Tríos Dos Mujeres Un Hombre XXX
La noche en Puerto Vallarta olía a mar salado y a noches de verano que prometen pecados. Yo, Alejandro, acababa de llegar de la Ciudad de México para unas vacaciones chidas con unos cuates. Entre ellos, Sofía y Carla, dos morras que conocí en la uni y que siempre me han visto con ojos de travesura. Sofía, con su piel morena como el café de olla y curvas que te hacen babear, y Carla, güerita de ojos verdes, tetas firmes y un culo que parece esculpido por los dioses. Las tres botellas de tequila ya iban por la mitad en la terraza del hotel, y el ritmo de la cumbia retumbaba en el fondo.
¿Qué chingados estoy pensando? me dije mientras las veía bailar pegaditas, sus caderas moviéndose al unísono, rozándose como si ya supieran el secreto que yo ignoraba. El sudor les perlaba la piel, y el viento traía su aroma, mezcla de coco y deseo fresco. "Ven pa'cá, Ale", gritó Sofía, jalándome del brazo. Sus dedos calientes en mi piel me erizaron el vello. Carla se pegó por detrás, su aliento en mi cuello: "No seas pendejo, únete al baile".
Empecé a moverme entre ellas, sintiendo sus cuerpos contra el mío. El calor de Sofía en el pecho, el roce de Carla en la espalda baja. Mi verga ya se despertaba, dura como piedra, presionando contra los shorts. "Tríos dos mujeres un hombre xxx", se me cruzó por la mente como un recuerdo de esas noches solitarias frente a la compu, pero esto era real, carnal, mexicano hasta los huesos.
¡Pinche suerte la mía! Dos reinas dispuestas a devorarme.
La fiesta se apagó poco a poco, la gente se fue dispersando hacia la playa oscura. Nos quedamos solos en la terraza, el mar rugiendo abajo como un amante celoso. "Vamos a tu cuarto, Ale", susurró Carla, su mano bajando por mi abdomen. Sofía asintió, mordiéndose el labio inferior, esa boca carnosa que imaginaba chupando hasta el amanecer. Subimos en el elevador, el silencio cargado de electricidad. Sus pechos subían y bajaban rápido, y yo sentía mi pulso en las sienes.
Acto primero: la habitación. Luz tenue de la luna filtrándose por las cortinas. Cerré la puerta y ellas se lanzaron. Sofía me besó primero, sus labios suaves y húmedos, sabor a tequila y menta. Su lengua invadió mi boca, bailando con la mía mientras Carla me quitaba la camisa, sus uñas arañando mi pecho. "Qué rico hueles, cabrón", murmuró Sofía contra mi piel. Olía a hombre sudado por el baile, a sal marina. Desabroché el vestido de Sofía, revelando sus chichis grandes, pezones oscuros endurecidos. Carla ya estaba en brasier, sus tetas perfectas rebotando al quitarse la falda.
Las tumbé en la cama king size, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Empecé con besos en el cuello de Sofía, bajando por su clavícula, lamiendo el sudor salado. Ella gemía bajito, "Ay, Ale, no pares". Carla se acercó, besando a Sofía con hambre, sus lenguas enredándose mientras yo chupaba un pezón de Sofía, duro como un chícharo. El sonido de sus besos, chupetones húmedos, me volvía loco. Mi mano bajó por el vientre de Carla, sintiendo su piel suave, aterciopelada, hasta su tanga empapada.
La tensión subía como la marea. Me arrodillé entre ellas, quitándoles las tangas. Sofía tenía la panocha depilada, labios hinchados brillando de jugos. Carla, con un triánguilo de vello rubio, su clítoris asomando como una perla. "Chúpame, mi amor", rogó Carla. Separé sus piernas, inhalando su aroma almizclado, dulce como tamarindo maduro. Mi lengua rozó su botón, y ella arqueó la espalda, gimiendo fuerte: "¡Sí, pinche lengua de oro!". Lamí despacio, círculos lentos, saboreando su miel salada mientras Sofía me masturbaba la verga por encima de los shorts.
