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Que Es Triada Ecologica En Nuestra Piel

6891 palabras

Que Es Triada Ecologica En Nuestra Piel

El sol filtraba sus rayos a través del dosel de la selva chiapaneca, pintando todo de un verde intenso y húmedo. Yo, Ana, caminaba entre Marco y Luis, mis dos carnales más cercanos, en esta reserva ecológica que nos había prometido aventura y desconexión. El aire olía a tierra mojada, a hojas fermentadas y a ese perfume salvaje que te eriza la piel. Mis tenis chapoteaban en el sendero fangoso, y cada paso hacía que mi short se pegara a mis muslos sudorosos. ¿Por qué carajos acepté esta excursión? pensé, pero la neta, era porque la química entre los tres había estado chispeando desde el viaje en la combi.

Marco, mi novio de años, alto y moreno con esa sonrisa pícara que me deshace, iba adelante abriendo paso con su machete chiquito. Luis, su carnal de toda la vida, rubio quemado por el sol, con cuerpo de gym y ojos que te desnudan sin permiso, cerraba la fila. Habíamos planeado un fin de semana eco-friendly, pero el calor y el aislamiento empezaban a revolver todo. Sentía sus miradas en mi culo cuando me agachaba por una raíz, y el roce accidental de sus brazos contra los míos mandaba chispas directas a mi entrepierna.

Estos weyes me traen loca. ¿Y si pasa algo? Neta, los dos me prenden...

Llegamos a una poza cristalina rodeada de helechos gigantes y el rugido suave de una cascada. El agua invitaba, fresca y tentadora. "¡Órale, qué chido!", gritó Marco quitándose la playera, revelando su pecho tatuado y abdomen marcado. Luis lo siguió, y yo no pude evitar lamer mis labios resecos. Me quité la blusa, quedando en bra de encaje negro y short, sintiendo el vapor subir por mi piel como una caricia invisible.

Nos metimos al agua, riendo y salpicándonos. El frío me erizó los pezones, visibles bajo la tela mojada. Marco se acercó por detrás, sus manos grandes en mi cintura, susurrándome al oído: "Nena, estás cañona aquí en la naturaleza". Su aliento caliente contrastaba con el agua, y su verga semi-dura se apretaba contra mi nalga. Luis nadó cerca, sus ojos fijos en mis tetas flotando. "¿Qué onda, Ana? Explícanos eso de la selva que tanto sabes", dijo con voz ronca, salpicándome el cuello.

Yo era bióloga, y este lugar era mi pasión. Me subí a una roca lisa, el agua chorreando por mi cuerpo, y empecé: "Miren, weyes, qué es triada ecológica? Es el balance perfecto: el agente, el huésped y el ambiente. Como aquí: la selva es el ambiente que nos envuelve, húmedo y vivo; nosotros somos los huéspedes, conectados; y el agente... podría ser el deseo que nos une". Mi voz salió más sensual de lo planeado, y vi cómo sus miradas se oscurecían.

Marco salió del agua, goteando, y se paró frente a mí. "Suena a nosotros tres, ¿no?". Sus dedos trazaron mi clavícula, bajando lento al borde del bra. Luis se unió, su mano en mi muslo bajo el agua. El corazón me latía como tambor en la selva, pájaros chillando alrededor, el olor a musgo y sudor masculino invadiendo mis sentidos. No puedo parar esto. Los quiero a los dos, neta.

El beso de Marco fue primero, hambriento, su lengua saboreando a mango del desayuno mezclado con agua fresca. Sus labios ásperos por la barba incipiente raspaban delicioso. Luis no esperó: mordisqueó mi cuello, chupando suave, dejando un rastro húmedo que el viento secaba al instante. Gemí bajito, el sonido ahogado por el agua cayendo. "Sí, cabrones, así", murmuré, jalándolos más cerca.

Nos arrastramos a la orilla, sobre una cama de musgo suave y tibio. Marco me desató el bra, liberando mis tetas pesadas, pezones duros como piedras. Los succionó uno, luego el otro, tirando con dientes mientras yo arqueaba la espalda. El placer era eléctrico, bajando directo a mi clítoris hinchado. Luis bajó mi short, exponiendo mi panocha depilada, ya mojada no solo por el agua. "Qué rica estás, Ana", gruñó, separando mis labios con dedos gruesos, frotando lento el botón que me hacía jadear.

Esto es la triada perfecta: sus bocas en mí, el ambiente nos calienta, el deseo nos infecta como un virus bueno.

Les jalé los trajes de baño. La verga de Marco saltó libre, gruesa y venosa, goteando precum que lamí ansiosa, salado y almizclado en mi lengua. Luis tenía la suya más larga, curva perfecta para golpear profundo. Me puse de rodillas en el musgo, alternando chupadas: succionando a Marco hasta la garganta mientras pajeaba a Luis, sus gemidos roncos mezclándose con el zumbido de insectos. El olor a sexo crudo subía, terroso y animal, mi boca llena, saliva chorreando por mi barbilla.

Marco me levantó, penetrándome de pie contra un árbol rugoso que raspaba mi espalda delicioso. Entró de un empujón, llenándome hasta el fondo, su pelvis chocando contra mi clítoris. "¡Ay, wey, qué grande!", grité, uñas clavadas en sus hombros. Luis se pegó atrás, lubricando su verga con mi propia humedad, y rozó mi ano con la punta. "¿Quieres, nena? Todo consensual, ¿va?". Asentí frenética, el deseo nublando todo. Empujó despacio, el estiramiento ardiente pero placentero, hasta que estuve llena por ambos lados.

El ritmo empezó lento, sus vergas frotándose separadas solo por la delgada pared interna, ondas de placer multiplicándose. Sudor nos unía, piel resbalosa, el slap-slap de carne contra carne ahogando los gritos de monos lejanos. Olía a tierra removida, a semen próximo, a mi propia esencia dulce y salada. Marco me besaba feroz, mordiendo labios; Luis lamía mi oreja, susurrando "Eres nuestra triada, Ana". Mi orgasmo creció como tormenta, vientre contrayéndose, paredes apretando sus vergas hasta ordeñarlas.

"¡Me vengo, cabrones!", aullé, el mundo explotando en blanco, jugos chorreando por mis piernas temblorosas. Ellos no pararon, follándome a través de las réplicas, hasta que Marco gruñó profundo, llenándome el coño de leche caliente que sentí salpicar adentro. Luis siguió segundos después, su corrida lubricando mi culo, goteando fuera en chorros pegajosos. Colapsamos en el musgo, entrelazados, pechos agitados, el sol calentando nuestras pieles exhaustas.

El afterglow fue puro éxtasis. Marco me acariciaba el pelo, besos suaves en la frente. Luis trazaba círculos en mi vientre, riendo bajito. "Neta, esa explicación de qué es triada ecológica fue lo más caliente que he oído", bromeó. Yo sonreí, el cuerpo pesado y satisfecho, el ambiente de la selva acunándonos como un amante más. Esto no fue solo sexo; fue equilibrio perfecto, como la naturaleza manda.

Mientras el sol bajaba, nos vestimos lento, robándonos besos y promesas de más. La triada ecológica no era solo teoría: era nosotros, conectados en piel, deseo y este pedazo de paraíso verde. Caminamos de regreso, manos entrelazadas, el futuro vibrando con posibilidades calientes y salvajes.

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