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Pasión Desenfrenada en El Tri Portadas

6511 palabras

Pasión Desenfrenada en El Tri Portadas

Entré a El Tri Portadas esa noche con el corazón latiéndome como tambor de rock en vivo. El aire estaba cargado de humo de cigarro, olor a cerveza fría y ese sudor picante que se mezcla con el perfume barato de las chavas que bailan pegaditas. La banda en el escenario tronaba con una portada de "Triste canción de amor" de El Tri, la voz ronca del vocalista imitando perfecto a Alex Lora, y el público gritaba ¡órale, cabrones! Yo, con mi falda corta negra que apenas cubría mis muslos, me abrí paso entre la gente, sintiendo miradas calientes clavadas en mi piel morena.

Me paré en la barra, pedí un chela helada que me refrescó la garganta seca. El lugar era un desmadre chido: luces neón parpadeando en rojo y azul, posters de El Tri pegados en las paredes mugrosas pero con onda, y parejas restregándose en la pista como si el mundo se acabara esa noche. Ahí lo vi. Alto, fornido, con tatuajes asomando por la camisa ajustada que marcaba sus pectorales. Pelo negro revuelto, barba de tres días que le daba ese aire de pendejo peligroso pero chulo. Me guiñó el ojo mientras pedía su trago, y neta, sentí un cosquilleo entre las piernas que me hizo apretar los muslos.

¿Qué chingados me pasa? Solo vine a desquitarme del pinche ex, pero este wey me trae loca con solo una mirada.

Se acercó, oliendo a colonia masculina mezclada con cerveza, y me dijo: "Mamacita, ¿vienes sola a este desmadre? Déjame invitarte otra chela y te cuento cómo la banda se avienta las mejores portadas de El Tri". Su voz grave me erizó la piel. Le sonreí, juguetona, y respondí: "Pues órale, carnal, pero no creas que soy fácil. Baila conmigo primero". La música cambió a "Abuso de autoridad", el bajo retumbando en mi pecho, y nos fuimos a la pista. Sus manos en mi cintura, fuertes pero suaves, me pegaron a su cuerpo. Sentí su verga endureciéndose contra mi vientre, dura como piedra, y yo me restregué despacito, saboreando el roce a través de la tela delgada.

El sudor nos empapaba, mi blusa pegándose a mis tetas, los pezones duros rozando su pecho. Olía su cuello, salado y varonil, mientras él me mordisqueaba la oreja susurrando: "Eres una chingona, güeyita. Me traes con el chile parado desde que entraste". Reí bajito, mi mano bajando por su espalda hasta apretar su culo firme. La tensión crecía con cada giro, cada roce accidental que no lo era. La banda gritaba "¡Piedra contra tijera!", y nosotros jugábamos nuestro propio juego, cuerpos enredados, respiraciones agitadas mezclándose con el ruido.

Después de tres rolas, me jaló a una mesa apartada en la esquina, donde las luces eran tenues y el humo nos envolvía como niebla. Pedimos tequilas, el ardor bajando por mi garganta como fuego líquido. Hablamos pendejadas: de cómo El Tri Portadas era el mejor antro para desquitarse, de sus portadas que ponían a todos cachondos con esas letras rebeldes. Pero sus ojos no mentían; devoraban mis labios, mis piernas cruzadas dejando ver el encaje de mi tanga. "¿Sabes qué? Quiero comerte entera", me soltó de golpe, su mano subiendo por mi muslo bajo la mesa.

Neta, este wey me prende como cerillo. Mi concha palpita, húmeda, rogando por sus dedos. ¿Me lanzo o sigo jugando?

Lo miré fijo, mordiéndome el labio: "¿Y qué esperas, pendejo? Llévame a algún lado antes de que te dé un beso aquí mismo y arme el escándalo". Se levantó rápido, pagó la cuenta y salimos al estacionamiento trasero, donde su troca negra esperaba bajo las estrellas. El aire fresco de la noche mexicana nos golpeó, oliendo a mar cercano y jazmines silvestres. Me empujó contra la puerta del copiloto, sus labios aplastando los míos en un beso hambriento. Saboreé su lengua, tequila y deseo puro, mientras sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones que dolían de placer.

Entra, chula —gruñó abriendo la puerta. Me subí, falda arremangada, y él se lanzó encima, el asiento crujiendo bajo nuestro peso. Sus dedos bajaron mi tanga, rozando mi chochito empapado. "Estás chorreando, puta hermosa", murmuró, y metí dos dedos en su boca para callarlo, chupándolos él con gemido ronco. Yo desabroché su jeans, liberando esa verga gruesa, venosa, latiendo en mi palma. La apreté, masturbándolo lento, sintiendo el precum resbaloso lubricando mi piel.

La tensión explotó cuando me monté a horcajadas, guiando su pija a mi entrada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirme llena, estirada al límite. "¡Ay, cabrón, qué rica verga!" grité, y él embistió desde abajo, manos en mis nalgas abriéndome más. El carro se mecía con cada choque, vidrios empañándose, nuestros jadeos ahogando el eco lejano de la banda. Olía a sexo crudo, mi jugo chorreando por sus bolas, su sudor goteando en mi escote. Aceleramos, piel contra piel chapoteando, mis tetas rebotando en su cara que las chupaba con hambre.

Esto es el paraíso, wey. Cada estocada me acerca al borde, mi clítoris frotándose en su pubis rasposo. No pares, no pares...

Cambié de posición, de espaldas en el asiento reclinado, él penetrándome profundo desde atrás. Sus manos en mi clítoris, frotando círculos perfectos, mientras yo me arqueaba gritando obscenidades: "¡Métemela más duro, pinche semental! ¡Hazme venir!". El clímax me sacudió como terremoto, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer mojando todo. Él rugió, clavándome hasta el fondo, y sentí su leche caliente llenándome, pulso tras pulso, hasta que colapsamos temblando.

Nos quedamos así un rato, respiraciones calmándose, su cabeza en mi pecho oyendo mi corazón galopante. El olor a corrida y sudor nos envolvía como manta tibia. Me besó suave el cuello: "Eres increíble, reina. ¿Vienes conmigo a mi depa? Todavía no acabamos". Sonreí, acariciando su pelo: "Neta, carnal, esta noche en El Tri Portadas fue el arranque perfecto. Vamos, que quiero más de ti".

Salimos del carro, piernas flojas, riendo como pendejos felices. El antro seguía tronando atrás, pero nosotros ya vivíamos nuestra propia rola, con promesas de amaneceres calientes y cuerpos enredados. Esa noche cambió todo; El Tri Portadas no solo era portadas de rock, era el inicio de mi fuego personal.

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