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Videos Caseros de Trios XXX que Encienden el Fuego

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Videos Caseros de Trios XXX que Encienden el Fuego

Todo empezó una noche calurosa en nuestro depa en Polanco, con el aire cargado de ese olor a jazmín que sube del jardín de abajo. Yo, Ana, estaba recostada en el sillón de piel suave, sintiendo cómo el sudor me perlaba la nuca mientras Marco, mi carnal, mi amor de años, navegaba en su laptop. Videos caseros de trios xxx, leyó en voz alta, con esa voz ronca que siempre me eriza la piel. Sus ojos se iluminaron como si hubiera encontrado un tesoro escondido.

—Órale, nena, mira esto —me dijo, girando la pantalla hacia mí. El video mostraba a una pareja como nosotros, en una cama deshecha, con un tercero uniéndose al juego. Los gemidos bajos, el roce de pieles húmedas, el flash de una cámara casera capturando cada jadeo. Mi corazón dio un brinco, y entre mis piernas sentí ese calor traicionero que sube lento, como el tequila quemando la garganta.

Marco me miró, su mano grande posándose en mi muslo desnudo bajo la falda corta. —¿Y si lo hacemos nosotros? —susurró, su aliento oliendo a cerveza fría y deseo. Neta, la idea me asustó un poco, pero también me mojó de inmediato. Habíamos hablado de fantasías, de videos caseros de trios xxx que viéramos juntos para calentarnos, pero ¿hacerlo real? Mi mente daba vueltas:

¿Y si sale chido? ¿Y si me encanta sentir dos cuerpos contra el mío?

Al día siguiente, en la oficina, no podía concentrarme. El zumbido del aire acondicionado me recordaba el pulso acelerado de la noche anterior. Llamé a Marco en la hora de la comida. —Wey, invítale a Luis —le dije, refiriéndome a su compa de la uni, ese moreno alto con sonrisa pícara que siempre me guiñaba el ojo. Luis era soltero, discreto, y siempre había esa chispa cuando nos veíamos en fiestas. Marco rio al teléfono. —Simón, carnala. Esta noche en la casa de la playa.

Llegamos al atardecer a nuestra casita en Acapulco, el mar rugiendo a lo lejos con su salitre en el aire. El sol teñía todo de naranja, y el viento jugaba con mi vestido ligero de algodón, pegándolo a mis curvas. Marco preparó margaritas heladas, el hielo crujiendo en los vasos, mientras Luis llegaba con una botella de mezcal y esa mirada que decía ya quiero acción. Nos sentamos en la terraza de madera cálida, las olas rompiendo como un latido constante.

La plática fluyó fácil, como siempre: chistes de pendejos, anécdotas de la chamba, pero el aire se cargaba de electricidad. Sentía las miradas de ellos sobre mí, Marco acariciando mi espalda baja, Luis rozando mi rodilla "sin querer". Mi piel ardía, el corazón me martilleaba en el pecho.

Esto es real, Ana. Dos vatos guapos queriendo comerte viva.
Tomé un trago largo de margarita, el limón ácido despertando mi lengua, y solté: —Muchachos, ¿han visto esos videos caseros de trios xxx? Neta, me prenden cañón.

Marco sonrió lobuno y sacó el celular. —Ponte a ver, Luis. —El video empezó, gemidos suaves llenando la terraza, cuerpos entrelazados en amateur total. Yo me acomodé entre ellos en el sofá de mimbre, mi mano en el muslo de Marco, la de Luis subiendo por mi brazo. El calor de sus cuerpos me envolvía, olores a colonia masculina mezclados con el mar. Sentí la erección de Marco presionando mi cadera, dura como piedra bajo los jeans.

—¿Quieres que grabemos el nuestro? —preguntó Luis, su voz grave vibrando en mi oído. Asentí, la boca seca de anticipación. Marco trajo la cámara del cuarto, la luz roja parpadeando como un ojo hambriento. Me paré, temblando un poco de nervios y excitación, y me quité el vestido despacio, dejando que cayera al piso con un susurro suave. Mis tetas al aire, pezones duros por el viento fresco, la tanga ya empapada pegada a mi panocha palpitante.

Ellos se desvistieron rápido, vergas erectas saltando libres, venosas y gruesas, oliendo a hombre puro. Marco me besó primero, su lengua invadiendo mi boca con sabor a sal y tequila, manos amasando mis nalgas. Luis se acercó por detrás, su pecho peludo contra mi espalda, besando mi cuello mientras sus dedos bajaban a mi clítoris, frotando suave. Qué rico, gemí, el placer subiendo como olas, mi piel erizada de goosebumps.

Nos movimos al cuarto, la cama king size con sábanas frescas de lino crujiendo bajo nosotros. La cámara en el trípode capturaba todo: Marco chupándome las tetas, succionando fuerte hasta que dolía rico, Luis lamiendo mi panocha desde atrás, su lengua plana y caliente abriendo mis labios hinchados. Saboreaba mi jugo, gruñendo estás bien rica, Ana. Yo arqueaba la espalda, uñas clavándose en los hombros de Marco, el olor a sexo llenando la habitación, sudor y excitación pura.

El deseo crecía, mi mente nublada:

Quiero sus vergas dentro, llenándome toda. Soy su puta esta noche, y me encanta.
Marco se recostó, yo montándolo despacio, su verga gruesa estirándome delicioso, centímetro a centímetro, hasta que mis caderas chocaron contra su pubis. El slap de piel era música, mi clítoris rozando su base con cada vaivén. Luis se arrodilló detrás, escupiendo en mi ano para lubricar, un dedo entrando suave, luego dos, preparándome. —Relájate, reina —me dijo, y empujó su verga, lenta, quemante al principio, pero luego puro éxtasis doble.

Estaba llena, atrapada entre dos cuerpos sudorosos, sus gruñidos mezclándose con mis gritos ahogados. Marco embestía desde abajo, fuerte, sus bolas golpeando mi culo; Luis desde atrás, profundo, manos en mis caderas tirando de mí. El ritmo se aceleraba, piel resbalosa, el aire denso con olor a semen inminente y mi almizcle femenino. Sentía cada vena de sus vergas pulsando dentro, mi panocha contrayéndose, el orgasmo construyéndose como tormenta.

—¡Más duro, cabrones! —les pedí, perdida en el morbo. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, mamando la verga de Marco, salada de mis jugos, garganta profunda hasta las arcadas ricas, mientras Luis me taladraba la panocha en doggy, su vientre peludo azotando mis nalgas rojas. La cámara lo grababa todo, nuestro video casero de trio xxx en vivo, crudo, perfecto.

El clímax llegó como avalancha. Primero yo, explotando en espasmos, chorros calientes mojando las sábanas, gritando ¡me vengo, pinches!. Marco se corrió en mi boca, leche espesa y caliente tragada ansiosa, sabor amargo dulce. Luis último, llenándome el culo con chorros potentes, gimiendo mi nombre mientras se vaciaba. Colapsamos, un enredo de piernas y brazos, respiraciones jadeantes, piel pegajosa enfriándose en la brisa marina.

Después, envueltos en las sábanas, Marco reprodujo el video en la tele grande. Ahí estábamos: yo en el centro, radiante de placer, sus cuerpos adorándome. Reímos bajito, besándonos perezosos.

Esto no fue solo sexo, fue conexión pura, un fuego que nos unió más.
Luis se quedó a dormir, prometiendo discreción, y mientras el mar susurraba afuera, supe que nuestros videos caseros de trios xxx serían el inicio de muchas noches locas. El deseo lingüe, listo para más.

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