Acto segundo: la escalada. Me puse de pie, me quité todo. Mi verga saltó libre, venosa y gruesa, goteando precum. "Mira qué vergón, Sofi", dijo Carla, lamiéndose los labios. Se turnaron para mamarla. Sofía primero, engulléndola hasta la garganta, su saliva chorreando por los huevos. El sonido guloso, slurp slurp, y sus ojos mirándome desde abajo, sumisos y fieros. Carla la relevó, chupando las bolas mientras Sofía lamía el tronco. Sentía sus bocas calientes, lenguas expertas, el cosquilleo subiendo por la columna.
Esto es mejor que cualquier porno. Dos morras mexicanas devorando mi pija como si fuera el último elote en la feria.
Las puse a cuatro patas, lado a lado. Sus culos redondos, perfectos, me llamaban. Metí dos dedos en la concha de Sofía, estaba chorreando, apretándome como guante. "Fóllame ya, Ale, no seas mamón", suplicó. Empujé mi verga despacio, sintiendo cada centímetro de su calor húmedo envolviéndome. Gemí al fondo, sus nalgas contra mi pubis. Empecé a bombear, el plaf plaf de piel contra piel llenando la habitación. Carla se masturbaba viéndonos, sus dedos hundiéndose en su panocha, jugos goteando por los muslos.
Cambié a Carla, su coño más apretado, virgen en estrechez pero puta en ganas. "¡Más duro, cabrón!", gritaba mientras la taladraba. Sofía se besaba con ella, manoseándose las tetas. El sudor nos unía, resbaloso, el olor a sexo denso como niebla. Las hice gemir al unísono, mis embestidas profundas, tocando sus puntos G. Sentía sus paredes contrayéndose, ordeñándome la verga.
La intensidad crecía. Las puse una sobre la otra, Sofía abajo, Carla arriba, sus panochas apiladas. Lamí alternadamente, lengua en clítoris de una, dedos en la otra. "¡Me vengo, me vengo!", chilló Sofía primero, su cuerpo temblando, chorro caliente salpicándome la cara. Dulce, salado, embriagador. Carla la siguió, convulsionando, sus jugos mezclándose.
Acto tercero: el clímax. "Quiero sus conchas al tiempo", gruñí. Me recosté, Sofía montándome la verga, rebotando con furia, sus chichis saltando. Carla se sentó en mi cara, su culo en mi pecho, panocha en mi boca. Lamí mientras Sofía cabalgaba, el colchón crujiendo. Sus gemidos se fundían: "¡Qué rico trío, dos mujeres un hombre xxx puro!". Sofía aceleró, su concha apretando, y yo sentí el orgasmo subir como volcán.
"¡Métemela en la boca!", pidió Carla. Sofía se bajó, y las dos se arrodillaron. Bombeé mi verga, ellas lamiendo lados, lenguas en los huevos. Explote con un rugido, chorros calientes en sus caras, bocas abiertas. Semen espeso, salado, ellas lamiéndolo todo, besándose para compartirlo. El sabor en sus labios, el olor a corrida fresca.
Nos derrumbamos en la cama, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. El mar susurraba afuera, testigo mudo. Sofía acurrucada en mi pecho derecho, Carla en el izquierdo, sus respiraciones calmándose. "Esto fue chingón, Ale", murmuró Sofía, besándome el hombro. Carla sonrió: "Repetimos mañana, ¿va?".
Nunca imaginé un trío así, dos mujeres un hombre xxx hecho realidad. Me siento rey, completo, con el corazón latiendo aún fuerte.
Nos dormimos entrelazados, el amanecer pintando la habitación de oro. Mañana la playa, pero esta noche quedaría grabada en la piel, en el alma. Un trío dos mujeres un hombre xxx que cambió todo.