Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tatuajes Para Trios Inolvidables Tatuajes Para Trios Inolvidables

Tatuajes Para Trios Inolvidables

7715 palabras

Tatuajes Para Trios Inolvidables

Entré al taller de tatuajes en la colonia Roma con el corazón latiéndome a mil por hora. El aire olía a tinta fresca mezclada con ese aroma ahumado de incienso que tanto me gustaba, y el zumbido constante de las máquinas me erizaba la piel. Neta, ¿qué chingados estoy haciendo aquí? pensé mientras mis ojos recorrían las paredes cubiertas de diseños salvajes: serpientes enroscadas, flores carnívoras y símbolos que gritaban pasión desbocada. Había oído hablar de Marco, el carnal que se especializaba en tatuajes para trios, esos diseños que no solo decoraban la piel, sino que contaban historias de placer compartido, de cuerpos entrelazados en éxtasis triple.

Yo, Ana, de veintiocho pirulos, siempre había sido la wey curiosa en la cama. Mis novios pasados me decían calenturienta, pero nunca me habían llevado al límite que soñaba. Un trío, simón, esa fantasía me mojaba las bragas solo de pensarlo. Y ahora, aquí estaba, lista para marcar mi piel con algo que lo gritara al mundo. O al menos a los que supieran leerlo.

Órale, güerita, ¿en qué te ayudo? —me dijo una voz grave desde el fondo. Marco salió de detrás de una cortina, alto como torre, con brazos cubiertos de tinta que brillaban bajo la luz neón. Sus ojos negros me escanearon de arriba abajo, deteniéndose en mis tetas que asomaban jugosas bajo la blusa escotada. Olía a hombre, a sudor limpio y colonia barata pero chida.

—Vengo por un tatuaje... para tríos —susurré, sintiendo el calor subir por mi cuello—. Uno que diga que estoy lista para eso.

Marco sonrió con picardía, mostrando dientes perfectos. —Ah, ¿tatuajes para trios? Esa es mi especialidad, carnala. Pero no cualquier pendejo los entiende. Mira, este es el clásico: tres alas entrelazadas, simbolizando libertad en tres cuerpos.

De pronto, una risa suave llenó el taller. Lupe, su novia, salió de la misma cortina. Era una morra de curvas imposibles, con el pelo negro cayéndole en ondas salvajes y un tatuaje de mariposas subiendo por su muslo visible bajo la falda corta. Sus labios rojos se curvaron en una sonrisa que prometía pecados. —Yo tengo uno igualito, Ana. Y te juro que desde que nos lo hicimos, Marco y yo hemos vivido lo mejor de los trios. ¿Quieres ver?

Mi pulso se aceleró.

¿Ver? ¿Aquí mismo? Neta, estas weyes son de otro nivel.
Asentí, hipnotizada por el balanceo de sus caderas al acercarse.

El proceso del tatuaje fue puro fuego lento. Me recosté en la camilla, bajé mi jeans lo justo para exponer la cadera, esa zona sensible donde el placer y el dolor se confunden. Marco preparó la máquina, el zumbido se intensificó como un vibrador lejano. Lupe se sentó a mi lado, su mano tibia rozando mi brazo. —Relájate, reina. Duele un poquito, pero después... uf, el rush es como un orgasmo.

La aguja pinchó mi piel, un ardor agudo que me hizo jadear. Olía a mi propia excitación mezclada con la tinta, y cada pasada de la máquina enviaba chispas directas a mi clítoris. Marco trabajaba concentrado, sus dedos gruesos presionando mi carne, rozando accidentalmente —o no— el borde de mi tanga. Lupe me distraía susurrándome al oído: —Imagina tres lenguas en tu cuerpo, Ana. Dos chupándote las tetas mientras una te come el chochito. Su aliento caliente me ponía la piel de gallina.

Estoy empapada, wey, pensé, mordiéndome el labio. El dolor se transformaba en placer, mis pezones duros como piedras contra la blusa. Marco levantó la vista, sus ojos clavados en los míos. —Se ve chingón, ¿verdad, Lupe? Ella asintió, pasando un dedo por el diseño fresco: tres llamas danzando unidas. —Perfecto para trios inolvidables.

