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El Tria Beauty Laser Despierta Mi Piel Ardiente

5608 palabras

El Tria Beauty Laser Despierta Mi Piel Ardiente

Estaba en mi depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas, y yo toda emocionada abriendo la caja del Tria Beauty Laser. Neta, lo había visto en un anuncio y pensé: "Órale, esto va a dejar mi piel más lisa que nalga de bebé". Me quitó la playera y el calzón, me paré frente al espejo del baño, admirando mi cuerpo moreno, con curvas que siempre me han hecho sentir como diosa azteca. El aparato era chido, compacto, con ese brillo plateado que prometía magia.

Me senté en el borde de la cama, abrí las piernas y encendí el Tria Beauty Laser. El primer pulso fue como un beso cálido, un zumbido suave que vibraba en mi piel. Qué rico, pensé, mientras el calor se extendía por mi monte de Venus. Olía a ozono fresco, mezclado con mi loción de vainilla. Cada flash era un zap ligero, como chispas de placer, quitando vello de raíz y dejando todo terso. Mi chucha se humedecía sola, el roce del aire acondicionado me erizaba la piel. Imaginé las manos de Marco, mi carnal con derechos, explorando esa suavidad nueva.

¡Ay, wey, si él supiera lo que estoy haciendo! Su verga dura contra esta piel lisa... me muero.

Pasé el laser por mis labios mayores, despacito, sintiendo el pulso penetrar, despertando nervios que ni sabía que tenía. Mi respiración se aceleró, pezones tiesos como piedras. Terminé y me miré: impecable, sedosa, invitando a ser tocada. Me unté crema hidratante, mis dedos resbalando, rozando mi clítoris por accidente. Un gemido se me escapó. No aguanté, me recosté y empecé a masturbarme, imaginando a Marco lamiéndome ahí.

Pero paré. Quería compartirlo. Le mandé un whats: "Ven ya, tengo sorpresa pa ti". Minutos después, la puerta sonó. Marco entró, alto, musculoso, con esa sonrisa pícara de chilango. "Qué onda, reina, ¿qué traes?". Lo jalé al cuarto, me quité la bata. Sus ojos se abrieron como platos al ver mi pubis lampiño, brillando bajo la luz tenue.

"¿Qué chingados? ¡Está de lujo!", dijo, arrodillándose. Sus dedos gruesos rozaron mi piel, suaves como pluma. "Usé el Tria Beauty Laser, carnal. Tócalo, siente lo liso". Él obedeció, pasando la yema por mi raja, abriéndome despacio. El tacto era eléctrico, mi humedad lo cubrió al instante. Olía a mi excitación, almizclada y dulce. Me besó el ombligo, bajando, su aliento caliente precalentando todo.

En el colchón king size, nos revolcamos. Sus labios chuparon mis chichis, lengua girando en las aureolas oscuras. Yo le quité la camisa, oliendo su sudor varonil mezclado con colonia Barbasol. Mis uñas arañaron su espalda, mientras él bajaba a mi entrepierna. "Pinche suavidad, Ana, me vas a matar", murmuró antes de lamer. Su lengua plana recorrió mi coño liso, saboreando cada pliegue sin vello de por medio. ¡Qué delicia! Sentía cada papila, el roce directo al clítoris hinchado. Gemí fuerte, "¡Chíngame con la boca, pendejo!". Él aceleró, chupando, metiendo dos dedos que resbalaban en mi jugo.

Mi mente volaba: el calor del laser aún latía en mi piel, amplificando todo. Lo volteé, le bajé el pantalón. Su verga saltó, venosa, cabezona, goteando precum. La olí, a macho puro, y la tragué hasta la garganta. Él gruñó, "¡Qué rica mamada, morra!". Chupé con hambre, lengua en el frenillo, bolas en mi mano. El sonido de succión llenaba el cuarto, mix con nuestros jadeos y el tráfico lejano de la avenida.

Esto es lo que necesitaba. Esa piel nueva me hace sentir puta poderosa, dueña de su placer.

Lo monté, guiando su pija a mi entrada. Despacio, centímetro a centímetro, el estirón fue glorioso. Sin vello, la fricción piel con piel era brutal, cada vena rozando mis paredes internas. Reboté, mis nalgas chocando contra sus muslos con plaf húmedos. Él me amasó las tetas, pellizcando pezones. Sudábamos, el olor a sexo impregnaba el aire, mezclado con mi vainilla. Aceleré, mi clítoris frotando su pubis, ondas de placer subiendo por mi espina.

"¡Más duro, Marco! Dame verga sin piedad", le rogué. Me volteó a cuatro patas, embistiéndome como toro. Sus bolas golpeaban mi clítoris liso, enviando chispas. Agarró mis caderas, "Tu coño está perfecto con el Tria Beauty Laser, está como terciopelo". Cada estocada profunda tocaba mi punto G, jugos chorreando por mis muslos. El cuarto retumbaba con nuestros gritos: "¡Sí, cabrón! ¡Ahí!".

La tensión crecía, mi vientre apretado, piernas temblando. Él jadeaba, "Me vengo, Ana". "¡Dentro, lléname!". Explosamos juntos. Su leche caliente inundó mi útero, pulsos calientes mientras yo contraía, ordeñándolo. Olas de éxtasis me barrieron, visión borrosa, gusto salado en la boca de morderme el labio. Colapsamos, su peso sobre mí reconfortante, verga ablandándose adentro.

Después, enredados en sábanas revueltas, fumamos un cigarro mentolado. Él acariciaba mi piel suave, "Esto del Tria Beauty Laser es lo mejor que has hecho, neta. Siento todo el doble". Reí, besándolo. Mi cuerpo zumbaba aún, satisfecho, empoderado. Afuera, la ciudad bullía, pero aquí éramos reyes del placer.

Desde esa tarde, el Tria Beauty Laser no es solo un gadget de belleza. Es mi afrodisíaco secreto, el que despierta fuegos que no se apagan fácil. Marco ya pide sesiones regulares, y yo, pues órale, con gusto le doy lo liso que se merece.

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