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Billy Talent Try Honesty En Carne Viva

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Billy Talent Try Honesty En Carne Viva

Tú estás en esa fiesta en la casa de un cuate en la Condesa, con las luces tenues y el aire cargado de risas y chelas frías. La música retumba desde los bocinas, un playlist chido que salta de rock alternativo a rolas que te hacen mover el esqueleto. De repente, suena Billy Talent Try Honesty, esa rola que siempre te ha pegado duro, con su letra cruda sobre soltar la verdad aunque duela. El ritmo punk te acelera el pulso, y ahí la ves: ella, parada junto a la barra improvisada, con un vestido negro ajustado que marca sus curvas como si estuviera hecho a mano. Su cabello oscuro cae en ondas salvajes, y sus ojos cafés te clavan cuando voltea a verte. Neta, sientes un cosquilleo en el estómago, como si la canción te estuviera hablando directo a ti.

Te acercas con una cerveza en la mano, el olor a limón y sal de las micheladas flotando en el aire. "¿Te late Billy Talent?" le preguntas, gritando un poco para que te oiga sobre la guitarra rasposa de Benjamin Kowalewicz. Ella sonríe, una sonrisa pícara que te hace tragar saliva. "Neta, Try Honesty es mi favorita. Habla de ser honesto con uno mismo, ¿no? ¿Y tú, qué, carnal?" Su voz es ronca, con ese acento chilango que te enciende. Se llama Ana, trabaja en una galería de arte en Roma, y platican de conciertos, de cómo la rola los hace pensar en dejar ir las mentiras que uno se cuenta. Tú sientes su perfume, algo floral mezclado con vainilla, invadiendo tus sentidos mientras sus dedos rozan tu brazo accidentalmente. El deseo inicial se enciende como una chispa: quieres besarla, pero hay tensión, esa duda de si ella siente lo mismo.

¿Y si le digo la neta? Que desde que la vi entrar, no puedo dejar de imaginar cómo sabe su boca, cómo se siente su piel contra la mía.

La noche avanza, bailan pegados cuando cambia la rola, sus caderas rozando las tuyas al ritmo de Fallen Leaves. Sientes el calor de su cuerpo a través de la tela delgada, el sudor perlando su cuello, y inhalas profundo ese aroma a mujer excitada que empieza a mezclarse con el humo de los cigarros afuera. "Vamos a otro lado, aquí está muy lleno," te dice al oído, su aliento cálido en tu oreja enviando escalofríos por tu espalda. Salen a la terraza, el viento fresco de la noche mexicana acaricia sus pieles, y ahí, bajo las estrellas que asoman entre los edificios, se besan por primera vez. Sus labios son suaves, con sabor a tequila y menta, y su lengua busca la tuya con urgencia honesta. Tus manos bajan por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo el vestido, y ella gime bajito, un sonido que te pone la verga dura al instante.

Acto dos: la escalada. Llegan a su depa en Polanco, un lugar chulo con ventanales que dejan ver las luces de la ciudad. Cierran la puerta y el mundo se reduce a ellos dos. Ana te empuja contra la pared, besándote con hambre, sus uñas arañando tu camisa. "Quiero ser honesta esta noche, como dice Billy Talent en Try Honesty. No más juegos, quiero que me cojas como si no hubiera mañana." Sus palabras te prenden fuego. Te quitas la ropa mutuamente, piel contra piel, el roce áspero de tu pecho contra sus tetas firmes, pezones duros como piedritas. La cargas a la cama, oliendo su excitación, ese olor almizclado que te vuelve loco. La recuestas y exploras su cuerpo con la boca: besas su cuello salado, chupas sus tetas, saboreando la piel dulce, mientras ella arquea la espalda y jadea "¡Órale, sí, carnal!"

El conflicto interno te golpea mientras bajas: ¿soy lo suficientemente hombre para darle todo? Pero su mano en tu cabello, guiándote a su panocha húmeda, disipa las dudas. La pruebas, lengua en su clítoris hinchado, sabor salado y dulce de sus jugos, mientras ella gime y retuerce las sábanas. "¡Qué rico, no pares, pendejo caliente!" dice entre risas y gemidos, usando "pendejo" juguetón como en las novelas adultas mexicanas. Tus dedos entran en ella, sintiendo las paredes calientes apretándote, y el sonido chapoteante de su arousal llena la habitación. Ella te voltea, montándote el rostro, cabalgándote con ritmo salvaje, su culo redondo rebotando contra tu pecho. La tensión sube, pulsos acelerados, sudor goteando, el olor a sexo impregnando el aire.

Esta honestidad duele de lo buena que es. No hay mentiras, solo cuerpos hablando su verdad más cruda.

La volteas, la pones a cuatro patas, admirando su espalda curva, el tatuaje de una rosa en su cadera. Le metes la verga despacio primero, sintiendo cómo la envuelve, caliente y resbalosa. "¡Más duro, avienta, cabrón!" grita, y obedeces, embistiéndola con fuerza, el slap-slap de carne contra carne sincronizado con sus alaridos. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote como amazona, tetas saltando, uñas en tu pecho. Tú la agarras de las nalgas, guiándola, oliendo su cabello mojado. La intensidad psicológica crece: confesiones entre jadeos, "Siempre quise un vato que no se guardara nada," dice ella, y tú respondes "Neta, Try Honesty me abrió los ojos contigo." El clímax se acerca, sus paredes apretándote más, tu verga hinchada al límite.

El final explota en oleadas. La pones boca arriba, piernas en tus hombros, penetrándola profundo mientras se miran a los ojos. "¡Me vengo, chingado!" grita ella, su cuerpo convulsionando, jugos empapando las sábanas, olor intenso a orgasmo. Tú la sigues segundos después, corriéndote dentro con un rugido, leche caliente llenándola, pulsos latiendo juntos. Colapsan, sudorosos, respiraciones entrecortadas, el silencio roto solo por el zumbido de la ciudad afuera.

En el afterglow, yacen enredados, su cabeza en tu pecho, escuchando los latidos calmarse. El aire huele a sexo satisfecho y piel limpia. "Gracias por intentar la honestidad, como Billy Talent," murmura ella, trazando círculos en tu abdomen. Tú sonríes, besando su frente. No hay promesas vacías, solo la verdad de este momento: conexión real, deseo mutuo cumplido. La noche se desvanece en sueños compartidos, con la rola resonando en tu mente como un eco sensual. Mañana será otro día, pero esta honestidad en carne viva los ha cambiado para siempre.

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