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Nostalgia Letra El Tri en Nuestra Piel

6684 palabras

Nostalgia Letra El Tri en Nuestra Piel

La noche caía suave sobre el barrio, con ese calor pegajoso de México en verano que se mete hasta los huesos. Yo, Alex, acababa de llegar del jale, sudado y con ganas de una chela fría. Mi morra, Lupe, ya estaba en la sala, con la rockola prendida y El Tri retumbando en los bocinas. Nostalgia, esa rola que siempre nos transportaba a cuando éramos chavos, salía a todo volumen. La letra de El Tri nos envolvía como un abrazo viejo, hablando de amores pasados, de tristezas que duelen chido pero que al final te hacen sentir vivo.

"Órale, carnal, siéntate aquí conmigo", me dijo Lupe con esa voz ronca que me eriza la piel, palmeando el sofá raído pero cómodo. Llevaba una blusa floja de tirantes, sin bra, y unos shorts que apenas cubrían sus nalgas firmes. Su pelo negro suelto, oliendo a shampoo de coco, y los ojos brillando con esa chispa pícara que me volvía loco desde el primer día. Nos conocimos en un concierto de rock hace diez años, sudando juntos al ritmo de estos mismos cuates.

Me quité la playera, sintiendo el aire fresco del ventilador besar mi pecho mojado de sudor. Abrí una Bohemia helada, el gas carbonatado explotando en mi lengua, y me senté pegadito a ella. La letra seguía: "Nostalgia de aquellos días, cuando todo era tan fácil...". Esa nostalgia letra El Tri nos pegó de lleno, como un recuerdo compartido que nos unía más que cualquier juramento.

"¿Te acuerdas, mi rey? Cuando bailábamos pegaditos en la plaza, con la banda tocando parecido a esto", murmuró Lupe, apoyando la cabeza en mi hombro. Su aliento cálido rozaba mi cuello, oliendo a menta y a deseo contenido.

Sentí un cosquilleo en la piel, ese primer tirón de tensión que siempre precede lo bueno. Mi mano subió por su muslo suave, áspero por el roce de la tela, y ella no se apartó. Al contrario, se giró un poco, presionando su teta contra mi brazo. El corazón me latía fuerte, sincronizado con la guitarra rasposa de El Tri.

La rola terminó y puse otra, "Piedras Rodantes", pero la nostalgia seguía flotando en el aire, mezclada con el aroma de su perfume y el mío de trabajo duro. Hablamos de chingaderas del pasado: la primera vez que nos besamos detrás del Oxxo, robándonos besos con sabor a cigarros baratos y promesas locas. Lupe reía, su risa como campanitas, pero sus ojos decían otra cosa. Hambre. Esa que crece despacio, como la levadura en el pan.

"Ven, baila conmigo, pendejo", me jaló del brazo, poniéndose de pie. Su cuerpo se mecía al ritmo, caderas anchas ondulando como olas en el mar de Acapulco. La seguí, mis manos en su cintura, sintiendo el calor que irradiaba de su piel morena. El sudor nos unía, resbaloso y salado. Nuestras frentes se tocaron, narices rozándose, y el mundo se achicó a ese espacio entre nosotros.

La tensión subía como la marea. Sus dedos trazaban mi espalda, uñas cortas arañando suave, enviando chispas directo a mi verga que ya se ponía dura como piedra. Neta, esta morra me tiene loco, pensé, mientras mi boca buscaba la suya. El beso fue lento al principio, labios suaves probándose, lengua tímida explorando el sabor de cerveza y ella misma, dulce como tamarindo. Pero pronto se volvió feroz, dientes mordiendo, manos apretando.

La llevé al sillón, tumbándola con cuidado, como si fuera de cristal. Le quité los shorts, revelando su panocha depilada, húmeda ya, brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Olía a ella, a excitación pura, ese musk que me volvía animal. "Te quiero tanto, Lupe", le dije, voz ronca, mientras besaba su ombligo, bajando despacio. Su vientre se contraía con cada roce de mis labios, piel erizándose.

Ella gemía bajito, "Sí, así, mi amor, no pares", arqueando la espalda. Mi lengua llegó a su clítoris, hinchado y sensible, lamiendo círculos lentos. Sabía a sal y néctar, su jugo cubriéndome la boca. Sus manos en mi pelo, jalando, guiándome. La nostalgia letra El Tri sonaba de fondo en loop, palabras como "abrazos eternos" alimentando el fuego.

Pero quería más, quería sentirla completa. Me levanté, quitándome el pantalón, mi verga saltando libre, venosa y palpitante. Lupe la miró con ojos hambrientos, lamiéndose los labios. "Dámela, wey", pidió, y se arrodilló, tomándola en su mano suave. El primer chupón fue eléctrico, su boca caliente envolviéndome, lengua girando en la cabeza sensible. Gemí fuerte, caderas moviéndose solas, follando su boca con cuidado. El sonido húmedo, chapoteante, se mezclaba con la música.

No aguanté mucho así. La recosté de nuevo, abriéndole las piernas anchas. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo su calor apretado, paredes vaginales pulsando alrededor de mí. "¡Ay, cabrón, qué rico!", gritó ella, uñas clavándose en mis hombros. Empecé a moverme, lento primero, saboreando cada embestida, el roce interno que nos volvía locos. Su olor a sudor y sexo llenaba la habitación, el ventilador revolviendo el aire cargado.

La tensión crecía, como una tormenta armándose. Cambiamos posiciones: ella encima, cabalgándome como jinete experta, tetas rebotando, pezones duros rozando mi pecho. Yo las chupaba, mordiendo suave, mientras mis manos amasaban sus nalgas redondas. "Más fuerte, Alex, chíngame duro", jadeaba, sudor goteando de su frente a la mía. El ritmo se aceleró, piel contra piel cacheteando, jadeos y gemidos ahogando a El Tri.

Internamente, luchaba por no soltarme ya. Esta nostalgia nos une, nos hace uno, pensaba, recordando noches pasadas iguales, pero esta sentía eterna. Lupe se tensó primero, su coño apretándome como vicio, gritando mi nombre mientras temblaba, olas de placer recorriéndola. Eso me llevó al borde: embestí profundo una última vez, explotando dentro de ella, semen caliente llenándola, pulsos interminables.

Colapsamos juntos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. La música seguía, letra suave ahora, envolviéndonos en afterglow. Besé su frente salada, ella acurrucándose en mi pecho, corazón latiendo contra el mío.

"Esa nostalgia letra El Tri siempre nos prende el alma, ¿verdad mi vida?", susurró, voz perezosa y satisfecha.

Sonreí, acariciando su pelo húmedo. "Sí, morra, y nos prende todo lo demás". Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero aquí, en nuestro mundo, la nostalgia se había transformado en algo vivo, ardiente, nuestro para siempre. El ventilador seguía girando, enfriando nuestra piel febril, mientras nos quedábamos así, enlazados, hasta que el sueño nos venció con sonrisas en los labios.

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