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Alkaline Trio Alkaline Trio Pasión Eléctrica

7058 palabras

Alkaline Trio Alkaline Trio Pasión Eléctrica

La noche en el antro de Polanco estaba chida de verdad. Las luces neón parpadeaban al ritmo de la música punk rock que retumbaba en los parlantes. Yo, Ana, bailaba con mi carnal Luis, mi mejor amigo desde la prepa, cuando de repente oí esa rola que nos volvía locos: Alkaline Trio, la banda que nos había unido en tantas pedas. "¡Órale, carnal, ahí viene otra de Alkaline Trio Alkaline Trio!", grité sobre el ruido, sintiendo el sudor pegajoso en mi piel morena mientras mi blusa ajustada se adhería a mis curvas.

Luis, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que siempre me derretían, me jaló más cerca. "Sí, mami, esta rola es pa' ponernos calientes", me susurró al oído, su aliento cálido con olor a tequila reposado rozando mi cuello. Ahí fue cuando lo vi a él: Marco, un vato alto, tatuado, con el logo de Alkaline Trio en el brazo. Se acercó bailando, su camiseta negra mojada marcando sus pectorales firmes. "¿Fans de Alkaline Trio?", preguntó con voz ronca, extendiendo la mano. Nuestras miradas se cruzaron, y sentí un cosquilleo eléctrico bajando por mi espina dorsal, como si la música nos estuviera llamando a algo más.

¿Qué chingados estoy pensando? Dos vatos guapísimos, la banda sonando, y yo aquí sintiendo que mi panocha ya se moja solo de imaginar...

Empezamos a platicar entre tragos de chela fría, el hielo tintineando en los vasos. Luis contó anécdotas de conciertos pasados de Alkaline Trio, Marco soltó carcajadas roncas que vibraban en mi pecho. El aire olía a perfume masculino mezclado con humo de cigarro y el dulce aroma de mi loción de vainilla. Mis pezones se endurecieron bajo la tela cuando Marco rozó "accidentalmente" mi cadera al pasar. Luis notó y guiñó el ojo: "Mi carnala está on fire, ¿verdad?". Reí nerviosa, pero el deseo ya ardía en mi vientre, un calor húmedo que me hacía apretar los muslos.

La tensión creció como la batería de una rola de Alkaline Trio. Salimos del antro, el viento fresco de la noche mexicana acariciando nuestras pieles calientes. Caminamos hasta el depa de Luis en la colonia Roma, riendo y cantando coros de sus canciones. Adentro, pusimos el disco completo: Alkaline Trio Alkaline Trio filling el espacio con guitarras crudas y letras crudas sobre amor y desamor que ahora se sentían proféticas.

Acto dos: la escalada

Luis sirvió shots de mezcal ahumado, el líquido quemando mi garganta mientras Marco me ceñía por la cintura desde atrás. Sentí su verga semi-dura presionando contra mi culazo, dura como piedra bajo los jeans. "Estás rica, Ana", murmuró, sus labios rozando mi oreja, enviando escalofríos por mi cuerpo. Giré y lo besé, su lengua invadiendo mi boca con sabor a sal y alcohol, mientras Luis nos miraba con ojos hambrientos, acariciando mi brazo.

No mames, esto es real. Dos hombres queriéndome, y yo empoderada, decidiendo cada paso. Quiero sentirlos, saborearlos.

Me quitaron la blusa despacio, sus manos callosas explorando mis tetas llenas, pezones oscuros erectos pidiendo atención. Luis chupó uno, succionando con fuerza, el sonido húmedo mezclándose con la guitarra distorsionada de Alkaline Trio de fondo. Marco lamió el otro, su barba incipiente raspando deliciosamente mi piel sensible. Gemí, el placer punzante bajando directo a mi clítoris hinchado. "¡Ay, cabrones, qué rico!", jadeé en mexicano puro, mi voz ronca de excitación.

Los jalé al sillón de cuero negro, que crujió bajo nuestro peso. Me arrodillé entre ellos, desabrochando sus cinturones con dedos temblorosos. Sus vergas saltaron libres: la de Luis gruesa y venosa, la de Marco larga y curvada, ambas palpitando con venas marcadas, olor musgoso a macho excitado invadiendo mis fosas nasales. Las tomé en mis manos, piel aterciopelada sobre acero duro, masturbándolas lento mientras ellas miraban, respiraciones agitadas. "Chúpala, reina", rogó Marco. Abrí la boca y engullí la de Luis primero, saboreando el precum salado, mi lengua girando alrededor del glande mientras Marco me acariciaba el pelo.

Cambié, mamando a Marco profundo, garganta relajada por la práctica solitaria pensando en fantasías como esta. Luis se metió debajo de mi falda, rasgando mi tanga empapada. "Estás chorreando, pendejita caliente", gruñó, sus dedos hundiéndose en mi concha resbaladiza, curvándose contra mi punto G. El squelch húmedo de mis jugos sonaba obsceno, mis caderas ondulando instintivamente. La música de Alkaline Trio alcanzaba el clímax de la rola, mirroring nuestra intensidad creciente.

Me recostaron, piernas abiertas como ofrenda. Luis lamió mi clítoris, lengua plana y rápida, mientras Marco besaba mi boca, ahogando mis gritos. El orgasmo se construyó lento, tensión en mis músculos, pulsos acelerados latiendo en mis sienes. "¡Vámonos, fóllame ya!", supliqué. Luis se posicionó primero, su verga embistiendo mi entrada con un thrust profundo, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardiente era perfecto, paredes vaginales apretándolo como guante.

Marco se arrodilló cerca, yo mamándolo mientras Luis me taladraba, pelvis chocando contra mi clítoris con cada embestida. Sudor goteaba de sus frentes al mío, mezclando sales y feromonas. Cambiaron: Marco entró, su curva golpeando ángulos nuevos, haciendo estrellas explotar en mi visión. "¡Más duro, cabrón!", exigí, uñas clavándose en su espalda musculosa. Luis frotaba mis tetas, pellizcando pezones, el dolor placentero amplificando todo.

La habitación apestaba a sexo crudo: jugos, sudor, semen próximo. Gemidos, slap de carne contra carne, rolas de Alkaline Trio como banda sonora punk de nuestra orgía consentida.

Acto tres: la liberación

El clímax llegó en oleadas. Primero yo, convulsionando alrededor de Marco, chorros de placer empapando sus bolas mientras gritaba "¡Me vengo, no mames!". Él se retiró, eyaculando chorros calientes en mis tetas, semen espeso y blanco cubriendo mi piel como pintura erótica. Luis tomó su turno final, follando mi boca hasta explotar, sabor amargo inundando mi lengua. Tragué ávida, lamiendo cada gota.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones jadeantes calmándose. El disco de Alkaline Trio terminó, dejando silencio roto solo por nuestros susurros. Marco acarició mi mejilla, "Eres increíble, Ana". Luis me besó la frente, "Mi reina, siempre supe que eras fuego puro". Me sentía empoderada, saciada, el afterglow calentando mi interior como sol de mediodía.

Esto fue más que sexo: conexión, música, deseo mutuo. Alkaline Trio Alkaline Trio nos unió en esta noche inolvidable, y quiero más.

Nos duchamos juntos, agua caliente lavando fluidos, manos explorando aún con ternura. Salimos envueltos en toallas, prometiendo repetir. La ciudad dormía fuera, pero en mí ardía una chispa nueva, lista para encenderse de nuevo.

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