Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Discografia Ardiente de El Tri La Discografia Ardiente de El Tri

La Discografia Ardiente de El Tri

6216 palabras

La Discografia Ardiente de El Tri

Entraste a mi depa en la Condesa, con esa sonrisa pícara que siempre me desarma, güey. La noche caía suave sobre la ciudad, las luces de los restaurantes brillando como promesas lejanas. Yo, Ana, acababa de desempolvar mi colección de discos de El Tri discografia completa, esos vinilos que mi carnal me dejó antes de mudarse a Guadalajara. "Mira, carnala, ¿qué traes ahí?", dijiste, tus ojos clavándose en las portadas gastadas pero chidas: Simplemente, Explosión, Leyenda, todos alineados en el estante como trofeos de rock mexicano puro.

El aire olía a café recién hecho y a mi perfume de jazmín, mezclado con el leve aroma de tu colonia, esa que huele a madera y aventura. Pusimos el primer disco, Qué Gusto, y la guitarra rasposa de Alex Lora llenó la sala. Tus manos rozaron las mías al pasar el vaso de chela fría, y sentí un cosquilleo que subió por mi brazo como corriente eléctrica.

"¿Por qué carajos guardas toda la El Tri discografia? ¿Eres fanática o qué?",
preguntaste riendo, sentándote en el sofá de piel suave, tan cerca que tu muslo presionaba el mío.

Yo me recargué en ti, el calor de tu cuerpo filtrándose a través de la tela ligera de mi blusa. "Es que cada disco es como un pedazo de mi pinche alma rockera, wey. Me hace sentir viva, libre". La voz grave de Lora cantaba sobre amores locos, y el ritmo nos mecía. Tus dedos juguetearon con un mechón de mi pelo, y el roce fue como una caricia prohibida. Olía a tu piel, salada y masculina, y mi pulso se aceleró. Quería más, pero jugué a la lenta, dejando que la tensión creciera como el solo de guitarra que retumbaba en los parlantes.

Pasamos al siguiente, Explosión, y bailamos en la sala, cuerpos pegándose al compás. Tus manos en mi cintura, firmes pero tiernas, apretando justo lo suficiente para que sintiera tu deseo creciendo.

"Ana, tu El Tri discografia me está poniendo caliente, ¿o soy yo el que arde?",
murmuraste al oído, tu aliento cálido rozando mi lóbulo. Reí bajito, girándome para que mi pecho rozara el tuyo. El sudor empezaba a perlar tu frente, y el mío se asomaba entre mis senos. El sonido de la batería era como latidos compartidos, acelerando todo.

La noche avanzaba, y con cada pista de la El Tri discografia, la barrera entre nosotros se deshacía. Tocamos Leyenda, esa rola de "Triste canción de amor" que nos envolvió en melancolía sensual. Te senté en el sofá y me subí a horcajadas, mis muslos envolviendo los tuyos. Tus manos subieron por mis piernas, lentas, explorando la suavidad de mi piel bajo la falda corta. Sentí tu dureza presionando contra mí, y un gemido se me escapó, ahogado por el rugido de la guitarra.

"Joder, Ana, no aguanto más esta discografia tuya... me enciende como nada",
dijiste con voz ronca, tus ojos oscuros devorándome. Besé tu cuello, saboreando el salado de tu sudor mezclado con esa colonia que me volvía loca. Mis uñas arañaron suavemente tu espalda, y tú respondiste alzando mi blusa, exponiendo mi piel al aire fresco. El olor a deseo flotaba, almizclado y dulce, mientras lamías mi clavícula, bajando despacio hacia mis pechos.

La intensidad subía con Simplemente sonando de fondo, las letras crudas hablando de pasiones salvajes. Te quité la camisa, admirando tu torso definido, el vello oscuro que invitaba a mi lengua. Tus manos desabrocharon mi brasier, y mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo tu mirada hambrienta. Los chupaste, suave al principio, luego con hambre, y yo arqueé la espalda, el placer disparándose como fuegos artificiales en mi vientre.

Nos movimos al piso, alfombra mullida bajo nosotros, cuerpos enredándose. Bajé tu pantalón, liberando tu verga tiesa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo su calor, su grosor, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado.

"¡Puta madre, Ana, eres una diosa rockera!",
gruñiste, tus caderas empujando instintivamente. El sonido de tu respiración agitada se mezclaba con la música, y el olor de nuestro arousal era embriagador, como tequila y sexo.

Te volteé, poniéndome encima, guiándote dentro de mí con un suspiro largo. Estabas tan duro, llenándome perfecto, y empecé a moverme, lento al principio, sintiendo cada centímetro rozando mis paredes internas. Tus manos en mis nalgas, amasándolas, guiando el ritmo que aceleraba con la canción. El slap de piel contra piel, mis gemidos altos, tu voz jadeante: todo era sinfonía viva. Sudor goteaba de tu pecho al mío, resbaloso y caliente.

La tensión crecía, mis músculos apretándote más, tu punta golpeando ese punto que me hacía ver estrellas.

"Más rápido, wey, dame todo de tu fuego",
supliqué, y tú obedeciste, embistiéndome desde abajo con fuerza controlada. El clímax se acercaba como un solo épico, mi clítoris frotándose contra tu pubis, oleadas de placer subiendo. Grité tu nombre cuando exploté, mi coño contrayéndose alrededor de ti, jugos calientes mojándonos.

Tú seguiste, unos empujones más, y te viniste dentro, chorros calientes llenándome, tu rugido primal vibrando en mi piel. Colapsamos, jadeantes, la música de El Tri discografia bajando a un fade out suave. Tu semen goteaba de mí, cálido, y lo sentí como marca de posesión mutua.

Nos quedamos ahí, enredados, el aire pesado con olor a sexo y vinilo viejo. Tus dedos trazaban círculos en mi espalda, y yo besé tu pecho, saboreando el sudor salado.

"Esta El Tri discografia va a ser nuestro ritual, Ana. Cada disco, una noche así",
dijiste, y sonreí, sabiendo que era verdad. La ciudad zumbaba afuera, pero aquí, en este afterglow, éramos invencibles, conectados por rock y deseo puro.

Al día siguiente, al despertar con tu brazo alrededor, puse otro disco, Vertical, y la promesa de más rondas flotaba en el aire. Nuestra historia apenas empezaba, marcada por esas portadas icónicas que nos unieron en éxtasis.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.