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Trios XXX Ardientes

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Trios XXX Ardientes

La noche en Cancún estaba caliente como el chile habanero que me comí en la cena. El aire olía a sal marina mezclada con el perfume dulce de las flores tropicales y el humo lejano de las fogatas en la playa. Yo, Ana, acababa de llegar de un viaje de trabajo en la Ciudad de México, y lo único que quería era soltarme el pelo. Vestida con un bikini rojo que apenas contenía mis curvas y un pareo transparente, caminé por la arena tibia, sintiendo la brisa juguetona rozando mi piel morena.

Ahí los vi: Marco y Luis, dos weyes guapísimos que jugaban volleyball con un grupo de amigos. Marco era alto, con músculos definidos por horas en el gym, cabello negro revuelto y una sonrisa que prometía travesuras. Luis, más delgado pero igual de atractivo, con ojos verdes que brillaban bajo la luna y una risa contagiosa. Me miraron, y sentí un cosquilleo en el estómago, como cuando ves un video de trios xxx y te imaginas en el centro.

—¡Órale, mamacita! ¿Quieres unirte al juego? —gritó Marco, lanzándome la pelota con un guiño.

Reí, salté y la devolví con fuerza. El sudor ya perlaba sus pechos, y el mío corría por mi espalda. Jugamos un rato, rozándonos "accidentalmente", sintiendo el calor de sus cuerpos contra el mío. El deseo crecía como la marea, lento pero imparable.

¿Qué chingados estoy haciendo? Dos carnales así de buenos... neta que esta noche va a estar cabrona.

Después del partido, nos sentamos en la arena con unas chelas frías. Hablamos de todo: de la vida en México, de cómo el estrés de la CDMX nos tenía hartos, de fantasías que soltamos entre risas. Luis confesó que siempre había soñado con un trio xxx, y Marco lo codeó, rojo como tomate.

—Neta, wey, no la cagues —dijo Marco, pero sus ojos me devoraban.

Yo sorbí mi cerveza, el amargor fresco en mi lengua, y sentí mi panocha humedecerse. Estos pendejos me traen loca, pensé. La tensión era palpable, como el zumbido de las olas chocando contra la orilla.

Acto uno cerrado, hora de escalar. Los invité a mi suite en el resort, un lugar chido con vista al mar, cama king size y jacuzzi. Entramos riendo, pero el aire se cargó de electricidad. Puse música de reggaetón bajito, el ritmo sensual vibrando en mis venas.

Marco me jaló por la cintura, su mano grande y cálida en mi piel. Olía a protector solar y hombre, un aroma que me mareaba. Me besó primero, sus labios firmes, lengua explorando mi boca con hambre. Luis se acercó por detrás, besando mi cuello, sus dientes rozando suave, enviando chispas por mi espina.

—¿Estás segura, Ana? —preguntó Luis, voz ronca, jadeante.

Sí, cabrones. Quiero esto. Los dos —respondí, girándome para besar a Luis mientras Marco desataba mi pareo.

Caímos en la cama, un enredo de cuerpos. Sus manos everywhere: Marco amasando mis tetas, pellizcando pezones duros como piedras; Luis bajando por mi vientre, lamiendo el sudor salado. Gemí, el sonido ahogado por la boca de Marco. Sentí sus vergas duras presionando contra mis muslos, gruesas y palpitantes.

Me quitaron el bikini con urgencia reverente. Desnuda, expuesta, me sentía reina. Marco chupó mi clítoris, lengua experta girando, mientras Luis me metía dos dedos, curvándolos justo ahí, el punto G que me hacía arquear. El cuarto olía a sexo: mi jugo dulce, su sudor masculino, el mar filtrándose por la ventana.

¡Qué chido! Dos lenguas, cuatro manos... esto es mejor que cualquier trio xxx que haya visto.

Los hice quitarse la ropa. Ver sus cuerpos desnudos, vergas erectas goteando precum, me encendió más. Tomé la de Marco en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, venas pulsantes. La mamé profundo, saboreando su sal, mientras Luis me penetraba con la lengua desde atrás. Él gemía, "¡Ay, wey, qué rica!", y Marco gruñía, follándome la boca suave.

Cambiaron posiciones. Me puse a cuatro patas, Marco entrando en mi panocha de un empujón lento, llenándome hasta el fondo. El estiramiento delicioso, su pelvis chocando mis nalgas con palmadas húmedas. Luis en mi boca, follándome la garganta con cuidado, sus bolas rozando mi barbilla. El ritmo sincronizado: thrust, suck, thrust. Sudor goteando, pieles resbalosas, gemidos mezclados con el slap slap de carne contra carne.

La intensidad subía. Sentía el orgasmo construyéndose, como ola gigante. Marco aceleró, sus dedos en mi clítoris, Luis jalándome el pelo suave. Me vengo, me vengo...

Exploté, gritando alrededor de la verga de Luis, paredes contrayéndose alrededor de Marco. Ellos no pararon, prolongando mi placer hasta que temblé incontrolable.

Ahora, el clímax. Me tumbaron de espaldas. Marco se hundió de nuevo, profundo, mientras Luis se posicionó para mi culo. Lubricante fresco, dedos preparando, y entró despacio. Doble penetración: llena por delante y atrás, estirada al límite placentero. Movimientos alternos, uno entra sale el otro, fricción infernal.

—¡Más, pendejos! ¡Fóllanme duro! —supliqué, uñas clavadas en sus espaldas.

El cuarto era un caos de sonidos: mis alaridos, sus gruñidos animales, la cama crujiendo. Olía a semen inminente, a lechita lista para brotar. Sentí sus pulsos acelerados, venas hinchadas dentro de mí.

Marco se vino primero, chorros calientes inundándome la panocha, el calor propagándose. Eso disparó a Luis, llenando mi culo con su leche espesa. Yo corrí de nuevo, visión borrosa, cuerpo convulsionando en éxtasis puro.

Colapsamos, un montón jadeante de miembros entrelazados. El afterglow era perfecto: pieles pegajosas enfriándose, corazones latiendo al unísono. Besos suaves, caricias perezosas. Afuera, las olas susurraban aprobación.

—Qué trio xxx de la verga —dijo Marco, riendo bajito.

—Neta, inolvidable —agregó Luis, besando mi hombro.

Esto no fue solo sexo. Fue conexión, libertad, poder. Mañana, ¿quién sabe? Pero esta noche, soy suya... y ellos míos.

Nos quedamos así hasta el amanecer, el sol tiñendo el cielo de rosa, prometiendo más aventuras en esta playa mexicana que olía a promesas cumplidas.

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