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Tiempo Pasado de Try

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Tiempo Pasado de Try

Estaba recargado en la barra de un bar chido en Polanco, con el ruido de la música electrónica retumbando en mis oídos y el olor a tequila reposado flotando en el aire. Esa noche de hace tres años, el tiempo pasado de try, todo cambió con Karla. La vi por primera vez cruzando la pista de baile, su falda ajustada marcando las curvas de sus caderas, el sudor brillando en su clavícula bajo las luces neón. Neta, mi corazón dio un brinco, como si el mundo se hubiera puesto en pausa solo para ella. Yo, un pendejo de veintiocho años trabajando en marketing, siempre había sido bueno para el flirteo, pero con ella sentí que era mi gran chance, mi try definitivo.

¿Y si esta vez sí la armo? Ese tiempo pasado de try con otras morras no cuenta, esta es la buena.
Pensé mientras me acercaba, el vaso helado sudando en mi mano. "Órale, guapa, ¿bailas o qué?", le dije con mi mejor sonrisa, el pulso acelerado latiéndome en las sienes. Ella volteó, sus ojos cafés profundos clavándose en los míos, y soltó una risa ronca que me erizó la piel. "Si me convences, carnal", respondió con ese acento chilango puro, juguetón, moviendo las cejas. Su perfume, una mezcla dulce de vainilla y jazmín, me invadió las fosas nasales, y supe que no era solo un juego.

La invité a sentarnos en una mesa apartada, lejos del bullicio. Hablamos de todo: de la pinche vida en la CDMX, de cómo odiábamos el tráfico de Insurgentes, de sueños locos como viajar a la playa en Tulum sin planearlo. Sus manos, con uñas pintadas de rojo fuego, rozaban las mías accidentalmente, enviando chispas eléctricas por mi brazo. Cada roce era como una promesa, el calor de su piel contra la mía haciendo que mi verga empezara a despertar bajo los jeans. Neta, la tensión crecía como un volcán a punto de estallar. Le conté de mis viajes a Guadalajara, de las carnitas que extrañaba, y ella se inclinó, su escote generoso asomándose, oliendo a esa loción que me volvía loco.

"Sabes, nunca había visto a un wey tan directo", murmuró, su aliento cálido rozando mi oreja, sabor a margarita en sus palabras. La besé ahí mismo, sin pensarlo dos veces. Sus labios suaves, carnosos, se abrieron para mí, su lengua danzando con la mía en un ritmo húmedo y urgente. El mundo se redujo a ese beso: el sabor salado de su boca, el gemido bajo que escapó de su garganta vibrando contra mi pecho, sus dedos enredándose en mi cabello tirando suave. Mi mano bajó por su espalda, sintiendo la curva de su cintura, la tela de su blusa empapándose con nuestro sudor compartido.


La llevé a mi depa esa misma noche, el taxi oliendo a cuero nuevo y a su excitación creciente. Apenas cerré la puerta, nos devoramos. La empujé contra la pared del pasillo, mis manos explorando sus tetas firmes bajo la blusa, pezones endurecidos como piedritas contra mis palmas. "¡Ay, cabrón, qué rico!", jadeó ella, arqueando la espalda, sus uñas clavándose en mis hombros. Le quité la falda de un jalón, revelando unas tangas negras que apenas cubrían su coño depilado, ya húmedo y brillante. El olor almizclado de su arousal me golpeó como un puñetazo, embriagador, haciendo que mi pija palpitara dolorosamente.

Este es el try perfecto, el tiempo pasado de try que recordaré siempre. No la voy a dejar ir.
La cargué hasta la cama, su risa juguetona llenando la habitación mientras caíamos sobre las sábanas frescas. Me desabroché la camisa, y ella lamió mi pecho, bajando hasta mi abdomen, su lengua trazando círculos calientes que me hicieron gemir. "Te quiero dentro, wey, no me hagas esperar", suplicó, sus ojos vidriosos de deseo. Le arranqué las tangas, metiendo dos dedos en su calor resbaladizo, sintiendo cómo se contraía alrededor de mí, jugos calientes empapando mi mano. El sonido chapoteante de mis movimientos, mezclado con sus ¡ahhhs! agudos, era música pura.

Me puse un condón rápido, mi verga tiesa como piedra, venosa y lista. La penetré despacio al principio, saboreando cada centímetro de su interior apretado, aterciopelado, envolviéndome como un guante húmedo. "¡Más fuerte, pendejo, dámelo todo!", gritó, clavando sus talones en mi culo, empujándome más profundo. Aceleré, el slap-slap de piel contra piel resonando, sudor goteando de mi frente a sus tetas rebotando con cada embestida. Sus pezones rosados, duros, rozaban mi pecho; la mordí suave, saboreando su piel salada, mientras ella arañaba mi espalda dejando marcas rojas de placer.

La volteé a cuatro patas, admirando su culo redondo, perfecto, moviéndose al ritmo de mis manos en sus caderas. El espejo del clóset reflejaba todo: su cara de éxtasis, boca abierta, ojos entrecerrados; mi cuerpo tenso, músculos contraídos. Olía a sexo puro, a nosotros mezclados, a esa esencia cruda de deseo mexicano. "¡Me vengo, Karla, no pares!", rugí, sintiendo el orgasmo subir desde mis huevos, explosivo. Ella se corrió primero, su coño apretándome como un vicio, chorros de placer mojando las sábanas, su grito ronco: "¡Sí, chingao, sí!". La seguí segundos después, descargando dentro de ella con temblores que me sacudieron entero, el mundo blanco por un instante.


Nos quedamos tirados, jadeando, cuerpos enredados en un charco de sudor y fluidos. Su cabeza en mi pecho, el latido de su corazón calmándose contra el mío, el olor a sexo lingering en el aire como un perfume íntimo. "Eso fue chingón, carnal", murmuró, besando mi cuello, su piel pegajosa y tibia. Yo acaricié su cabello revuelto, sintiendo una paz profunda, como si ese tiempo pasado de try hubiera sido el inicio de algo grande. No fue solo un polvo; fue conexión, fuego compartido.

Los días siguientes fueron puro fuego: desayunos con chilaquiles en la azotea, paseos por el parque de Chapultepec tomados de la mano, noches de exploración mutua donde probamos posiciones locas, siempre riendo, siempre queriendo más. Ella me enseñó a soltarme, a no ser el wey calculador; yo le di seguridad, pasión sin frenos. Pero el tiempo vuela, y la vida nos separó por trabajos en ciudades distintas. Aún así, ese recuerdo, ese tiempo pasado de try, me calienta las noches solitarias.

Hoy, con otra chela en la mano en mi balcón, sonrío. Karla mandó un mensajito hace rato: "Extraño nuestro try". Neta, tal vez sea hora de un nuevo capítulo. El pasado sabe a victoria, y el futuro huele a más de ella.

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