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Videos XXX Trios Esposas que Prenden el Fuego

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Videos XXX Trios Esposas que Prenden el Fuego

La noche caía sobre la casa en el barrio de Polanco, con ese calor pegajoso de verano que se colaba por las ventanas entreabiertas. Yo, Marco, estaba recostado en la cama king size junto a mi esposa Ana, mi morena preciosa de curvas que volvían loco a cualquiera. Teníamos treinta y tantos, casados desde hace cinco años, y la rutina empezaba a picar como chile en la lengua. Esa noche, con unas chelas frías en la mano, decidimos encender la tele del cuarto y meternos en el mundo de los videos xxx trios esposas. "Mira nomás, carnal", le dije a Ana mientras el primer video cargaba, "esposas como tú, compartiendo verga con otra tipa o un cuate. ¿Te late?".

Ana se rio con esa carcajada ronca que me ponía la piel chinita, su mano ya bajando por mi pecho hasta mi short. "No mames, Marco, siempre has sido un pendejo cachondo. Pero sí, me prende ver cómo se la pasan de lujo". El video empezó: una esposa tetona, con el culo en pompa, chupando a su marido mientras otra morra le lamía el chochito. Los gemidos salían del parlante, graves y húmedos, como si estuvieran en la habitación. Olía a su perfume de vainilla mezclado con el mío de sándalo, y el aire se cargaba de esa electricidad que precede al relámpago. Sentí su aliento caliente en mi cuello, su lengua trazando un camino salado hasta mi oreja. Pinche Ana, siempre sabe cómo hacerme hervir la sangre, pensé mientras mi verga se paraba dura como palo.

Pero no nos quedamos solo en mirar. Ana apagó la tele de un jalón y me miró con ojos brillantes, pupilas dilatadas como en fiebre. "Y si lo hacemos de verdad, amor? ¿Invitamos a alguien? Piensa en Laura, mi amiga de la uni, la que siempre anda coqueteando contigo". Laura era una chava de veintiocho, soltera, con cuerpo de gym y tetas que pedían ser manoseadas. La conocía de fiestas, siempre con faldas cortas que dejaban ver sus muslos firmes. "Órale, ¿en serio?", respondí, el corazón latiéndome como tambor en quinceañera. "Llámalas ya, a ver si se anima". Ana sacó el cel, marcó, y en menos de diez minutos, Laura contestó con voz juguetona: "¡Díganme, putas! ¿Qué se trae mi Ana?".

La espera fue eterna, pero chida. Nos dimos un revolcón rápido para entrar en calor: Ana encima de mí, montándome con sus caderas anchas rebotando, su concha chorreando jugos que mojaban mis huevos. "¡Ay, cabrón, qué rico tu pedazo!", gritaba ella, uñas clavadas en mi pecho. Yo la pellizcaba las nalgas, oliendo su sudor mezclado con el aroma almizclado de su excitación. Cuando sonó el timbre, los dos jadeábamos, sudados y listos para más.

¡No mames, esto va a estar de poca madre!, pensé mientras abría la puerta.

Laura entró como huracán, vestida con un vestido rojo ceñido que marcaba cada curva, tacones que resonaban en el piso de madera. "¡Hola, tortolitos! Ana me contó todo por Whats. ¿Listos para un video xxx trios esposas en vivo?". Su perfume invadió el aire, floral y dulce, como jazmín en primavera. Nos abrazamos los tres en la sala, cuerpos pegándose con promesas. Ana la besó primero, labios carnosos chocando con un ch smack jugoso, lenguas danzando visibles. Yo las vi, la verga latiéndome en el pantalón, y me uní, besando el cuello de Laura mientras Ana me desabrochaba la camisa.

Subimos al cuarto entre risas y manoseos. La luz tenue de las velas parpadeaba en las paredes, proyectando sombras que bailaban como en un ritual. Nos quitamos la ropa despacio, saboreando el momento. Laura tenía la piel suave como seda, pezones rosados endurecidos que pedían boca. "Ven, Marco, chúpame las tetas", me ordenó con voz ronca, y yo obedecí, mamando fuerte mientras Ana se arrodillaba y nos lamía a los dos. Su lengua era fuego líquido, pasando de mi verga gorda y venosa a la concha depilada de Laura, que ya brillaba de miel. "¡Qué chingón, Ana! Eres una experta en trios", gemía Laura, muslos temblando.

La tensión subía como olla exprés. Yo las puse a las dos de rodillas en la cama, culos en alto, y las comí una por una. Primero Ana, su ano guiñándome, concha abierta y rosada chorreando. La penetré con la lengua, saboreando su salado dulce, mientras Laura me masturbaba lento, su mano experta apretando la base. "¡Más adentro, pendejo!", exigía Ana, empujando contra mi cara. Olía a sexo puro, a deseo crudo, el cuarto lleno de jadeos y el plop plop de lenguas en carne mojada. Luego cambié a Laura: su chochito era más apretado, sabor a frutas maduras, y ella gritaba "¡Sí, cabrón, cómetela toda!" mientras Ana le pellizcaba los pezones.

El clímax se armaba. Las puse en posición de cucharitas: Ana atrás de Laura, yo enfrente. Entré en Laura despacio, su concha envolviéndome como guante caliente, paredes pulsando. Ana lamía mis huevos mientras yo bombardeaba, el sonido de piel contra piel retumbando como truenos. "¡Intercámbienme, amor!", pedí, y salí para clavarme en Ana, que ya estaba al borde. Laura se metió debajo, lamiendo donde nos uníamos, lengua rozando mi verga y el clítoris de Ana. Los sentidos explotaban: tacto de pieles sudadas resbalando, olores a semen preeyaculatorio y jugos femeninos, sabores salados en besos compartidos, vistas de tetas rebotando y vergas brillantes.

Esto es mejor que cualquier videos xxx trios esposas, pinches diosas mías, pensé en éxtasis.

La intensidad creció. Cambiamos: yo de rodillas, Ana montándome de reversa, culo rebotando contra mi pubis, mientras Laura se sentaba en mi cara, moliéndome con su coño. "¡A huevo, Marco, hazme venir!", ordenaba Laura, jugos corriéndole por mi barbilla. Ana giraba las caderas como bailarina de reggaetón, su interior apretándome hasta el delirio. Gemidos se volvían gritos: "¡Me vengo, cabrones!", chilló Ana primero, cuerpo convulsionando, concha ordeñándome. Laura la siguió, ahogándome en su squirt dulce y caliente. Yo no aguanté más: saqué la verga, las dos mamándome alternadas, lenguas enredadas en mi glande hinchado. "¡Tomen, putas!", rugí, chorros espesos salpicando sus caras, tetas, bocas ávidas tragando cada gota.

Caímos exhaustos en la cama revuelta, sábanas empapadas de sudor y fluidos. El aire olía a sexo satisfecho, pesado y embriagador. Laura se acurrucó entre nosotros, dedo trazando círculos en mi pecho. "Eso estuvo de lujo, amigos. ¿Repetimos?". Ana sonrió, besándome con labios hinchados y sabor a mi semen. "Claro que sí, mi amor. Los videos xxx trios esposas son chidos, pero lo real es otra cosa".

Nos quedamos así, respiraciones calmándose, pulsos latiendo en sintonía. Pensé en cómo esa noche había reavivado el fuego de nuestro matrimonio, cómo compartir con Laura nos había unido más. Mañana sería otro día, pero esta memoria quedaría grabada, como un video eterno en la mente. Besé a mis dos reinas, saboreando la paz del afterglow, con el corazón lleno y el cuerpo rendido.

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