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La Fantasía Trío HMH

6803 palabras

La Fantasía Trío HMH

Imagina que llegas a ese resort en Playa del Carmen, el sol pegando duro en tu piel morena, el olor a salitre del mar Caribe invadiendo tus fosas nasales mientras caminas descalza por la arena tibia. , con ese bikini rojo que te hace sentir como una diosa mexicana, curvas generosas que se mueven con cada paso. El calor te hace sudar un poquito, y sientes el sudor resbalando entre tus senos, pegajoso y excitante. Ahí, en la palapa del bar, los ves: dos vatos guapísimos, altos, bronceados, con playeras ajustadas que marcan sus pechos firmes y brazos tatuados. Uno es Marco, moreno con ojos negros intensos, sonrisa pícara; el otro, Héctor, rubio de ojos verdes, con esa barba de tres días que te dan ganas de raspar con la lengua.

Te sientas en la barra, pides un michelada helada, el limón fresco explotando en tu boca, la espuma de la cerveza bajando por tu garganta. Ellos te miran, órale, qué chula, piensas, y sientes un cosquilleo en el estómago. Marco se acerca primero, "Qué onda, preciosa, ¿vienes sola o qué?". Su voz grave te eriza la piel, huele a colonia fresca mezclada con mar. Le sonríes, coqueta, "Sola pero no aburrida, wey". Héctor se une, riendo, "Si quieres compañía, aquí estamos nosotros, neta que somos buena onda". Hablan de todo: de la playa, de tacos al pastor que comieron en la zona hotelera, de cómo la vida en Cancún es pura fiesta. Tú sientes la química, ese calor subiendo desde tu vientre, imaginando ya tu fantasía trío HMH, hombre-mujer-hombre, dos vergas duras para ti sola.

El sol se pone, tiñendo el cielo de naranja y rosa, el sonido de las olas rompiendo suave en la orilla. Han pasado horas charlando, riendo, sus manos rozando las tuyas accidentalmente, enviando chispas por tu espina dorsal. "Oye", dice Marco, inclinándose cerca, su aliento cálido en tu oreja, "tú pareces de las que tienen fantasías locas, ¿verdad?". Tú ríes, el corazón latiéndote fuerte, "Tal vez, ¿y si les digo que mi fantasía trío HMH es justo lo que necesito esta noche?". Héctor arquea la ceja, excitado, "Explícate, mamacita". Se lo cuentas bajito, sensual, cómo sueñas con dos hombres adorándote, tocándote, follándote al mismo tiempo. Ellos se miran, sonrisas lobunas, "Neta que sí, carnal", dice Marco a Héctor, "esta noche la hacemos realidad". Consientes con la mirada, el pulso acelerado, el calor entre tus piernas ya húmedo.

"¿Estás segura, reina?", pregunta Héctor, su mano grande en tu muslo, subiendo despacio, el tacto áspero de sus dedos callosos haciendo que se te erice la piel.

"Sí, pendejos, no me hagan esperar", respondes juguetona, y los tres se levantan, caminando hacia tu suite de lujo, el aire nocturno fresco contrastando con el fuego en tu cuerpo. En el elevador, Marco te besa primero, labios suaves pero urgentes, lengua danzando con la tuya, sabor a cerveza y deseo. Héctor por detrás, besando tu cuello, mordisqueando suave, sus manos amasando tus nalgas firmes bajo el pareo. Sientes sus erecciones presionando contra ti, duras como piedras, y gimes bajito, el ascensor llegando con un ding que parece un latido.

En la habitación, luces tenues, balcón abierto al mar, el rumor de las olas como banda sonora. Te quitan el bikini lento, reverentes: Marco desata el top, tus senos liberados saltan pesados, pezones duros como balas. Héctor baja el bottom, exponiendo tu panocha depilada, ya brillando de jugos. "Qué rica estás, chula", murmura Marco, arrodillándose para lamerte el ombligo, bajando. Tú te recuestas en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio contra tu espalda ardiente. Héctor se desnuda, su verga gruesa saltando libre, venosa, la cabeza roja reluciente de pre-semen. Marco igual, más larga, curva perfecta. Las miras, babeando, "Vengan, cabrones, háganme suya".

Empiezan suave, explorando. Marco chupa tu pezón izquierdo, tirando con los dientes, enviando descargas al clítoris. Héctor el derecho, lengua girando, mano entre tus piernas abriéndote los labios, dedo índice rozando tu botón hinchado. Hueles su sudor masculino, almizclado, excitante, mezclado con tu aroma dulce de mujer en celo. Gimes fuerte, "¡Ay, sí!", arqueando la cadera. Héctor mete un dedo en tu coño empapado, luego dos, curvándolos contra tu punto G, el sonido chupchup de tus jugos llenando la habitación. Marco besa tu boca, tragándose tus jadeos, mientras su verga roza tu muslo, dejando rastro húmedo.

La tensión sube, tu mente gira: Esto es mi fantasía trío HMH, dos hombres solo para mí, neta que soy la reina. Cambian posiciones, Héctor se acuesta, te subes encima, su verga abriéndote centímetro a centímetro, gruesa llenándote hasta el fondo, estirándote delicioso. "¡Qué chingón!", gritas, cabalgándolo lento primero, sintiendo cada vena pulsando dentro. Marco detrás, saliva en su verga, untándotela en el culo. "¿Quieres por atrás también, putita mía?", pregunta ronco. "¡Sí, fóllame el culo, wey!", consientes ansiosa. Entra despacio, el anillo apretado cediendo, dolor placeroso convirtiéndose en éxtasis puro. Los sientes rozándose dentro de ti, separados por una delgada pared, follándote en tándem, ritmos perfectos.

El sudor gotea, pieles chocando con palmadas húmedas, olor a sexo denso en el aire, como feromonas salvajes. Tus tetas rebotan, Marco las agarra desde atrás, pellizcando pezones. Héctor abajo, chupando tu clítoris expuesto mientras bombea arriba. Sientes el orgasmo construyéndose, bolas de fuego en vientre y pelvis. "Me vengo, cabrones, no paren!", gritas, el mundo explotando en blanco, coño y culo contrayéndose alrededor de sus vergas, chorros de squirt mojando el estómago de Héctor. Ellos gimen, animales, Marco primero eyaculando en tu culo, semen caliente inundándote, goteando fuera. Héctor sigue, llenándote la panocha de leche espesa, pulsos interminables.

Colapsan contigo, tres cuerpos entrelazados, pechos subiendo bajando sincronizados, el mar susurrando afuera. Marco besa tu frente, "Eres increíble, reina". Héctor acaricia tu pelo, "La mejor fantasía trío HMH de mi vida". Tú sonríes, saciada, el cuerpo pesado de placer, semen resbalando lento por tus muslos, sabor salado en tus labios de haberlos lamido limpios después. Duermes entre ellos, segura, empoderada, sabiendo que esta noche cambiaste fantasía en realidad inolvidable.

Al amanecer, el sol entra dorado, despiertas con sus manos aún en ti, suaves caricias reavivando chispas. "Otra ronda, mija?", pregunta Marco pícaro. Ríes, "Claro, pero ahora mando yo". Y así, el trío continúa, deseo infinito bajo el cielo maya.

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