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Serviporno Gay Trio en la Noche Ardiente

6276 palabras

Serviporno Gay Trio en la Noche Ardiente

Era una de esas noches en Puerto Vallarta donde el aire olía a sal y a promesas calientes. Yo, Alex, acababa de llegar a la casa playera de mis cuates Marco y Luis. Habíamos planeado un fin de semana de relax, pero neta, desde que pisé la arena tibia bajo las estrellas, supe que iba a ser algo más. Marco, con su piel morena y ese tatuaje que le bajaba por el pecho hasta el ombligo, me dio un abrazo que duró un poquito de más. Luis, el más delgado pero con unos ojos que te desnudan, me pasó una cerveza fría mientras reía.

Órale, wey, qué bueno que llegaste, dijo Marco, su voz ronca como el mar rompiendo en la orilla. Nos sentamos en la terraza, con el sonido de las olas de fondo y el viento trayendo ese olor a yodo que me pone la piel de gallina. Hablamos de todo y nada, pero el tema se calentó cuando Luis sacó su teléfono y dijo: Neta, chequen esto, un serviporno gay trio que vi el otro día, puro fuego. Puse el ojo, y ahí estaba: tres vatos como nosotros, enredados en una cama, sudando y gimiendo como si no hubiera mañana.

Mi verga dio un brinco en los shorts.

¿Y si nosotros...?
pensé, pero no lo dije. La tensión crecía con cada trago de cerveza, sus miradas se cruzaban más intensas, y el calor de la noche nos pegaba como una caricia húmeda.

Marco se recargó en mi hombro, su aliento con sabor a tequila rozándome el cuello. ¿Te late, carnal? ¿Quieres que hagamos nuestro propio serviporno gay trio? Su mano grande se posó en mi muslo, subiendo despacio, y sentí el pulso acelerado bajo su palma. Luis se acercó por el otro lado, su dedo trazando mi clavícula. Sí, wey, vamos a ver quién aguanta más, murmuró, y su boca capturó la mía en un beso que sabía a sal y deseo puro.

Nos levantamos como si un imán nos jalara adentro de la casa. La habitación principal olía a sábanas frescas y a ese aroma masculino que sale cuando los cuerpos se calientan. Marco me quitó la playera con urgencia, sus labios bajando por mi pecho, lamiendo el sudor que ya perlaba mi piel. Estás chingón, Alex, gruñó, mientras sus dientes me rozaban el pezón. Luis se pegó a mi espalda, su erección dura presionando contra mis nalgas, sus manos explorando mi abdomen. Sentí su lengua en mi oreja, caliente y húmeda, susurrando: Te vamos a hacer volar, pendejo.

Me arrodillé entre ellos, el piso de madera fresca bajo mis rodillas. Sus vergas saltaron libres de los boxers: la de Marco gruesa y venosa, latiendo como un corazón salvaje; la de Luis más larga, curvada, con una gota de precum brillando en la punta. El olor a macho en celo me invadió, ese almizcle que te hace la boca agua. Tomé la de Marco primero, saboreando su piel salada, el sabor terroso de su excitación mientras la chupaba hondo, oyendo sus gemidos roncos que se mezclaban con el rumor del mar.

Esto es mejor que cualquier serviporno gay trio
, pensé, mientras Luis me follaba la boca con la suya, sus caderas moviéndose suaves al principio, luego más rápidas. Marco se unió, frotando su verga contra mi mejilla, y de pronto las tenía a las dos, alternando lamidas, sintiendo sus venas palpitar contra mi lengua. Sus manos en mi pelo, tirando suave, el sonido de sus respiraciones agitadas llenando la habitación.

Me pusieron de pie y me llevaron a la cama king size, las sábanas crujiendo bajo nuestro peso. Marco se tendió primero, su cuerpo fuerte invitándome. Vente, cabrón, siéntate en mi cara. Obedecí, y su lengua experta se hundió en mi culo, lamiendo mi entrada con hambre, el calor húmedo haciendo que mis bolas se apretaran. Luis se arrodilló frente a mí, besándome mientras su verga rozaba mi pecho, dejando un rastro resbaloso. El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mi espina, mis gemidos ahogados en la boca de Luis.

Cambiaron posiciones, la tensión subiendo como la marea. Yo me puse a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mis codos. Marco se colocó atrás, escupiendo en su mano para lubricar, su dedo grueso abriéndome despacio. Relájate, wey, te voy a llenar chido. Entró centímetro a centímetro, su calor envolviéndome, estirándome hasta el delicioso límite. El sonido de piel contra piel empezó suave, luego un clap-clap rítmico que resonaba. Luis frente a mí, su verga en mi boca, follándome la garganta mientras Marco me taladraba el culo.

El sudor nos chorreaba, goteando en la sábana, el olor a sexo denso y embriagador. Sentía cada embestida de Marco golpeando mi próstata, chispas de placer explotando en mi vientre. Luis gemía bajito, ¡Así, pinche rico!, su mano masturbándome la verga, sincronizada con los movimientos. Mi mente era un torbellino:

Neta, esto es el paraíso, tres cuerpos enredados como en ese serviporno gay trio, pero real, nuestro
.

La intensidad creció, Marco acelerando, sus bolas chocando contra mí, gruñendo como animal. Me vengo, cabrones. Su verga se hinchó dentro, caliente leche llenándome, el pulso de su orgasmo reverberando en mí. Eso me empujó al borde. Luis salió de mi boca, se masturbó furioso, y chorros blancos salpicaron mi cara, salados en mis labios. Yo exploté en su mano, el placer cegador, mi cuerpo temblando, olas de éxtasis rompiendo una tras otra.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, el aire pesado con nuestro aroma compartido. Marco me besó la frente, Luis acarició mi espalda. Eso estuvo de a madre, dijo Marco, riendo suave. Nos quedamos ahí, respiraciones calmándose al ritmo de las olas lejanas. El afterglow era dulce, pieles pegajosas rozándose, un calor residual que prometía más noches así.

Al amanecer, con el sol tiñendo el cielo de rosa, nos duchamos juntos, jabón resbalando por cuerpos marcados por la pasión.

Esto no fue solo sexo, fue conexión, wey
, pensé, mientras sus manos me lavaban con ternura. Salimos a la terraza, cafés en mano, el mar brillando. El recuerdo de nuestro serviporno gay trio nos unía, un secreto ardiente que avivaba la chispa para lo que viniera. Neta, la vida sabe mejor cuando la vives así, sin frenos, puro fuego mexicano.

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