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Trios Ricos en la Noche Prohibida

6534 palabras

Trios Ricos en la Noche Prohibida

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te estuviera acariciando. Yo, Ana, había llegado a la fiesta de mi amiga Lupe solo para distraerme un rato después de una semana de puro estrés en la oficina. El penthouse era una chulada: luces tenues, música electrónica suave retumbando en los parlantes, y meseros con bandejas de champagne Dom Pérignon que olían a lujo puro. Vestida con un vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa, me movía entre la gente rica y guapa, sintiendo las miradas posándose en mis curvas.

Entonces los vi. Carlos y Sofía. Él, alto, moreno, con esa sonrisa de pendejo confiado que te derrite, vestido con una camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar el pecho bronceado. Ella, rubia teñida con ojos verdes que brillaban como esmeraldas, en un top diminuto y falda que apenas cubría sus muslos perfectos. Estaban bailando pegaditos, sus cuerpos moviéndose al ritmo como si fueran uno solo. Neta, eran de esos trios ricos que uno imagina en las revistas de chismes, pero en carne y hueso.

¿Qué carajos estoy pensando? Estos dos son de otro nivel, wey. Pero míralos, tan sincronizados, tan calientes...
Me dije a mí misma mientras tomaba un sorbo de mi trago, el vodka con limón quemándome la garganta y despertando un cosquilleo en el estómago.

Carlos me pilló mirando. Levantó su copa en un brindis silencioso y se acercó, arrastrando a Sofía de la mano. "Hola, preciosa", dijo él con voz grave, como ronroneo de tigre. "Soy Carlos, ella es Sofía. ¿Y tú?" Su aliento olía a menta y tequila añejo, una mezcla que me erizó la piel. Sofía sonrió pícara, rozando mi brazo con sus dedos manicureados. "Ana, ¿verdad? Lupe nos habló de ti. Pareces la chica que faltaba para hacer esta noche inolvidable."

El deseo empezó como una chispa. Charlamos, reímos, bailamos. Sus toques inocentes al principio –la mano de él en mi cintura, los labios de ella cerca de mi oreja susurrando chistes sucios– se volvieron eléctricos. El sudor de sus cuerpos se mezclaba con el mío, oliendo a perfume caro y excitación creciente. "¿Sabes qué son los trios ricos?", murmuró Sofía mientras me mordisqueaba el lóbulo. "Como nosotros tres, enredados en placer puro." Mi corazón latía como tambor, el pulso retumbando en mis venas.

La tensión crecía con cada mirada, cada roce. Carlos me besó primero, sus labios firmes y exigentes, saboreando a sal y deseo. Sofía se unió, su lengua suave explorando mi boca mientras sus manos bajaban por mi espalda.

Esto es una locura, pero qué chingón se siente. No puedo parar ahora.

Nos escabullimos al cuarto privado del fondo, una suite con cama king size cubierta de sábanas de seda negra, velas aromáticas a vainilla y jazmín flotando en el aire. La puerta se cerró con un clic suave, aislando el ruido de la fiesta. La habitación olía a sexo anticipado, a piel caliente y lubricante que Sofía sacó de su bolso con una guiñada.

Acto dos, la escalada. Nos desvestimos lento, saboreando cada revelación. Carlos admiraba mis tetas firmes, "Qué ricas, Ana, déjame probarlas", y chupó mis pezones hasta ponérmelos duros como piedras, enviando descargas directas a mi panocha que ya chorreaba. Sofía se arrodilló entre mis piernas, sus uñas rozando mis muslos internos, el roce como fuego líquido. "Relájate, mami", ronroneó, y su lengua encontró mi clítoris, lamiendo con maestría, saboreando mis jugos que sabían a miel salada.

Yo gemía bajito, el sonido ahogado por la boca de Carlos que me besaba profundo, su verga tiesa presionando mi cadera, gruesa y venosa, palpitando contra mi piel.

¡Órale, qué verga tan chula! La quiero adentro ya.
Lo tomé con la mano, masturbándolo lento, sintiendo la piel suave sobre el acero duro, el precum goteando caliente en mis dedos.

Cambiamos posiciones como en una coreografía perfecta. Yo encima de Sofía, chupándole las tetas perfectas, sus pezones rosados endureciéndose en mi boca, mientras Carlos me penetraba por atrás, lento al principio, su verga abriéndome centímetro a centímetro. El estiramiento era delicioso, un ardor que se convertía en placer puro. "¡Ay, cabrón, qué rico!", grité, mi voz ronca. Él embestía más fuerte, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con los jadeos de Sofía, que frotaba su concha contra mi muslo, dejando un rastro húmedo y resbaloso.

El olor era embriagador: sudor masculino almizclado, el dulce almizcle femenino de Sofía, mi propia excitación flotando pesado. Tocábamos todo –dedos en culos, lenguas en cuellos sudorosos, uñas clavándose en espaldas–. Sofía se corrió primero, su cuerpo convulsionando bajo el mío, "¡Sí, sí, chíngame más!", sus paredes internas apretándome mientras yo le metía dos dedos. Yo la seguí, el orgasmo explotando como volcán, mi concha ordeñando la verga de Carlos, jugos salpicando sus bolas pesadas.

Él resistió heroico, volteándonos para ponerme a cuatro y follarme con furia animal, sus manos en mis caderas magullándome suave. Sofía debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis labios y en sus huevos, el placer duplicado.

No aguanto más, va a reventar todo.
Carlos rugió, "Me vengo, putas ricas", y se vació dentro de mí, chorros calientes inundándome, goteando por mis muslos mientras él temblaba.

Colapsamos en la cama, un enredo de cuerpos jadeantes, pieles pegajosas brillando bajo la luz de las velas. El afterglow era puro éxtasis: pulsos calmándose, besos suaves, risas ahogadas. Carlos me acariciaba el pelo, oliendo a mi shampoo de coco mezclado con su sudor. Sofía trazaba círculos en mi vientre, "Eso fue un trio rico de verdad, ¿no?"

Nos quedamos así un rato, charlando pendejadas sobre la fiesta, planes futuros. Yo sentía una paz profunda, empoderada, como si hubiera descubierto un pedazo de mí que andaba perdido.

Estos trios ricos no son solo sexo, son conexión, libertad pura.
Al amanecer, nos vestimos con promesas de repetir. Salí del penthouse con piernas flojas, el sol tiñendo el skyline de oro, sabiendo que esa noche había cambiado todo. El recuerdo de sus toques, sabores y olores se quedaría grabado, un fuego latente listo para encenderse de nuevo.

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