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Trying en Español el Sabor de Tu Piel

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Trying en Español el Sabor de Tu Piel

El sol se ponía en la playa de Puerto Vallarta, tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejaban en el mar tranquilo. Yo, Sofía, estaba sentada en la terraza de un palapa chido, con una michelada helada en la mano, sintiendo la brisa salada rozar mi piel bronceada. Llevaba un vestido ligero de algodón que se pegaba un poquito a mis curvas por el calor húmedo del atardecer. Olía a mar, a coco de los bronceadores y a esas flores tropicales que perfuman todo por aquí.

Entonces lo vi. Un güey gringo, alto, con cabello rubio revuelto por el viento y ojos azules que brillaban como el agua. Se acercó a la barra torpe, trying en español pedir una cerveza. "Una... cerveza, por favor. ¿Cómo se dice?" balbuceó con ese acento sexy que tienen los de allá. Me reí bajito, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Me paré y me acerqué, moviendo las caderas sin querer, o queriendo.

"Una chela, carnal. Así se dice aquí en México", le contesté con una sonrisa pícara, mirándolo de arriba abajo. Su piel clara empezaba a dorarse, y olía a protector solar mezclado con sudor fresco, ese aroma que me prende al instante. Se llamaba Alex, venía de California, y estaba de vacaciones solo, trying en español conectar con la cultura. Charlamos un rato; él tropezaba con las palabras, pero sus ojos me devoraban, y yo sentía el calor subiendo por mis muslos.

Este pendejo me va a volver loca con esa forma de intentarlo. Quiero enseñarle palabras que no salen en los libros.

Le invité otra chela, y nos sentamos en la arena tibia. El sonido de las olas rompiendo suave, risas lejanas de turistas, y el mariachi tocando rancheras a lo lejos creaban una vibra perfecta. Su mano rozó la mía accidentalmente al pasar la lima del vaso, y un chispazo eléctrico me recorrió el brazo. "Estás... hermosa. Eres preciosa", dijo esforzándose. Yo me acerqué más, mi aliento cálido en su oreja: "Gracias, guapo. Pero quiero oírte decirlo en español de verdad".

La tensión crecía como la marea. Caminamos por la playa, descalzos, la arena fresca entre los dedos. Él trying en español contarme sobre su vida, yo corrigiéndolo con risas, tocando su brazo musculoso cada vez más. Sentía mi corazón latiendo fuerte, el pulso en mi cuello acelerado, y entre mis piernas un calor húmedo que me hacía apretar los muslos. Llegamos a mi pequeña casa frente al mar, una casita pintada de azul con hamaca en el porche. Lo invité a entrar con una mirada que no dejaba dudas.

Dentro, el aire olía a vainilla de las velas que encendí rápido. Cerré la puerta, y él me jaló hacia sí, sus labios encontrando los míos en un beso torpe al principio, pero hambriento. Sabía a sal, a chela y a deseo puro. Sus manos grandes exploraban mi espalda, bajando a mis caderas, apretándome contra su cuerpo duro. Gemí bajito, sintiendo su verga ya tiesa presionando mi vientre. "Te quiero... te deseo", murmuró, trying en español, y yo lo corregí besándolo más profundo: "Te deseo, cabrón. Dilo así".

Lo empujé al sofá, quitándome el vestido lento, dejando que viera mis tetas firmes, pezones duros como piedras por la excitación. Él jadeaba, ojos fijos en mí, lamiéndose los labios. Me arrodillé entre sus piernas, desabrochando su short con dedos temblorosos de anticipación. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con un olor almizclado que me hizo salivar. "Qué chingona", susurré, y él rió nervioso: "¿Chingona? Sí... trying en español". La tomé en mi boca, saboreando la piel salada, el pre-semen dulce en mi lengua. Chupé despacio, sintiendo sus pulsos en mi garganta, sus gemidos roncos llenando la habitación.

Qué rico se siente su calor en mi boca. Quiero que me coja hasta que grite.

Alex me levantó, cargándome como si no pesara nada, y me llevó a la cama. La sábana fresca contra mi espalda ardiente, su peso encima mío delicioso. Besaba mi cuello, lamiendo el sudor salado, bajando a mis tetas. Mordisqueaba mis pezones, tirando suave, enviando descargas directas a mi clítoris hinchado. Mis uñas se clavaban en su espalda, oliendo su sudor mezclado con el mío, ese perfume primal de cuerpos en celo. "Tu piel... sabe a paraíso", dijo, y yo gemí: "Sigue trying en español, papi. Me encanta".

Sus dedos encontraron mi panocha empapada, resbaladiza de jugos. Rozó mi clítoris en círculos lentos, y arqueé la espalda, el placer como olas rompiendo dentro de mí. Sonidos húmedos de sus dedos entrando y saliendo, mi respiración agitada, sus gruñidos bajos. "Estás tan mojada... tan rica", balbuceó, y aceleró, metiendo dos dedos, curvándolos justo ahí, en mi punto G. El orgasmo me golpeó fuerte, mi cuerpo convulsionando, gritando "¡Sí, cabrón, así!", jugos chorreando por sus manos.

No paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, mi culo redondo. Su lengua en mis nalgas, lamiendo hasta mi ano, un toque prohibido que me hizo temblar de puro vicio. Luego su verga en mi entrada, frotando despacio, lubricándose con mis mieles. "¿Puedo?" preguntó, y yo empujé hacia atrás: "Cógeme ya, Alex. Métemela toda". Entró de un jalón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Sentí cada vena, cada pulso, su calor quemándome por dentro.

Empezó a bombear, lento al principio, saliendo casi todo y metiendo profundo. El slap-slap de piel contra piel, mis gemidos altos, sus "¡Ay, Sofía!" en español chueco. Agarró mis caderas, acelerando, follando con fuerza animal. Sudor goteando de su pecho a mi espalda, olor a sexo puro impregnando el aire. Me volteó de nuevo, piernas en sus hombros, penetrándome más hondo. Nuestros ojos conectados, su cara de éxtasis puro. "Me vengo... voy a...", jadeó trying en español, y yo apreté mis paredes alrededor de él: "Vente adentro, amor. Lléname".

Explotó conmigo, chorros calientes inundándome, mi segundo orgasmo arrancándome el alma. Grité, arañándolo, el mundo reduciéndose a ese placer cegador. Colapsamos juntos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor y semen. Su cabeza en mis tetas, mi mano en su cabello húmedo. El mar susurrando afuera, brisa fresca entrando por la ventana.

Minutos después, él levantó la cabeza, sonriendo cansado: "¿Lo hice bien en español?". Reí suave, besando su frente. "Perfecto, güey. Pero practiquemos más mañana". Nos quedamos así, envueltos en sábanas revueltas, el afterglow calentito envolviéndonos como una manta. Sentía su corazón latiendo contra el mío, un ritmo nuevo, prometedor. En ese momento, supe que este gringo trying en español se había metido en mi vida, y yo en la suya, con todo el fuego de México.

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