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Mente Rockera en Éxtasis con El Tri Sinfónico

6990 palabras

Mente Rockera en Éxtasis con El Tri Sinfónico

Entraste al Auditorio Nacional con el corazón latiéndote a todo lo que daba, esa mente rockera tuya que no se apaga ni con agua bendita. El Tri Sinfónico estaba por arrancar y el aire ya olía a cuero viejo, sudor anticipado y esa electricidad que solo un concierto de rock puede generar, aunque fuera versión orquestal. Vestías tu playera negra ajustada de El Tri, falda corta de mezclilla que rozaba tus muslos con cada paso, y botas que crujían contra el piso pulido. La multitud bullía, weyes de todas las edades gritando "¡Triste canción de amor!" antes de que sonara.

Te acomodaste en tu asiento cerca del escenario, el telón rojo vibrando con los primeros acordes de la orquesta. Las cuerdas graves te erizaron la piel, un cosquilleo que bajaba directo a tu entrepierna.

Pinche mente rockera, siempre lista para el desmadre
, pensaste mientras cerrabas los ojos, imaginando las manos ásperas de un rocanrolero recorriendo tu cuerpo al ritmo de la música. El olor a marihuana light se colaba desde atrás, mezclado con perfume caro de las chavas bien.

Entonces lo viste. Dos filas adelante, un vato alto, moreno, con cabello largo atado en coleta, camiseta de El Tri deslavada y jeans rotos que marcaban unas nalgas firmes. Se giró como si sintiera tu mirada, y sus ojos oscuros te clavaron en el sitio. Sonrió, esa sonrisa pícara de quien sabe que la noche va a ser larga. Te guiñó un ojo y levantó su chela en brindis silencioso. Tu pulso se aceleró, el calor subiendo por tu cuello. Qué chido, murmuraste para ti, mordiéndote el labio.

El concierto explotó con "Abuso de Autoridad", la orquesta dando caña sinfónica mientras la banda de El Tri machacaba las guitarras. Todo el auditorio saltaba, tú incluida, sintiendo el piso temblar bajo tus botas. El sudor te perlaba la frente, goteando entre tus pechos. Él se acercó bailando, rozando tu brazo "sin querer". "¡Qué buena onda tu mente rockera, carnala!" gritó por encima del ruido, su aliento cálido con sabor a cerveza y tabaco.

"¡Igual la tuya, wey! ¿Fan de El Tri Sinfónico?" respondiste, tu voz ronca de emoción. Se llamaba Alex, DJ en una radio rockera, y su mente rockera era puro fuego, como la tuya. Charlaron entre canciones, cuerpos pegados por la muchedumbre, sus manos rozando tu cadera accidentalmente al principio, intencionalmente después. El aroma de su colonia especiada te mareaba, mezclado con el olor almizclado de su piel sudada.

Al final del primer set, te jaló hacia la salida lateral. "Ven, conozco un spot chido arriba", dijo con esa voz grave que te vibraba en el pecho. Subieron unas escaleras de servicio, el eco de "Meteoro" siguiéndolos. Llegaron a una terraza semioculta, con vista al escenario abajo y la ciudad de México brillando como diamantes. El viento fresco lamía tu piel húmeda, endureciendo tus pezones bajo la playera. Alex sacó una chela de una hielera escondida –el wey venía preparado– y brindaron, clink de botellas frías.

Se sentaron en un banco de concreto, piernas tocándose. Hablaste de cómo El Tri Sinfónico te ponía la piel chinita, reviviendo los clásicos con esa majestuosidad orquestal que te hacía sentir viva, cachonda, lista para todo. Él asintió, ojos devorándote.

Neta, este vato me prende como cerillo
, pensaste mientras su mano subía por tu muslo, dedos callosos trazando patrones en tu piel suave. No lo detuviste; al contrario, abriste un poco las piernas, invitándolo.

El beso llegó natural, como el siguiente acorde de la guitarra. Sus labios gruesos, ásperos por la barba incipiente, sabían a chela amarga y deseo puro. Te chupó la lengua con hambre, una mano en tu nuca jalándote más cerca, la otra metiéndose bajo tu falda, rozando el encaje de tus calzones ya empapados. Gemiste en su boca, el sonido ahogado por el rugido de la multitud abajo. Qué rico su toque, firme pero no bruto, sentiste tus caderas moverte solas contra su palma.

Te levantó la playera, exponiendo tus tetas al aire nocturno. "Pinches chichis perfectos", gruñó, lamiendo un pezón mientras pellizcaba el otro. El placer te disparó chispas por la espina, olor a tu propia excitación flotando pesado. Le bajaste el zipper con urgencia, sacando su verga dura, gruesa, palpitante en tu mano. La piel aterciopelada sobre acero, venas marcadas que latían al ritmo de su pulso acelerado. La masturbaste lento, sintiendo el precum resbaloso en tu palma, mientras él metía dos dedos en tu coño, curvándolos justo ahí, en el punto que te hacía jadear.

"¿Quieres que te coja aquí, con El Tri de fondo?" murmuró contra tu oreja, mordisqueándola. "Sí, wey, métemela ya", suplicaste, voz entrecortada. Te volteó contra la barandilla, falda arriba, calzones a un lado. La punta de su pija rozó tu entrada húmeda, deslizándose adentro centímetro a centímetro, estirándote delicioso. ¡Qué llenura, carnal! Gemiste fuerte cuando bottomó, sus bolas golpeando tu clítoris.

Empezó a bombear, lento al principio, dejando que sintieras cada vena, cada thrust profundo. El viento azotaba tu cabello, el sudor goteando por tu espalda, mezclándose con el de él que chorreaba sobre ti. Abajo, "Piedras Rodantes" retumbaba sinfónica, el bajo vibrando en tu pecho como un segundo corazón. Aceleró, nalgas contraídas bajo tus manos, gruñendo "Qué apretadito tu panochita, me vas a sacar la leche". Tú empujabas hacia atrás, coño chorreando jugos por sus muslos, pezones rozando el metal frío de la barandilla.

La tensión crecía como un solo de guitarra interminable, tu mente rockera perdida en el éxtasis, flashes de luces del escenario iluminando vuestros cuerpos entrelazados. Sentiste el orgasmo venir, un tsunami desde el estómago, explotando en oleadas que te hicieron temblar, gritando su nombre mezclado con "¡Trííí!". Él se vino segundos después, caliente adentro, llenándote hasta rebosar, suaves espasmos mientras se vaciaba.

Se deslizó fuera, un chorrito tibio bajando por tu pierna. Te giró, besándote lento ahora, lenguas perezosas saboreando el aftertaste salado. Se recargaron en la barandilla, jadeando, viendo el encore de El Tri Sinfónico desde su nido secreto. Su brazo alrededor de tu cintura, dedo trazando círculos en tu piel sensible.

Esta noche mi mente rockera encontró su par
, pensaste, sonriendo contra su hombro que olía a sexo y rock and roll.

Bajaron entre la salida, manos entrelazadas, prometiendo más desmadres. En el estacionamiento, te jaló a su camioneta, pero eso ya era bonus track. La noche mexicana, con su pulso eterno, acababa de empezar para tu mente rockera en éxtasis con El Tri Sinfónico.

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