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He Intentado el Present Perfect Tense Contigo

7253 palabras

He Intentado el Present Perfect Tense Contigo

La luz del atardecer se colaba por las cortinas de mi depa en la Condesa, tiñendo todo de un naranja cálido que hacía que el aire se sintiera pesado, cargado de promesas. Yo, Ana, maestra de inglés en una escuela chida del centro, acababa de terminar la clase particular con Alex, ese gringo alto y moreno que había llegado a México hace unos meses por trabajo. Sus ojos verdes me miraban con esa intensidad que me ponía la piel de gallina, y su acento torpe al practicar verbos me hacía reír, pero también me humedecía entre las piernas.

Órale, Ana, no seas pendeja, me dije mientras recogía los libros. Pero él se quedó ahí, sentado en el sofá de cuero, con las piernas abiertas como invitándome. "Ana, hemos practicado mucho el past simple, pero try present perfect tense todavía me cuesta", dijo con esa voz grave que vibraba en mi pecho. Me acerqué, sintiendo el calor de su cuerpo antes de tocarlo. "Pues vamos a practicarlo de otra forma, wey", respondí juguetona, rozando su rodilla con la mía.

El deseo empezó como un cosquilleo en el estómago. Sus manos grandes subieron por mis muslos, bajo la falda corta que me había puesto a propósito. Olía a su colonia fresca mezclada con el sudor del día caluroso de la ciudad, y el ruido lejano de los cláxones en la avenida parecía un pulso acelerado que latía con el mío. "I have tried...", murmuró contra mi cuello, su aliento caliente haciendo que se me erizaran los vellos. Lo empujé suave contra el sofá, montándome a horcajillas, sintiendo su verga endureciéndose contra mi panocha a través de la tela.

Qué rico se siente esto, neta. Ha intentado el present perfect tense y ya me tiene mojadísima.

Acto uno: la chispa. Nuestros labios se encontraron en un beso lento, saboreando el salado de su piel y el dulzor de mi gloss de fresa. Sus dedos se clavaron en mis nalgas, amasándolas con fuerza, mientras yo le desabotonaba la camisa, revelando un pecho firme y bronceado por las caminatas en Chapultepec. "Te he deseado desde la primera clase", confesó en su inglés entrecortado, y yo le mordí el lóbulo de la oreja, susurrando: "Pues hoy lo practicas conmigo, cabrón". La tensión crecía con cada roce, cada mirada que prometía más.

Lo llevé a mi cuarto, donde la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. La ciudad bullía afuera: un mariachi lejano tocando en la calle, el zumbido de un ventilador viejo. Me quité la blusa despacio, dejando que viera mis tetas llenas en el bra de encaje negro. Él se lamió los labios, y yo sentí un pulso en mi clítoris que me hacía jadear. "Touch me here", le ordené, guiando su mano a mi entrepierna. Sus dedos expertas separaron mis labios, encontrando el calor húmedo que lo esperaba.

El medio acto: la escalada. Nos desnudamos mutuamente con urgencia contenida. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, con la cabeza brillante de precum. La tomé en mi mano, sintiendo su calor palpitante, el velvet de la piel sobre la dureza de acero. "I have never felt this before", gruñó mientras yo la lamía desde la base hasta la punta, saboreando el salado almizclado que me volvía loca. Él me tumbó en la cama, besando mi cuello, mis pezones que se endurecían bajo su lengua áspera. Cada lamida era un relámpago de placer, mis caderas se arqueaban solas buscando más.

Qué chingón es este wey. Sus dedos entraron en mí, dos primero, curvándose para tocar ese punto que me hacía ver estrellas. El sonido chapoteante de mi excitación llenaba la habitación, mezclado con mis gemidos roncos: "¡Más, Alex, no pares!". Él aceleró, su pulgar frotando mi clítoris hinchado, mientras su boca devoraba mis tetas. Olía a sexo puro, a sudor y feromonas que me nublaban la mente. Internamente luchaba: no te rindas tan rápido, hazlo suplicar. Lo empujé hacia arriba, montándolo de nuevo, frotando mi concha mojada contra su verga sin penetrar aún.

Ha intentado el present perfect tense y me ha llevado al borde. Neta, este gringo me va a hacer correrme sin entrar.

La intensidad subía como la marea en Acapulco. Le mordí el pecho, dejando marcas rojas, mientras él me agarraba las caderas con fuerza, guiándome en un roce frenético. "Fuck, Ana, you have tried me so good", jadeó, y yo reí entre dientes, sintiendo mi primer orgasmo construyéndose. El aire estaba espeso, cargado del aroma de mi arousal dulce y su masculinidad cruda. Mis uñas se clavaron en sus hombros, el tacto de su piel sudada resbaladiza bajo mis palmas.

Finalmente, no aguanté más. "Métemela ya, pendejo", le ordené, levantándome para posicionar su verga en mi entrada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me estiraba, me llenaba hasta el fondo. ¡Ay, cabrón! El placer era abrumador, su grosor pulsando dentro de mí, rozando cada nervio. Empecé a cabalgarlo lento, sintiendo el slap de piel contra piel, mis tetas rebotando con cada embestida. Él gemía en inglés y español mezclado: "I have tried... oh Dios, perfect tense!".

Nos volteamos, él encima ahora, follándome con thrusts profundos y rítmicos. El colchón crujía bajo nosotros, el sudor nos pegaba como pegamento caliente. Su olor, su peso, el sabor de su beso salado mientras me penetraba – todo era sensorial overload. Mis paredes se contraían alrededor de él, ordeñándolo, y él aceleró, sus bolas golpeando mi culo con cada plunge. "¡Córrete conmigo, Alex!", grité, y el clímax nos golpeó como un tren. Mi concha se spasmeó, chorros de placer mojando sus muslos, mientras él se vaciaba dentro de mí con un rugido gutural, su semen caliente inundándome.

El final: el afterglow. Nos quedamos así, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón que aún galopaba. El cuarto olía a sexo satisfecho, a nosotros. "We have tried present perfect tense perfectly", murmuró riendo, y yo le di un coscorrón juguetón. "Sí, wey, y ha sido chingón". Afuera, la noche caía sobre la Condesa, luces de neón parpadeando como estrellas urbanas.

Ha cambiado todo. Este intento de present perfect tense nos ha unido más que cualquier lección. Quiero más clases así, neta.

Nos duchamos juntos después, el agua caliente lavando el sudor pero no el recuerdo. Sus manos jabonosas en mi cuerpo, un masaje lento que prometía rondas futuras. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unos tacos por app – carnitas con todo, porque en México el sexo se celebra con comida callejera. Sentados en la terraza, con la brisa nocturna oliendo a jacarandas, hablamos de planes. "Volverás a clase?", pregunté coqueta. "Every day, if it's like this", respondió con guiño.

En ese momento, reflexioné: la vida en la CDMX es caótica, llena de tráfico y prisa, pero encuentros como este la hacen perfecta. Él me ha mostrado que practicar un idioma puede ser el pretexto más caliente para conectar almas – y cuerpos. El present perfect tense no es solo gramática; es haber vivido, haber sentido, haber gozado. Y con Alex, lo hemos hecho de la mejor manera posible.

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