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Fotos de Tríos Teniendo Sexo Que Encienden la Pasion

6588 palabras

Fotos de Tríos Teniendo Sexo Que Encienden la Pasion

Tú estás recostada en el sofá de tu depa en la Condesa, con el calor de la tarde mexicana pegándote en la piel como una caricia pegajosa. El ventilador zumbando arriba no ayuda mucho, y el sudor te resbala por el cuello hasta los pechos, haciendo que tu blusita se pegue como segunda piel. Tomas el celular de tu carnal, no, espera, el de tu compa Luis, que lo dejó olvidado en la mesita mientras platicaban de la vida. "Órale, wey, ¿dónde está tu pinche teléfono? Ya vi que tienes notificaciones", le dices riendo, pero la curiosidad te pica como hormiga en el calzón.

Deslizas el dedo por la pantalla, y de repente, ¡pum! Aparecen las fotos. Fotos de tríos teniendo sexo. Neta, te quedas con la boca abierta. Tres cuerpos enredados, piel morena brillando de sudor, una chava en el centro con las piernas abiertas, un vato chupándole las tetas mientras el otro la penetra despacito. El flash de la cámara captura cada detalle: el brillo del lubricante, las venas hinchadas en la verga dura, los labios hinchados de la concha reluciente. Sientes un calor subiendo desde tu entrepierna, como si alguien te hubiera prendido fuego con un cerillo. ¿Qué chingados? piensas, pero no sueltas el teléfono. El olor a café de la cocina se mezcla con tu propio aroma de excitación, ese musguito dulce que sale cuando te moja la verga imaginaria.

Luis regresa de la cocina con dos chelas frías, sudando como marrano. "Ey, mamacita, ¿ya viste mis trofeos?" dice con una sonrisa pícara, sentándose a tu lado. Su muslo roza el tuyo, cálido y firme, y sientes el pulso acelerado en tu clítoris. "Fotos de tríos teniendo sexo, ¿neta? ¿Tú has estado en una de esas, pendejo?" le preguntas, con la voz ronca, pasándole el teléfono. Él se ríe, bajo y gutural, como trueno lejano. "Pos sí, con mi cuate Marco. La chava era una diosa, se la cogimos toda la noche. ¿Quieres ver el video?"

¿Video? Ay, wey, mi concha ya está palpitando. Quiero ver, quiero sentir.

El Acto Uno termina ahí, con la tensión colgando en el aire como humo de cigarro. Luis te acerca más, su aliento a cerveza y menta rozando tu oreja. "Si quieres, Ana, podemos hacer lo mismo. Llamo a Marco ahorita". Tu corazón late como tamborazo en fiesta de pueblo, y asientes, mordiéndote el labio. "Va, pero que sea chido, ¿eh? Nada de pendejadas". Llaman a Marco, que vive a dos cuadras, y en media hora ya está tocando la puerta, con una botella de tequila en la mano y una mirada que dice te voy a comer viva.

El trío entra en el Acto Dos con la puerta cerrándose como un suspiro. Están en tu recámara, luces tenues de la ciudad filtrándose por las cortinas. Marco es alto, moreno, con tatuajes que serpentean por sus brazos como ríos de chocolate. Luis, más delgado pero con esa verga que sabes que mide como regla. Te quitan la blusa despacio, sus manos ásperas contrastando con tu piel suave. Sientes el roce de dedos callosos en tus pezones, que se endurecen como piedritas. "Qué tetas tan ricas, Ana", murmura Marco, lamiendo tu cuello con lengua caliente y húmeda. Sabe a sal y deseo.

Te recuestan en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso. Luis te besa la boca, su lengua explorando como serpiente, mientras Marco baja por tu panza, besando cada centímetro. El olor a sus cuerpos —sudor masculino mezclado con colonia barata— te marea de placer. "Abre las piernas, putita rica", dice Luis juguetón, y tú obedeces, sintiendo el aire fresco en tu concha empapada. Marco mete la cara ahí, inhalando profundo. "Huele a miel, carnal", le dice a Luis, y empieza a lamer. Su lengua plana recorre tus labios mayores, chupa el clítoris con succión suave, y tú arqueas la espalda, gimiendo como loba en celo. ¡Qué chingón! Cada lamida es un rayo de placer, vibrando hasta mis uñas.

La intensidad sube. Cambian posiciones como en esas fotos de tríos teniendo sexo que viste. Tú de rodillas, chupando la verga de Luis —gruesa, venosa, salada con precum— mientras Marco te mete los dedos, dos, tres, curvándolos para tocar ese punto que te hace ver estrellas. El sonido es obsceno: slurp slurp de tu boca, chapoteo de su mano en tu jugo, gemidos roncos de ellos. Sientes sus pelotas pesadas contra tu barbilla, el calor de Marco presionando tu nalga con su pija lista. "Te voy a coger, Ana, ¿quieres?" pregunta, y tú asientes con la boca llena, vibrando alrededor de Luis.

Marco entra despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Sientes cada vena rozando tus paredes, llenándote hasta el fondo. Luis te agarra el pelo, follando tu boca con ritmo. Es un ballet de cuerpos: empujones sincronizados, piel chocando con plaf plaf, sudor goteando en tu espalda. Tu mente es un torbellino:

Soy la reina de esta noche, dos vergas para mí, neta soy la mera verga. Cada embestida me acerca al borde.
Cambian: ahora Luis atrás, más rudo, dándote nalgadas que arden como chile. Marco en tu boca, su sabor más intenso. El cuarto huele a sexo puro, almizcle y fluidos.

La tensión crece como volcán a punto de erupción. Te ponen en el centro, tú encima de Luis, cabalgándolo como amazona. Su verga golpea profundo, tocando tu cervix con pinchazos placenteros. Marco se para frente a ti, y chupas mientras rebotas. Sientes sus manos en tus tetas, pellizcando pezones. "¡Ya casi, cabrones!", gritas, y ellos aceleran. Tu orgasmo explota primero: olas de éxtasis desde el clítoris, contrayendo tu concha alrededor de Luis, leche chorreada por tus muslos. Ellos gruñen, Luis se corre dentro, caliente y espeso, Marco en tu boca, tragas cada gota salada, empoderada.

El Acto Tres es el paraíso post-sexo. Caen los tres en la cama revuelta, cuerpos pegajosos entrelazados. El aire está cargado de olor a semen y sudor, pero es adictivo. Luis te besa la frente, Marco acaricia tu muslo. "Fue chingón, ¿verdad, Ana?" dice Luis, y tú sonríes, exhausta pero radiante. "Más que esas fotos de tríos teniendo sexo, esto fue real, weyes. Neta, repitámoslo".

Duermes entre ellos, piel contra piel, pulsos calmándose al unísono. Al despertar, el sol mexicano entra, tiñendo todo de oro. Te sientes completa, empoderada, como diosa habiendo conquistado su Olimpo. Las fotos fueron el detonante, pero esto... esto es tuyo ahora. Lingering el sabor en tu boca, el ardor placentero entre las piernas, sabes que tu vida erótica acaba de subir de nivel.

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