Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Trio de Primas Insaciables El Trio de Primas Insaciables

El Trio de Primas Insaciables

5807 palabras

El Trio de Primas Insaciables

El sol de Cancún caía a plomo sobre la playa privada de la casa que rentamos para las vacaciones familiares. Yo, Ana, había llegado temprano esa mañana, con el corazón latiéndome fuerte solo de pensar en verlas de nuevo. Mis primas, Carla y Daniela, las dos más guapas y calientes del pedigrí. Habían pasado años desde la última vez que nos juntamos así, solas, sin tíos ni primos pendejos interrumpiendo. ¿Será que aún sienten esa chispa? me pregunté mientras me untaba bloqueador en las nalguitas, sintiendo la crema resbalosa bajo mis dedos.

Carla llegó primero, bajando del taxi con un bikini rojo que apenas contenía sus tetazas. "¡Prima chula!" gritó, abrazándome tan fuerte que olí su perfume mezclado con el salitre del mar. Su piel morena brillaba, suave como terciopelo al tacto. Daniela apareció minutos después, con un pareo transparente que dejaba ver sus curvas perfectas, el cabello negro suelto ondeando con la brisa. "¡Mamacitas!" exclamó, besándonos en las mejillas, pero sus labios se demoraron un poquito más en mi cuello. El aire olía a coco y a algo más, a deseo reprimido.

Nos instalamos en la terraza con unas chelas frías, riéndonos de anécdotas viejas. "¿Recuerdan aquella vez en la boda del tío?" dijo Carla, guiñándome el ojo. "Cuando nos escapamos al cuarto y nos dimos unos besitos prohibidos." Daniela se sonrojó, pero su mirada era puro fuego.

"Puras pendejadas de niñas," pensó yo, pero el calor entre mis piernas decía otra cosa. Esa noche, el trio de primas que éramos se sentía más vivo que nunca.
La tensión crecía con cada trago, cada roce accidental de muslos bajo la mesa.

El atardecer nos pilló chapoteando en la piscina infinita, el agua tibia lamiendo nuestras pieles desnudas —nos habíamos quitado los bikinis para "broncearnos parejito". Carla se acercó por detrás, sus tetas presionando mi espalda, sus manos resbalando por mi vientre. "Estás más rica que nunca, Ana," murmuró en mi oreja, su aliento caliente oliendo a lima y tequila. Sentí sus dedos juguetones rozando mi monte de Venus, y un jadeo se me escapó. Daniela nadó hacia nosotras, sus ojos clavados en el espectáculo. "¿Qué onda, primas? ¿Ya empezaron sin mí?" Su voz era ronca, juguetona.

Salimos del agua goteando, los cuerpos relucientes bajo las luces tenues de la terraza. Nos secamos mutuamente con toallas suaves, risas nerviosas rompiendo el silencio. Esto es una locura, pero qué chingón se siente, pensé mientras Carla me besaba el hombro, mordisqueando suave. Daniela se unió, sus labios encontrando los míos en un beso salado, profundo, con lengua que sabía a mar y a fruta madura. Nuestras manos exploraban, tocando pezones endurecidos, curvas húmedas. El olor a excitación flotaba pesado, mezclado con el jazmín del jardín.

Entramos a la recámara principal, la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio. Carla me empujó juguetona, "Ponte bocarriba, prima pendeja", y se montó a horcajadas sobre mi cara, su concha depilada rozando mis labios. La probé, dulce y salada, lamiendo despacio mientras ella gemía bajito, "¡Ay, sí, así!". Daniela se acomodó entre mis piernas, su lengua experta en mi clítoris hinchado, chupando con succiones que me hacían arquear la espalda. El sonido de lenguas húmedas, jadeos ahogados y pieles chocando llenaba la habitación. Sentía sus pulsos acelerados contra mi piel, el sudor perlando nuestros cuerpos.

El deseo ardía como chile en la boca. Cambiamos posiciones, yo ahora lamiendo a Daniela mientras Carla me penetraba con los dedos, tres de ellos entrando y saliendo con ritmo perfecto. "¡Más profundo, carnala!" le suplicó Daniela, sus nalgas temblando bajo mis manos. Olía a sexo puro, a jugos mezclados, a nosotras tres convertidas en una sola bestia insaciable.

En mi mente, flashes de infancia inocente chocaban con esta pasión adulta: "Esto es nuestro, solo del trio de primas, nadie más lo entiende."
La tensión subía, mis ovarios apretados, lista para explotar.

Carla trajo el juguete de su maleta, un doble dildo de silicona suave, vibrante. "Para las primas que se quieren," dijo con picardía. Daniela y yo nos pusimos de rodillas, culo con culo, y Carla lo insertó en nosotras, encendiendo la vibración baja. El zumbido se sentía en los huesos, ondas de placer subiendo por mi espinazo. Nos movíamos al unísono, tetas rebotando, gritando "¡Chínguenme más!". Carla se masturbaba viéndonos, sus dedos rápidos en su propia humedad.

El clímax llegó en avalancha. Primero Daniela, convulsionando, "¡Me vengo, cabronas!", su concha apretando el juguete que me transmitía cada espasmo. Yo la seguí, un orgasmo que me dejó ciega, el mundo reduciéndose a explosiones blancas detrás de mis párpados, jugos chorreando por mis muslos. Carla se corrió encima de nosotras, su leche caliente salpicando pieles sudorosas. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, respiraciones entrecortadas, el aire espeso con nuestro aroma compartido.

Después, en la quietud, nos acurrucamos bajo las sábanas frescas. Carla me besó la frente, "Eres la mejor prima del mundo". Daniela trazaba círculos en mi vientre, "Esto no termina aquí, ¿eh?". Reí bajito, el corazón lleno. El trio de primas había renacido, más fuerte, más unido en este secreto delicioso. Afuera, las olas susurraban promesas de más noches así, bajo el cielo estrellado de Cancún. Mañana seguiríamos explorando, pero por ahora, el afterglow nos envolvía como una manta tibia, satisfecha y completa.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.