Terminado el tatuaje, me incorporé temblando. El espejo reflejaba mi nueva marca, roja e hinchada, pero hermosa. —Gracias, carnales. Esto es lo más caliente que he hecho.

Marco limpió la zona con un algodón fresco que olía a alcohol, sus toques ahora deliberados, demorándose en mi piel sensible. —¿Y si lo celebramos? Lupe y yo vivimos cerca. Un cafecito, unas cheves... o lo que pinte. Su voz era ronca, cargada de promesas.

¿Digo que sí? ¿O me echo pa' atrás como pendeja? El deseo ganó. —Vámonos.

En su depa, un loft chido con vistas a la ciudad y música de cumbia rebajada sonando bajito, la tensión explotó. Lupe me sirvió un trago de tequila reposado, el líquido quemándome la garganta como fuego líquido. Nos sentamos en el sofá de piel suave, yo en medio, sus cuerpos presionando los míos. Marco olía a tinta y macho, Lupe a vainilla y deseo.

Mira tu tatuaje —dijo Lupe, arrodillándose para besar la zona fresca. Su lengua tibia lamió el contorno, enviando descargas eléctricas por mi espina. Gemí, órale, y Marco se acercó, su boca capturando la mía en un beso hambriento. Sabía a tequila y humo, su barba raspándome la piel deliciosamente.

Las manos volaron. Lupe desabotonó mi blusa, exponiendo mis tetas llenas. —Qué ricas, Ana. Neta, perfectas para morder. Sus labios chuparon un pezón, succionando con fuerza mientras su mano bajaba a mi entrepierna, frotando mi humedad a través del jeans. Marco gruñó, quitándome la ropa con urgencia. Mi piel desnuda contra la suya, músculos duros y tatuados presionando mis curvas suaves.

Caímos al piso sobre una alfombra mullida que olía a sexo viejo. Marco me abrió las piernas, su lengua explorando mi chochito empapado. ¡Ay, cabrón! El sabor salado de mi excitación lo volvía loco, lamía mi clítoris en círculos perfectos, mientras Lupe se sentó en mi cara, su coño rasurado rozando mis labios. Olía a miel dulce, la probé, lamiendo sus labios hinchados, sintiendo su clítoris endurecerse bajo mi lengua.

Esto es el paraíso, weyes. Tres cuerpos sudando, gimiendo al unísono.
Lupe cabalgaba mi boca, sus jugos corriendo por mi barbilla, mientras Marco metía dos dedos gruesos en mí, curvándolos para tocar ese punto que me hacía arquear. El sonido de succiones húmedas, jadeos roncos y piel chocando llenaba el aire. Sudor salado en mi lengua, pulsos acelerados latiendo contra mi piel.

Cambié de posición, yo de rodillas, Marco detrás embistiéndome con su verga gruesa, dura como acero, estirándome deliciosamente. Cada embestida profunda me hacía gritar, el slap-slap de sus bolas contra mi culo resonando. Lupe debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi clítoris y las bolas de él. —¡Más duro, pendejo! —le exigí a Marco, y él obedeció, agarrando mis caderas tatuadas.

El clímax llegó en oleadas. Primero Lupe, temblando contra mi piel, gritando ¡Me vengo, putas! Su squirt mojándonos a todos. Luego yo, el orgasmo explotando como fuegos artificiales, mi coño apretando la verga de Marco en espasmos interminables. Él se corrió dentro, chorros calientes llenándome, gimiendo mi nombre.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire olía a sexo crudo, semen y sudor mezclado con el tequila derramado. Marco besó mi hombro nuevo. —Tu tatuaje para trios te queda como anillo al dedo, Ana. Lupe rio, acurrucándose. —Vuelve cuando quieras, reina. Esto es solo el principio.

Me vestí con piernas flojas, el tatuaje palpitando como recordatorio vivo. Salí a la noche mexicana, luces de neón y cláxones lejanos, sintiéndome empoderada, marcada para siempre en cuerpo y alma. Neta, los tatuajes para trios cambian todo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.