose los brazos, la tensión crepitando como estática. Su departamento era un loft luminoso, con plantas colgando y una cama king size visible desde la sala. Olía a sándalo y limpio, nada de desorden de soltero.

Se sentaron en el sofá, laptops abiertas. Él tecleaba, explicando ejemplos. —Para qué sirve el try en Python: imagina que divides por cero, boom, error. Pero con try, lo manejas suave. Pruebas, fallas, aprendes.

Sus rodillas se tocaban. Extendiste la mano, rozando su muslo. —Quiero probar algo contigo, Alex. Sin errores, solo placer.

Él dejó el laptop, ojos oscuros de deseo. —¿Estás segura? —preguntó, voz ronca.

Sí, güey. Consiente total. Enséñame a usar el try en la vida real.

Acto dos, la escalada. Sus labios cayeron sobre los tuyos, suaves al principio, probando como código en sandbox. Sabían a café y hambre. Tus lenguas danzaron, húmedas, explorando. Sus manos subieron por tu blusa, dedos callosos de tanto teclear rozando tu piel desnuda. Qué rico, pensaste, el vello de tus brazos erizándose.

Te quitó la blusa despacio, besando tu cuello, chupando el lóbulo de tu oreja. Gemiste bajito, el sonido vibrando en la habitación silenciosa. Olías su aroma masculino, sudor fresco mezclándose con tu perfume de vainilla. Tus pechos se apretaron contra su torso duro, pezones endureciéndose como botones listos para click.

Neta, este hombre me va a volver loca. Cada toque es un commit perfecto.

Lo empujaste al sofá, desabrochando su camisa. Su pecho lampiño, músculos tensos bajo tus uñas. Bajaste, besando su abdomen, sintiendo su pulso acelerado contra tu lengua. Él jadeaba, manos en tu pelo. —Prueba esto, murmuró, guiándote a su pantalón.

Lo bajaste, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen que lamiste como miel. Salado, cálido, adictivo. La chupaste despacio, probando ritmos, su gemido ronco llenando el aire. Try this, except too fast, bromeaste en tu mente, riendo alrededor de él.

Te levantó, llevándote a la cama. Sábanas frescas de algodón egipcio besaron tu espalda desnuda cuando te quitó el resto. Sus ojos devoraban tu cuerpo: curvas mexicanas, caderas anchas, nalgas firmes. —Eres una diosa, dijo, besando tu ombligo, bajando.

Su lengua en tu clítoris fue fuego. Lamió suave, círculos, succionando. Tus jugos lo empapaban, olor almizclado de excitación flotando. Arqueaste la espalda, uñas en su cuero cabelludo. —¡Más, pendejo! —gritaste juguetona, piernas temblando.

La tensión subía, como un loop infinito de placer. Él metió dos dedos, curvándolos, tocando ese punto que te hacía ver estrellas. Para qué sirve el try, pensaste mareada, para esto: fallar no existe, solo gozo. Orgasmos pequeños te sacudían, preparándote para el grande.

Te volteó, poniéndote a cuatro. Su verga rozó tu entrada, resbalosa. —¿Lista para el commit? —bromeó.

¡Métela ya!

Entró lento, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Llenándote, pulsando dentro. Empezó a bombear, piel contra piel chapoteando húmedo. Sudor perlando sus músculos, goteando en tu espalda. Agarró tus caderas, embistiendo profundo, bolas golpeando tu clítoris.

Cambiaron posiciones, probando como en código. Tú encima, cabalgando, pechos rebotando, sus manos amasándolos. Luego de lado, cucharita, su aliento en tu nuca. Cada try era mejor, intensificando el fuego. Tus paredes lo apretaban, ordeñándolo.

El clímax llegó como crash glorioso. —¡Me vengo! —gritaste, cuerpo convulsionando, jugos chorreados. Él rugió, llenándote caliente, semen derramándose dentro.

Acto tres, el afterglow. Colapsaron enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. Su corazón latía contra tu pecho, respiraciones sincronizadas. Besos suaves, perezosos. Olía a sexo puro, almizcle y satisfacción.

¿Ves? —murmuró él, acariciando tu pelo—. Para qué sirve el try en Python: para atreverse sin miedo. Como nosotros.

Te acurrucaste, el peso de su brazo protector. Neta, pensaste, esto fue perfecto. No más bugs en mi vida sexual. Mañana, más código... y más tries.

El sol se ponía, tiñendo la habitación de rosa. Te quedaste ahí, en paz, sabiendo que habías debuggeado tu deseo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.