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Trios Calientes en GDL

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Trios Calientes en GDL

Estaba en Guadalajara por unos días de trabajo, pero la neta, lo que más me emocionaba era la noche. La ciudad vibra con esa energía pícara, luces neón parpadeando en las calles de Providencia, el olor a tacos al pastor flotando en el aire mezclado con el perfume caro de las morras bien puestas. Yo, Ana, veintiocho años, soltera y con ganas de aventura, entré a un bar chido esa noche. La música electrónica retumbaba suave, cuerpos moviéndose al ritmo, y pedí un tequila reposado con limón y sal. Qué chido estar aquí sola, lista para lo que pinte, pensé mientras escaneaba el lugar.

Ahí los vi. Un carnal alto, moreno, con barba recortada y camisa ajustada que marcaba sus pectorales, y su jefa, una güera de curvas asesinas, vestido rojo ceñido que dejaba poco a la imaginación. Se miraban con esa complicidad que grita sexo en el aire. Se acercaron, él con sonrisa pícara: "

¿Qué onda, morra? ¿Vienes a probar los trios GDL?
" soltó él, guiñándome el ojo. Ella rio, tocándome el brazo suave. "
Neto, aquí en GDL los trios son legendarios. Somos Marco y Lupe, ¿te animas?
" Su voz era ronca, como miel caliente.

Mi pulso se aceleró. ¿Trios GDL? Suena a puro fuego. Les seguí la corriente, charlando de la vida nocturna tapatía, el olor de su colonia masculina invadiendo mis sentidos, el roce casual de sus manos. El tequila bajaba ardiente por mi garganta, aflojándome las inhibiciones. "

Chale, ¿por qué no?
" respondí, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Salimos del bar, el aire fresco de la noche besando mi piel, subimos a su camioneta rumbo a un hotel en la Zona Expo, luces de la ciudad desfilando como promesas.

En el lobby, el mármol frío bajo mis tacones, el ascensor zumbó subiendo. Lupe me tomó de la mano, sus uñas pintadas rozando mi palma. Marco atrás, su aliento cálido en mi cuello. "

Relájate, nena, esto va a estar chingón
", murmuró él. La puerta de la suite se abrió a un mundo de lujo: cama king size con sábanas de hilo egipcio, vista panorámica de las luces de GDL, y una botella de champagne enfriándose.

Nos sentamos en el balcón, el viento nocturno trayendo ecos lejanos de mariachis. Brindamos, burbujas explotando en mi lengua, sus ojos devorándome. Lupe se acercó primero, sus labios suaves probando los míos, sabor a fresa de su gloss. Marco observaba, su mirada encendida. Siento mi corazón latiendo como tambor, el calor subiendo por mi vientre. Sus manos expertas desabrocharon mi blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco, pezones endureciéndose al instante.

Entramos a la habitación, luces tenues pintando sombras en sus cuerpos. Lupe me empujó suave a la cama, su boca bajando por mi cuello, lamiendo salado sudor. Marco se desnudó, su verga ya dura saltando libre, gruesa y venosa, oliendo a hombre puro. "

Qué rica estás, Ana
", gruñó él, arrodillándose para besar mi muslo interno. El roce de su barba raspando mi piel sensible me hizo jadear. Lupe se quitó el vestido, sus chichis firmes rebotando, tanga empapada pegada a su coño hinchado.

Yo me quité lo que quedaba, desnuda ante ellos, vulnerable pero empoderada. Esto es mío, lo quiero todo. Lupe se montó en mi cara, su coño mojado rozando mis labios, sabor salado y dulce invadiendo mi boca. Lamí despacio, su clítoris palpitando bajo mi lengua, ella gimiendo "

¡Ay, sí, cabrona, así!
". Marco separó mis piernas, su lengua explorando mis labios vaginales, chupando mi jugo que corría como río. El sonido de succiones húmedas llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos.

La tensión crecía, mis caderas moviéndose solas. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, mamando la verga de Marco, venas pulsando en mi boca, sabor almizclado de precum. Lupe detrás, dedos hurgando mi culo, lubricante fresco chorreando. "

Te vamos a romper rico, morra
", susurró ella. Marco me penetró despacio, su pija estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. El slap-slap de piel contra piel, sudor goteando, olor a sexo crudo impregnando todo.

Lupe se acostó debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi clítoris y las bolas de él. Es demasiado, voy a explotar. Marco aceleró, embistiéndome fuerte, gruñendo como animal. Yo chupaba los pezones de Lupe, mordisqueando suave, ella retorciéndose. El orgasmo me golpeó primero, olas de placer convulsionando mi cuerpo, gritando en su boca. Marco se corrió segundos después, chorros calientes inundando mi coño, gimiendo "

¡Chingado, qué prieta!
". Lupe se vino frotándose contra mi muslo, jugos empapándonos.

Pero no paró ahí. Rodamos exhaustos pero hambrientos. Ahora Lupe en cuatro, Marco follándola por atrás mientras yo lamía su ano, dedo adentro girando. Ella gritaba, tetas balanceándose. Yo me subí encima, frotando mi coño en su espalda, besando a Marco profundo, lengua enredándose. El ritmo se volvió frenético, cuerpos resbalosos de sudor, el colchón crujiendo bajo nosotros. Otro clímax colectivo, temblores sincronizados, risas jadeantes entre gemidos.

Caímos en un enredo de extremidades, pieles pegajosas, respiraciones agitadas calmándose. El aroma a sexo y champagne flotaba, luces de GDL titilando afuera como testigos. Marco me besó la frente, Lupe acurrucándose en mi pecho. "

Los trios GDL son lo máximo, ¿verdad?
", dijo ella pícara. Yo sonreí, exhausta y satisfecha. Nunca olvidaré esta noche, pura conexión carnal y alma.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando fluidos, manos jabonosas explorando de nuevo, pero suave, cariñoso. Salimos del hotel al amanecer, el sol pintando de oro las torres de Guadalajara. Nos despedimos con promesas de más, números en el celular. Caminé a mi hotel, piernas flojas, sonrisa boba, saboreando el afterglow. GDL me había dado más que trabajo: una experiencia que me hacía sentir viva, deseada, completa.

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