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Bad Time Trio Simulator Desnudo

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Bad Time Trio Simulator Desnudo

Tú estás ahí, sentada en tu sillón de cuero negro en tu depa chido de la Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Tus dedos tiemblan un poquito mientras abres la caja del Bad Time Trio Simulator, ese simulador erótico que tus amigas no paran de recomendar en el grupo de WhatsApp. "Es una chingonería, wey", te dijo Lupita la otra noche, con esa risa pícara que tiene. "Te vas a venir como nunca, pero agárrate porque es un bad time en el mejor sentido". Neta, la curiosidad te está comiendo viva. Te pones el visor ligero sobre los ojos, el plástico fresco contra tu piel caliente, y ajustas las correas. Un clic, y el mundo real se apaga.

De repente, el pulso de música electrónica retumba en tus oídos, grave y vibrante como un corazón latiendo fuerte. Apareces en una azotea lujosa en Polanco, luces neón parpadeando en púrpura y rojo, el skyline de la CDMX brillando allá abajo como un mar de estrellas caídas. El viento virtual acaricia tu piel desnuda —el simulador te ha puesto un vestido negro ceñido que se pega a tus curvas como una segunda piel, sin nada debajo. Sientes el roce del aire fresco en tus muslos, el olor a tequila reposado y jazmín flotando.

¿Y si es demasiado? Nah, wey, tú puedes con esto. Quieres esto.
Caminas hacia la barra iluminada, tacones resonando en el piso de cristal.

Allí están ellos, el trío que hace famoso al Bad Time Trio Simulator. Tres vatos guapísimos, altos y musculosos, con camisas abiertas mostrando pechos tatuados y sonrisas que prometen problemas del bueno. El primero, Alex, moreno con ojos verdes que te clavan como cuchillos calientes, te ofrece un trago. "Qué onda, preciosa. ¿Lista pa'l bad time?", dice con voz ronca, su aliento a menta y deseo rozando tu oreja. El segundo, Marco, rubio oxigenado con barba recortada, te roza el brazo con dedos ásperos, enviando chispas por tu espina. "Ven, siéntate con nosotros", murmura, su mano grande en tu cintura. Y el tercero, Diego, el más callado, con piel canela y labios carnosos, solo te mira, lamiéndose el labio inferior mientras su mirada baja por tu escote. El calor sube por tu pecho, tus pezones endureciéndose contra la tela fina.

Te sientas entre ellos, el cuero del sofá pegándose a tus nalgas desnudas. Alex te pasa el shot de tequila, el líquido ardiente bajando por tu garganta, quemando dulce. "Salud por los tríos que no se olvidan", brinda Marco, su pierna presionando la tuya. Hablan pendejadas al principio, riendo de chistes locales —"¿Ya viste al presidente? Ese sí que da bad time, pero nosotros te lo vamos a hacer inolvidable"— pero sus toques se vuelven intencionales. La mano de Diego sube por tu muslo interno, callada pero firme, mientras Alex te besa el cuello, su barba raspando delicioso.

Pinche simulador, se siente tan real. Mi concha ya está empapada, latiendo por más.
Intentas jugar cool, pero tu respiración se acelera, el sonido de sus voces graves mezclándose con la música.

El beso de Alex se profundiza, su lengua invadiendo tu boca con sabor a tequila y hambre pura. Marco no se queda atrás, sus labios en tu clavícula, chupando suave hasta morderte juguetón. "Qué rica hueles, wey", gruñe, inhalando profundo cerca de tu pelo. Diego, el cabrón silencioso, desliza su mano bajo tu vestido, dedos rozando tus labios hinchados. "Estás chorreando, amor", susurra al fin, su voz como terciopelo rasgado. Tú gimes bajito, arqueando la espalda, el placer eléctrico subiendo desde tu centro. Les das luz verde con un "Sí, chingenme ya", y ellos ríen, complacidos.

