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La Crema Tri que Despierta Pasiones

6353 palabras

La Crema Tri que Despierta Pasiones

Estás en tu departamento en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas sheer, pintando rayas doradas en el piso de madera. El aire huele a café recién hecho y a las flores frescas que compraste en el mercado. Te llamas Alexa, pero hoy solo eres mujer, piel y deseo. En la mesa de centro, el frasco de Crema Tri brilla bajo la luz, ese regalo exótico que tu amante, Diego, te trajo de su viaje a la costa. "Es triple: vainilla, coco y algo secreto que te va a poner la piel en llamas", te dijo con esa sonrisa pícara que te deshace.

Lo ves entrar por la puerta, alto, moreno, con la camisa blanca ajustada marcando sus pectorales. "Wey, qué chido verte así de relajada", murmura mientras se acerca, su voz grave como un ronroneo. Te besa el cuello, y sientes el cosquilleo subir por tu espina.

¿Por qué carajos me pongo nerviosa cada vez? Es Diego, mi Diego, el que me hace volar con solo una mirada.
Le pasas el frasco. "Prueba esta crema tri. Dicen que es mágica para masajes". Él ríe, ese sonido que vibra en tu pecho, y destapa el envase. El aroma explota: vainilla dulce como un postre prohibido, coco fresco de playa y un toque picante, como chile en nogada, que te hace salivar.

Te quitas la blusa despacio, dejando que el aire acaricie tus senos libres. Diego unta sus manos grandes con la crema, frotándolas hasta que brillan resbalosas. "Ven, mamacita", susurra, y te tumba boca abajo en el sofá de terciopelo. Sus palmas calientes aterrizan en tu espalda, deslizándose en círculos amplios. La crema tri es sedosa, casi líquida, y cada roce envía chispas por tus nervios. Escuchas el slap suave de piel contra piel, húmeda, y hueles esa mezcla embriagadora que impregna el cuarto. Pinche crema, ya me tiene mojadita sin tocarme ahí abajo.

Acto uno apenas comienza, pero la tensión ya palpita. Sus dedos bajan por tu espina, amasando los músculos tensos de tus hombros. "Estás dura como piedra, ricura. Relájate". Gimes bajito cuando llega a la curva de tu cintura, rozando el elástico de tus leggings. El calor de sus manos se filtra a través de la tela, y sientes tu pulso acelerarse, latiendo en tus sienes, en tu entrepierna. Él se inclina, su aliento caliente en tu oreja: "Neta, esta crema tri huele a pecado. Me estás volviendo loco". Te volteas, mirándolo a los ojos oscuros, llenos de hambre. Tus pezones se endurecen al aire, y él los mira como si fueran el premio mayor.

El medio tiempo se enciende. Te sientas a horcajadas sobre él, quitándole la camisa con urgencia. Tus uñas dejan surcos rojos en su pecho, y él gruñe, un sonido animal que te eriza la piel. Untas más crema tri en tus manos, ahora tú la esparces por su torso, bajando hasta el botón de su jeans. El olor te envuelve como niebla tropical, vainilla pegajosa mezclada con su sudor masculino, salado y almizclado. "Chíngame con las manos, Alexa", jadea, y obedeces, masajeando su abdomen marcado, sintiendo los músculos contraerse bajo tus palmas resbaladizas.

Internalizas el deseo:

Esto no es solo crema, es fuego líquido. Cada toque es una promesa de lo que viene, y mi cuerpo grita por más. ¿Cómo algo tan simple puede hacerme arder así?
Lo desabrochas, liberas su verga dura, palpitante, ya goteando pre-semen que brilla como perla. La untas con crema tri, lenta, deliberada, escuchando sus gemidos roncos, el slap de tu mano subiendo y bajando. Él te jala hacia él, besándote con lengua hambrienta, saboreando vainilla en su boca. Sus manos bajan a tu panocha, resbalando los leggings. Tocas seda mojada, tu clítoris hinchado suplicando. "Estás chorreando, puta hermosa", dice juguetón, y metes dos dedos en ti misma para mostrarle, gimiendo contra su boca.

La intensidad sube como ola en Acapulco. Te recuestas, piernas abiertas, invitándolo. Él se arrodilla, untando más crema en tus muslos internos, el fresco inicial virando a calor abrasador. Su lengua lame la crema tri de tu piel, subiendo, probando el coco mezclado con tu miel salada. Escuchas tus propios jadeos, altos, desesperados, y el chapoteo húmedo de su boca devorándote. Sus bigotes raspan delicioso, y esa crema hace todo más resbaloso, más profundo. Tus caderas se alzan, follándole la cara, y él chupa tu clítoris como caramelo derretido.

Lo jalas arriba, guiando su verga a tu entrada. Entras despacio, centímetro a centímetro, la crema lubricando todo, haciendo el desliz fricción perfecta. "¡Ay, cabrón, qué rico!", gritas, y él embiste, profundo, golpeando ese punto que te hace ver estrellas. El sofá cruje bajo nosotros, sudor y crema salpicando, olores mezclados en éxtasis: vainilla quemada, sexo crudo, coco exótico. Sus bolas chocan contra tu culo con cada thrust, slap-slap-slap rítmico como tambores mayas. Te clavas las uñas en su espalda, dejando marcas, mientras él te mama los pechos, mordisqueando pezones untados de crema.

El clímax se acerca, tensión en espiral. Cambian posiciones: tú encima, cabalgándolo como amazona, tus tetas rebotando, cabello volando. "¡Más fuerte, Diego, chíngame duro!", exiges, y él obedece, manos en tus caderas guiando el vaivén. Sientes el orgasmo construyéndose, un nudo en el vientre, pulsos en tu coño apretándolo.

Es la crema, él, nosotros: todo explota en uno. No puedo más, voy a reventar.
Gritas primero, olas de placer rompiéndote, chorros calientes mojando su pubis. Él ruge, hinchándose dentro, llenándote de leche espesa, mezclada con la crema tri, resbalando por tus muslos.

El final llega suave, afterglow envolvente. Colapsan juntos, jadeando, pieles pegajosas brillando. Él te besa la frente, suave, mientras el aroma de la crema se desvanece en el aire quieto. "Esa crema tri es lo máximo, ¿verdad? Tenemos que usarla siempre". Ríes, acurrucada en su pecho, sintiendo su corazón latir contra el tuyo. Esto no fue solo sexo, fue conexión, piel con piel, deseo compartido. Mañana pedimos más. El sol se pone, tiñendo el cuarto de rosa, y cierras los ojos, satisfecha, completa, con el sabor de vainilla aún en los labios.

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