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Tri HB Candente

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Tri HB Candente

Tú llegas a la fiesta en la playa de Cancún, el sol ya se ha escondido pero el aire sigue cargado de ese calor húmedo que se pega a la piel como una promesa. La música reggaetón retumba desde los altavoces, mezclándose con las olas rompiendo suaves contra la arena tibia. Llevas una camisa guayabera ligera, abierta en el pecho, y sientes el sudor perlando tu cuello mientras caminas entre la gente. Órale, piensas, esta noche va a estar chida.

Ahí las ves: dos morras que brillan bajo las luces de neón. Una es alta, con curvas que desafían la gravedad, pelo negro largo cayéndole por la espalda como una cascada de medianoche, y un vestido rojo ceñido que deja poco a la imaginación. La otra, más petite pero igual de fogosa, con piel morena dorada por el sol, labios carnosos pintados de rojo fuego y un top que apenas contiene sus chichis firmes. Se llaman Ana y Lupe, carnal, y de inmediato sientes esa chispa. Están bailando pegaditas, sus caderas moviéndose al ritmo, rozándose con una complicidad que te pone la verga dura al instante.

Estas dos son puro fuego, wey. Un tri HB perfecto, neta.

Te acercas con una chela en la mano, sonriendo como el pendejo confiado que eres. "Qué onda, mamacitas, ¿me invitan a la pista o qué?", les dices, y ellas se ríen, esa risa ronca y juguetona que huele a tequila y deseo. Ana te mira de arriba abajo, lamiéndose los labios. "Ven, guapo, muéstranos qué traes", responde Lupe, tomándote la mano. Su palma está cálida, suave, con un toque de sal del mar que te eriza la piel.

El baile empieza inocente, pero pronto sus cuerpos se pegan al tuyo. Sientes el calor de Ana contra tu pecho, sus chichis presionando firmes, el aroma de su perfume mezclado con sudor fresco invadiendo tus fosas nasales. Lupe se mueve atrás, su culo redondo frotándose contra tu paquete, y tú agarras sus caderas, sintiendo los músculos tensos bajo la tela delgada. La tensión crece con cada beat, sus respiraciones aceleradas rozando tu oreja, susurros calientes: "Te vemos rico, carnal". Tu pulso late fuerte, la sangre hirviendo, y sabes que esto no va a parar en la arena.

Acto uno completo, pero el verdadero show apenas arranca.

Termina la chela y propones ir a tu suite en el resort, esa con vista al mar y jacuzzi privado. "Vamos por un tri HB de campeonato", dices medio en broma, y ellas se miran, ojos brillantes de picardía. "¡Hecho, papi!", exclama Ana, y Lupe asiente, mordiéndose el labio. Caminan contigo, el viento nocturno llevando el olor a coco y mar, sus tacones hundiéndose en la arena suave. En el elevador, ya no aguantan: Lupe te besa primero, su lengua dulce invadiendo tu boca con sabor a piña colada, mientras Ana te acaricia el pecho, bajando la mano hasta rozar tu erección a través del pantalón.

Llegan a la habitación, la puerta se cierra con un clic que suena como el disparo de salida. Luces tenues, el balcón abierto dejando entrar la brisa salada. Se quitan los zapatos, y tú las sigues, desabotonando la guayabera. Ana empuja a Lupe contra la cama king size, besándola con hambre, sus lenguas danzando visibles para ti.

¡Chingado, qué espectáculo! Dos hembras bisexuales devorándose, y yo en primera fila.
Te acercas, uniéndote, besando el cuello de Ana mientras ella gime contra la boca de Lupe. Su piel sabe a sal y vainilla, cálida bajo tus labios, y sientes sus pezones endurecidos rozando tu torso desnudo.

La escalada es lenta, deliciosa. Las desvestís entre besos, revelando cuerpos perfectos: Ana con tetas grandes y redondas, pezones oscuros pidiendo atención; Lupe con un coñito depilado reluciente de anticipación, sus muslos firmes temblando. Tú te quitas todo, tu verga saltando libre, venosa y palpitante. Ellas jadean al verla. "¡Qué vergota, wey!", dice Lupe, arrodillándose para lamerla desde la base hasta la punta, su lengua caliente y húmeda dejando un rastro brillante. Ana se une, chupando tus bolas con succiones suaves que te hacen gemir, el sonido ronco saliendo de tu garganta mientras el olor almizclado de su excitación llena la habitación.

Las recuestas en la cama, abriendo las piernas de Lupe primero. Su concha está hinchada, jugosa, y metes dos dedos, sintiendo el calor viscoso apretándote. Ella arquea la espalda, gimiendo "¡Sí, así, cabrón!", mientras Ana te besa, sus uñas arañando tu espalda con placer doloroso. Cambias, lamiendo a Ana, su clítoris endurecido pulsando contra tu lengua, sabor ácido-dulce inundando tu boca. Lupe se frota contra tu cara, sus jugos chorreando por tu barbilla. La tensión sube, sus cuerpos retorciéndose, sudados y brillantes bajo la luz de la luna que entra por el balcón.

Esto es el tri HB que soñaba, puro vicio consensuado.

El clímax se acerca con gemidos cada vez más altos, mezclados con el romper de las olas lejanas. Pones a Ana a cuatro patas, embistiéndola desde atrás, su culo rebotando contra tus caderas con palmadas húmedas. Lupe se acuesta debajo, lamiendo donde se unen, su lengua rozando tu verga y el clítoris de Ana al mismo tiempo. Sientes las contracciones de Ana ordeñándote, su coño apretado como un puño caliente. "¡Me vengo, chingado!", grita Ana, temblando violentamente, sus jugos salpicando.

Cambias a Lupe, penetrándola missionary, sus piernas envolviéndote, talones clavándose en tu culo empujándote más hondo. Ana se sienta en su cara, frotándose mientras Lupe la come con avidez, lengüetazos audibles y slurpy. El ritmo acelera, tu verga hinchándose, el sudor goteando de tu frente al valle entre las chichis de Lupe. Sus paredes internas palpitan, ordeñándote, y explotas dentro de ella con un rugido gutural, chorros calientes llenándola mientras ella grita su orgasmo, vibrando alrededor tuyo. Ana se corre de nuevo, rociando el rostro de Lupe.

Colapsan los tres, un enredo de miembros sudorosos y resbaladizos. El aire huele a sexo crudo, semen y fluidos femeninos mezclados con el salitre del mar. Respiran agitados, pulsos latiendo al unísono. Tú las besas, suave ahora, sintiendo sus pieles enfriándose pegadas a la tuya.

Neta, este tri HB fue épico. ¿Repetimos mañana?

Se duchan juntos después, jabón espumoso deslizándose por curvas conocidas, risas compartidas bajo el chorro caliente. Salen al balcón envueltos en toallas, fumando un cigarro –nada heavy, solo relax– mirando el amanecer teñir el horizonte de rosa. Ana apoya la cabeza en tu hombro, Lupe entrelaza dedos con ambos. No hay promesas, solo esa conexión carnal profunda, empoderadora. Te sientes rey, ellas diosas satisfechas. La noche termina, pero el recuerdo quema, listo para encenderse de nuevo.

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