Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo George Michael Un Intento Más de Pasión George Michael Un Intento Más de Pasión

George Michael Un Intento Más de Pasión

6146 palabras

George Michael Un Intento Más de Pasión

La noche en el bar de Polanco olía a tequila reposado y a jazmines del jardín interior, ese aroma que siempre me ponía la piel chinita. Yo, Ana, sentada en la barra con mi vestido negro ceñido que marcaba mis curvas como un guante, no esperaba verlo a él. Carlos, mi ex, el pendejo que me rompió el corazón hace dos años con sus viajes eternos como piloto. Pero ahí estaba, con esa sonrisa de diablo y los ojos cafés que me derretían.

Órale, Ana, ¿tú por aquí? —dijo acercándose, su voz grave como un ronroneo, oliendo a colonia cara y a hombre que sabe lo que quiere.

Mi corazón dio un brinco, neta. Lo miré de arriba abajo: camisa blanca desabotonada un poco, mostrando ese pecho moreno y musculoso que yo conocía de memoria.

¿Por qué carajos me late tan fuerte? Ya lo superé, ¿no?
Pero el deseo era como una chispa, prendiendo lento.

Nos sentamos juntos, platicando de pendejadas. El jukebox sonaba viejo, y de repente, arrancó George Michael One More Try. Esa balada ochentera que habla de dar otra oportunidad al amor. Carlos se quedó callado, mirándome fijo.

Es como nosotros, ¿no? Un intento más —murmuró, su mano rozando la mía accidentalmente. El toque fue eléctrico, piel contra piel, cálida y áspera por sus callos de gym.

Yo tragué saliva, sintiendo el calor subir por mis muslos. Uno más no mata, pensé. Pedimos unos tequilas, el líquido quemándonos la garganta, dulce y ahumado. La tensión crecía con cada sorbo, cada mirada que se clavaba en mis labios carnosos.

Salimos del bar caminando por las calles iluminadas de Polanco, el aire fresco de la noche mexicana contrastando con el fuego dentro de mí. Su brazo rozaba el mío, y cada roce era una promesa. Llegamos a su depa en una torre chida, con vista al skyline de la CDMX. Adentro, luces tenues, olor a sándalo de las velas que prendió.

¿De verdad quieres esto, Ana? Un intento más, como dice George Michael —preguntó, su aliento caliente en mi cuello mientras me quitaba el vestido despacio. Sus dedos trazaban mi espalda, enviando escalofríos deliciosos.

Sí, wey. Pero esta vez, sin promesas rotas —respondí, girándome para besarlo. Nuestros labios se encontraron, suaves al principio, probando el sabor salado del tequila en su lengua. El beso se volvió hambriento, lenguas danzando, manos explorando.

¡Dios, cómo lo extrañé! Su boca sabe a aventura, a sexo sucio y tierno a la vez.

Me cargó a la cama king size, las sábanas de algodón egipcio frías contra mi piel desnuda. Él se quitó la camisa, revelando abdominales marcados, vello oscuro bajando hasta su boxer abultado. Lo jalé hacia mí, oliendo su sudor fresco, ese olor macho que me moja al instante.

Empecé besando su cuello, lamiendo salado, bajando a su pecho. Mordí un pezón suave, oyendo su gemido ronco: —Pinche Ana, me vas a volver loco. Mis manos bajaron a su verga dura, palpitante bajo la tela. La saqué, grande y venosa, goteando pre-semen que lamí con gusto salado y almizclado.

Él no se quedó atrás. Sus dedos juguetearon con mi chocha ya empapada, resbalosos de mis jugos. —Estás chorreando, mamacita, susurró, metiendo dos dedos adentro, curvándolos para tocar ese punto que me hace arquear la espalda. El sonido húmedo de mi excitación llenaba la habitación, mixto con nuestros jadeos y la ciudad zumbando afuera.

La tensión subía como la marea en Acapulco. Me puso de rodillas, su verga en mi boca, embistiéndola suave al inicio, luego más profundo. Yo la chupaba con ganas, lengua girando en la cabeza sensible, saboreando su esencia. Él gemía, manos en mi pelo: —Así, neta, qué rico.

Ya no aguantábamos. Me tiró en la cama boca arriba, separando mis piernas. Su mirada era pura lujuria, oliendo a deseo puro. Entró en mí de un empujón lento, llenándome por completo. ¡Ay, cabrón! grité, sintiendo cada centímetro estirándome delicioso. El roce de su piel contra la mía, sudor mezclándose, era puro fuego.

Su verga me parte en dos, pero qué chingón se siente. Cada embestida toca mi alma.

Empezó a cogerme ritmado, profundo, el colchón crujiendo bajo nosotros. Yo clavaba uñas en su espalda, oliendo su sudor salado, probando en mis labios cuando lo besaba. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como reina, mis tetas rebotando, él amasándolas, pellizcando pezones duros.

Más fuerte, Carlos, dame todo —supliqué, mi voz ronca. Él aceleró, sus caderas chocando contra mi clítoris hinchado. El placer crecía en espiral, mis paredes apretándolo, jugos chorreando por sus bolas. Sonidos obscenos: carne contra carne, plaf plaf, gemidos en español mexicano crudo.

El clímax llegó como tormenta. Sentí la ola romper, mi cuerpo temblando, chocha convulsionando alrededor de su verga. ¡Me vengo, pendejo! grité, luces explotando en mi visión, placer cegador. Él rugió, llenándome con chorros calientes, su semen mezclándose con mis jugos, goteando tibio.

Colapsamos jadeando, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón latiendo contra el mío como tambores sincronizados.

Después, en la afterglow, fumamos un cigarro en la terraza, desnudos bajo las estrellas de la ciudad que nunca duerme. El humo se mezclaba con el olor a sexo persistente en nuestra piel. Él me abrazó por atrás, besando mi hombro.

¿Y ahora qué, Ana? ¿Fue solo un intento más? —preguntó, voz suave como la canción que aún retumbaba en mi cabeza.

Me giré, mirándolo a los ojos.

Neta, quizás sí funcione esta vez. George Michael tenía razón.

Uno más no está mal, wey. Pero hagámoslo bien —sonreí, besándolo lento, saboreando la promesa de noches futuras. La brisa nocturna secaba nuestro sudor, pero el calor entre nosotros ardía eterno. Esa noche, en su depa con vista al mundo, renacimos en pasión mexicana, cruda y verdadera.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.