Te levantan como si no pesaras, llevándote a un rincón de la azotea con una cama king size bajo un dosel de luces. El colchón se hunde suave bajo tu peso, sábanas de satén fresco contra tu piel ardiente. Alex se quita la camisa, mostrando abdominales marcados que brillan con sudor virtual, y te besa mientras Marco te arranca el vestido, exponiendo tus tetas firmes al aire nocturno. Sus bocas atacan: Alex mamándote un pezón, tirando con dientes, Marco lamiendo el otro, su lengua plana y caliente. Diego se arrodilla entre tus piernas, abriéndolas ancho, su aliento caliente en tu panocha antes de meter la lengua. ¡Órale! La sensación es brutal: áspera, húmeda, chupando tu clítoris hinchado mientras sus dedos —dos, tres— se hunden en ti, curvándose justo en ese punto que te hace ver estrellas.

Tu mente da vueltas.

Esto es demasiado bueno pa' ser falso. Sus lenguas, sus manos... me van a romper de placer.
Gritas su nombre, "¡Diego, cabrón, no pares!", y él obedece, lamiendo más rápido, el sonido chapoteante de tu humedad llenando el aire junto a tus gemidos. Alex y Marco se desabrochan los pantalones, sacando sus vergas duras, gruesas, venosas. La de Alex es larga, curvada; la de Marco, gorda y recta; Diego se pone de pie, la suya imponente, palpitante. Te miran, esperando tu orden. "Córromelas", exiges, empoderada, y ellos obedecen. Tus manos envuelven dos, boca la tercera, saboreando sal y piel caliente. Chupas a Diego profundo, garganta relajada, mientras pajeas a los otros, sintiendo sus pulsos acelerados bajo tus palmas.

La tensión sube como lava. Quieres más. "Cógeme los tres", jadeas, y ellos se posicionan. Marco se acuesta primero, tú cabalgándolo, su verga llenándote hasta el fondo, estirándote delicioso. El roce interno te hace temblar, su pubis frotando tu clítoris. Alex se para frente a ti, metiéndotela en la boca mientras follas a Marco, el ritmo sincronizado haciendo que todo vibre. Diego detrás, lubricando tu ano con su saliva y tus jugos, presionando lento.

¿Puedo? Sí, sí, métela. Quiero sentirlos a todos.
Entra despacio, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis pleno cuando los tres te llenan. El estiramiento, la fricción múltiple, sus gemidos roncos —"¡Qué chingona eres, wey!"— te llevan al borde.

Mueven las caderas en armonía perfecta, el simulador amplificando cada roce: piel contra piel chapoteando, sudor goteando, olores a sexo crudo y colonia masculina mezclándose. Tus uñas clavan en los hombros de Marco, mordiendo el labio de Alex, empujando contra Diego. El orgasmo te golpea como un rayo, olas y olas contrayéndote alrededor de ellos, gritando "¡Me vengo, pinches cabrones!". Ellos siguen, prolongando tu clímax hasta que explotan uno a uno: Marco dentro de tu concha, caliente y espeso; Alex en tu boca, tragas ansiosa; Diego en tu culo, desbordando. Colapsan contigo, cuerpos entrelazados, respiraciones jadeantes calmándose.

El afterglow es puro cielo. Te besan suave ahora, caricias tiernas en tu piel sensible. "Fuiste increíble, reina", murmura Alex, lamiendo sudor de tu cuello. Marco te abraza, Diego masajea tus muslos temblorosos. El viento de la azotea enfría el sudor, el skyline parpadea como aplaudiendo.

Neta, el Bad Time Trio Simulator es adictivo. Un bad time que quiero repetir mil veces. Me siento poderosa, deseada, viva.
Te quedas ahí un rato, riendo bajito de sus bromas pendejas, antes de que el simulador parpadee: fin de sesión. Sacas el visor, el mundo real volviendo con el zumbido del AC y tu cuerpo aún palpitando, empapada de verdad. Sonríes, ya planeando la próxima corrida.

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