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Trios Flacas Irresistibles

6692 palabras

Trios Flacas Irresistibles

El sol de Playa del Carmen te pega en la cara mientras caminas por la arena caliente, el sonido de las olas rompiendo como un ritmo que te acelera el pulso. Es fin de semana, y el beach club está a reventar de gente bailando reggaetón, con olor a coco y sal en el aire. Tú, con tu chamarra ligera y shorts cómodos, buscas un trago fresco cuando las ves: dos flacas de esas que quitan el hipo, delgadas como modelos, con curvas justas en los lugares precisos. Una morena con pelo suelto hasta la cintura, la otra rubia teñida con labios carnosos. Bailan pegaditas, sus cuerpos flacos moviéndose como serpientes, sudadas y brillantes bajo las luces del atardecer.

¿Qué chingados, wey? Esto es lo que necesitaba, piensas mientras te acercas a la barra. Pides una cerveza helada, y justo cuando das el primer trago, sientes una mano en tu hombro. Es la morena, Ana, se llama después. Sus ojos cafés te clavan como dagas, y huele a vainilla y mar. "Órale, guapo, ¿vienes solo?" dice con esa voz ronca mexicana que te eriza la piel. Su amiga, Lupe, la rubia flaca, se pega a su lado, riendo con dientes perfectos. "Sí, wey, únete al baile. Somos expertas en trios flacas, ¿sabes?" Lupe guiña, y el corazón te late como tambor.

Las sigues a la pista, el sudor de sus cuerpos flacos rozando el tuyo. Ana te agarra la cintura, su piel suave y tibia contra tu camisa. Lupe por detrás, sus pechos pequeños pero firmes presionando tu espalda. El reggaetón retumba, perreo intenso, y sientes sus caderas girando, frotándose contra ti. Huelen a perfume dulce y excitación incipiente, ese aroma almizclado que te pone la verga dura al instante. "Eres chido, carnal", murmura Ana en tu oído, lamiéndote el lóbulo. Tension se acumula, como tormenta en el Golfo.

Después de unas chelas y risas, te invitan a su hotel. "Vamos a mi cuarto, neta que queremos conocerte mejor", dice Lupe, tomándote la mano. Su palma es delgada, uñas pintadas de rojo fuego. Caminan delante, sus culitos flacos meneándose en shorts diminutos. En el elevador, Ana te besa primero: labios suaves, lengua juguetona probando a cerveza y sal. Lupe observa, mordiéndose el labio, y luego se une, sus bocas alternando en tu cuello. Esto va en serio, pendejo, no la cagues, te dices, mientras el ding del elevador suena como promesa.

En la habitación, luces tenues, balcón con vista al mar. El aire acondicionado zumba suave, contrastando el calor de sus cuerpos. Se quitan las blusas despacio, revelando sostenes de encaje negro. Ana es puro hueso elegante, pezones oscuros endurecidos; Lupe, piel clara con pecas, tetas puntiagudas. "Te gustamos flacas, ¿verdad?" pregunta Ana, girando para que veas su espalda arqueada. Asientes, mudo, y ellas ríen, tirándote a la cama king size.

El medio acto arranca con besos lentos. Tú en el centro, Ana chupándote el cuello, Lupe desabrochándote el pantalón. Sientes sus dedos delgados explorando, la tela bajando, tu verga saltando libre, dura como piedra. "¡Mira qué rica!" exclama Lupe, envolviéndola con su mano flaca, masturbándote suave. Ana se sube a horcajadas, su concha depilada rozando tu pecho a través del tanga. Huele a miel y deseo, ese olor que te vuelve loco. Lamés su piel salada, saboreando sudor del baile.

Estas chavas son fuego puro, wey. Dos flacas así, queriéndote comer vivo. ¿Cómo carajos llegué aquí?

La tensión sube. Lupe se arrodilla, su boca caliente engullendo tu verga, lengua girando en la cabeza, succionando con maestría. Gime bajito, vibraciones que te recorren la columna. Ana meanwhile te besa profundo, sus tetas flacas en tu cara, pezones duros como caramelos. Los chupas, mordisqueas suave, y ella arquea la espalda, "¡Ay, sí, cabrón, así!". Cambian posiciones: Ana ahora chupa, su garganta profunda tragándote entero, mientras Lupe se sienta en tu cara. Su concha flaca, labios hinchados, jugosa. La lames despacio, saboreando su flujo dulce-ácido, clítoris endureciéndose bajo tu lengua. Ella cabalga tu boca, caderas delgadas temblando, gemidos ahogados contra el mar de fondo.

El calor sube, sudas, sus cuerpos resbalosos contra el tuyo. Dedos everywhere: las tuyas en sus culos firmes, las de ellas apretando tus huevos, arañando suave tu pecho. "Quiero tu verga adentro", suplica Ana, montándote. Baja despacio, su concha apretada envolviéndote centímetro a centímetro. Caliente, húmeda, como terciopelo vivo. Lupe observa, masturbándose, dedos hundiéndose en su propia flaqueza. Luego se une, besando a Ana mientras ella te cabalga, ritmo lento al principio, depois frenético. Sientes cada contracción, sus paredes pulsando.

Intercambian. Lupe ahora encima, más salvaje, rebotando con sus caderas angostas, pelo rubio volando. Ana lame tus bolas desde abajo, lengua juguetona. El sonido es obsceno: carne contra carne, chasquidos húmedos, jadeos en español mexicano. "¡Dame más, pendejo!" grita Lupe, y tú embistes desde abajo, manos en sus flancos delgados. Tension máxima, venas hinchadas, pulso retumbando en oídos. Ellas se besan encima de ti, lenguas enredadas, un trio flacas perfecto.

El clímax explota. Ana primero: se pone a cuatro, tú detrás, verga hundida profundo en su concha. Lupe debajo, lamiendo donde se unen, lengua en tu eje y clítoris de Ana. "¡Me vengo, wey!" aúlla Ana, cuerpo flaco convulsionando, chorro caliente mojando sábanas. Tú aguantas, sudando, pero Lupe te voltea, mamándote limpio, sabor a Ana en su boca. La pones en misionero, piernas delgadas en tus hombros, follando duro. Ella se aprieta, uñas en tu espalda. "¡Córrete adentro, carnal!" Y lo haces: chorros calientes llenándola, espasmos eternos, placer cegador.

Caen los tres exhaustos, enredados en sábanas revueltas. El mar susurra afuera, brisa fresca secando el sudor. Ana acaricia tu pecho, Lupe besa tu hombro. "El mejor trio flacas de mi vida", murmura Lupe, riendo suave. Tú sonríes, corazón calmándose, pieles pegajosas aún. Neta, esto es México en su mejor, piensas, mientras ellas se acurrucan, promesas de más en el aire.

Despiertan al amanecer, café en el balcón, risas compartidas. No hay arrepentimientos, solo esa conexión carnal profunda. Se despiden con besos largos, números en el cel. Caminas de vuelta a la playa, piernas flojas, pero alma llena. Trios flacas irresistibles, inolvidables, como el sol mexicano que no se apaga.

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