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El Gay Porn Trio Ardiente

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El Gay Porn Trio Ardiente

Era una noche de verano en Puerto Vallarta, de esas que te pegan el calor en la piel como un beso húmedo. Yo, Alex, acababa de llegar a la casa playera de mi carnal Marco, un wey alto, moreno, con ese cuerpo de gym que hace que cualquier pendejo voltee a verlo. Ahí estaba también Luis, el amigo de Marco, un chavo de ojos verdes y sonrisa pícara que siempre andaba con shorts ajustados que dejaban poco a la imaginación. Habíamos quedado de juntarnos pa' unas chelas y música, pero neta, desde que crucé la puerta, el aire se sentía cargado de algo más.

El olor a sal del mar se mezclaba con el humo de la parrilla que Marco tenía prendida afuera. Qué chido estar aquí con estos dos, pensé, mientras mi mirada se perdía en las gotas de sudor que corrían por el pecho lampiño de Luis. Marco me dio un abrazo de esos que duran un segundo de más, su mano apretándome la espalda baja, y Luis soltó una risa ronca: "Órale, Alex, ¿ya traes sed o qué?". Nos sentamos en la terraza, con el Pacífico rugiendo de fondo, y las cervezas frías bajando como agua bendita.

La plática fluyó fácil, de pinches chismes del barrio hasta anécdotas de la playa. Pero pronto, el tema viró. Luis sacó su cel y puso un video: "Miren esto, weyes, un gay porn trio que vi el otro día, neta que prende". La pantalla se iluminó con tres cuerpos entrelazados, gemidos bajos y pieles brillando bajo luces tenues. Mi verga dio un salto en los shorts. Marco se acercó, su muslo rozando el mío, y Luis nos miró con esa ceja arqueada.

"¿No mames, esto está cabrón", murmuró Marco, su voz grave vibrando en mi pecho.
El calor subía, no solo del trópico, sino de esa tensión que se palpaba en el aire salobre.

Apagamos el video, pero la imagen quedó grabada. Luis se paró, estirándose, y su paquete se marcó perfecto contra la tela. "Vamos adentro, hace un chorro de calor aquí". Entramos a la sala amplia, con ventanales al mar y un sofá de cuero que crujía bajo nuestro peso. Marco puso música, un reggaetón suave con bajo que retumbaba en el piso. Bailamos un rato, cuerpos chocando "sin querer". Sentí las manos de Luis en mi cintura, su aliento caliente en mi cuello, oliendo a menta y cerveza. Esto va pa' allá, cabrón, y no quiero que pare, pensé, mientras mi pulso se aceleraba como tambor.

Marco nos jaló al sofá. "Weyes, ¿por qué no hacemos nuestro propio gay porn trio?". Su risa era juguetona, pero sus ojos ardían. Nadie dijo que no. Luis se acercó primero, sus labios rozando los míos, suaves al principio, luego hambrientos. Sabían a sal y deseo. Mi lengua exploró su boca, mientras Marco nos veía, manoseándose por encima del short. Desabroché a Luis, su verga saltó libre, gruesa y venosa, con un glande rosado que palpitaba. La tomé en la mano, piel caliente y sedosa, y él gimió bajito: "Sí, Alex, así".

Marco se unió, quitándome la playera con urgencia. Sus pezones duros rozaron mi espalda, y su verga presionaba contra mis nalgas. El tacto de su piel sudada era eléctrico, como corriente viva. Nos besamos los tres, bocas chocando, lenguas enredándose en un baile húmedo. Olía a macho, a sudor fresco y loción de coco. Bajé de rodillas, el piso fresco contra mis piernas. Chupé a Luis primero, su verga llenándome la boca, salada y pulsante. Marco metió la suya al lado, frotándola contra mi mejilla. Qué rico, dos vergas pa' mí, pensé, mientras mi propia polla dolía de dura. Lamí, succioné, saboreando cada gota de precum que brotaba, dulce y almizclada.

Luis jadeaba: "No mames, wey, eres un chingón". Marco me levantó, nos tumbó en el sofá. Me abrí de piernas, exponiendo mi culo depilado y ansioso. Luis escupió en su mano, lubricando, y metió un dedo, luego dos, abriéndome con maestría. El estiramiento ardía rico, un fuego que pedía más. Marco se posicionó en mi boca, follándomela despacio, su sabor más intenso, más varonil. Entró Luis, centímetro a centímetro, su verga gruesa partiéndome en dos. Grité de placer, amortiguado por Marco. El ritmo empezó lento, piel contra piel, chapoteos húmedos y gemidos que se mezclaban con las olas lejanas.

El medio acto se ponía intenso. Cambiamos posiciones como en ese video que vimos. Ahora yo encima de Marco, cabalgándolo, su verga golpeando mi próstata con cada bajada. Luis detrás, untando lubricante –había una botella en la mesa, preparados pa' esto–, y entró en mi culo junto a Marco. ¿Doble? No mames, pero sí, cabrón, los dos adentro. El estiramiento fue brutal al principio, un dolor placentero que explotó en éxtasis. Sentí sus vergas frotándose dentro de mí, separadas por una delgada pared, pulsando al unísono. Sudor chorreaba, goteando en mi pecho, el sofá crujiendo como si fuera a romperse.

Luis me mordía el hombro, dejando marcas rojas, su aliento entrecortado: "Te sientes de la chingada, Alex". Marco debajo, manos en mis caderas, guiándome: "Muévete, carnal, así, qué rico tu culo". El olor a sexo impregnaba todo, almizcle, semen y sudor. Mis bolas rebotaban, mi verga rozando el vientre peludo de Marco. Gemí como loco, el placer subiendo en oleadas, tensión en cada músculo.

"Voy a venirme, weyes", avisé, y exploté, chorros calientes salpicando el pecho de Marco.

Ellos no pararon. Me voltearon, ahora Marco en mi culo, lubricado con mi propio semen, resbaloso y caliente. Luis en mi boca, follándomela profundo. El sabor salado de su verga mezclada con mi corrida era adictivo. Marco aceleró, sus embestidas fuertes, sacudiendo mi cuerpo. "Córrete adentro, cabrón", le rogué, y lo hizo, un chorro ardiente inundándome, goteando por mis muslos. Luis salió de mi boca y se pajeó sobre mi cara, semen espeso cayendo en labios y mejillas, que lamí ansioso.

Caímos exhaustos, un enredo de cuerpos jadeantes. El aire olía a clímax, a piel satisfecha. Marco me besó la frente: "Eso fue mejor que cualquier gay porn trio, wey". Luis rio, limpiándonos con toallas suaves. Nos quedamos ahí, abrazados, el mar susurrando afuera. Sentí una paz chida, como si hubiéramos cruzado un puente juntos, más unidos que nunca.

Al rato, chelas frías de nuevo, platicando del futuro, de más noches así. No hubo arrepentimientos, solo sonrisas picas y promesas mudas. Esa noche en Puerto Vallarta nos cambió, nos hizo más libres, más vivos. El gay porn trio del video fue solo el chispazo; lo nuestro, puro fuego mexicano.

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